Ángeles Castillo

Chinchón tiene tirón. Quién puede negarlo. Es lógico que enamorara a Orson Welles porque, al fin y al cabo, su plaza Mayor es una fiesta, con plaza de toros desmontable y todo. Y ya sabemos lo amigo que era el cineasta americano de las corridas y los burladeros. Y al siempre extravagante Wes Anderson le debió de fascinar su teatralidad, casi un decorado, cuando decidió rodar aquí su Asteroid City. Aunque luego no hubiera ni rastro chinchonense en la película, porque el pueblo madrileño había sido convertido en el desierto de Mojave. Pero ahí estaba su resplandor.

Lo cierto es que Chinchón es mucho Chinchón y siempre ha despertado mucha curiosidad. Desde el mismo momento en que da nombre a una bebida alcohólica anisada, el chinchón, con minúscula, que se produce y embotella aquí, con Indicación Geográfica Protegida (IGP) en toda regla. Ya lo decía el temprano eslogan setentero: «Chinchón, anís, plaza y mesón», cuando se conocía más el anís que el pueblo. Y habría que citar también los ajos, antológicos.

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Lo lanzaron precisamente desde el Mesón Cuevas del Vino, que es un histórico, oficiando desde 1964, donde dieron de comer al propio Welles mientras rodaba Una historia inmortal en 1966. Cuentan desde esta casa que, dada su corpulencia, necesitaba un sillón especial, que el propietario, Narciso García Ortego, le sacaba de su misma casa. El menú siempre el mismo: judías chinchoneras y lomo alto a la parrilla, de doble peso y apenas hecho. De postre, su gran puro, que su secretario personal le alcanzaba para poner así el «the end» al ritual.

De Adrien Brody a Mark Knopfler

Andando el tiempo, el actor Adrien Brody cayó rendido ante su menú degustación, que incluye el afamado cochinillo y las croquetas de ibérico, mientras que el músico Mark Knopfler sucumbió al jamón ibérico y al solomillo al punto. Y lo entendemos. También el poderoso influjo que este rincón tan cerca de la capital, apenas a 50 kilómetros tirando al sur, en la cuenca del Tajo-Jarama, ejerce sobre propios y extraños, de aquí o de allende los mares.


Una vista de Chinchón con la plaza y la iglesia de la Asunción como protagonistas.


COMUNIDAD DE MADRID


Es la plaza lo que más sorprende, con soportales, tejados en escalera y más de doscientos balcones de madera pintados de verde en edificios de tres plantas. Por cierto, en otros tiempos lo estaban de azul. En cualquier caso, una muestra clara de la arquitectura popular castellana y, sin duda, una de las plazas más bellas del mundo, junto a la de Almagro, donde el mítico corral de comedias.

Plaza, estrellas y mercado medieval

También esta ejerció de corral de comediantes y sirvió para festejos reales, ferias de ganado, autos sacramentales, juegos de cañas, celebraciones taurinas y, como decíamos, plató de cine. Por aquí pasearon palmito desde Rita Hayworth a John Wayne, pasando por Claudia Cardinale. A partir del siglo XV ha dado mucho de sí, sintiéndose su embrujo nada más plantar los pies.

A esto hay que sumar sus emblemáticos restaurantes (La Casa del Pregonero o La Balconada, entre otros) y sus terrazas, abogando todos por la cocina tradicional, así como las sucesivas fiestas locales, que en esto Chinchón también juega en primera división. Son proverbiales su Pasión Viviente en Semana Santa y su Mercado Medieval, que está al caer, del 13 al 15 de febrero, con torneos, desfiles y artesanía, conmemorando además la visita de los Reyes Católicos a la villa. No menos típicas son las tetas de novicia y las pelotas de fraile, según receta proveniente del convento de las Clarisas, un edificio del siglo XVI de gran austeridad.


El castillo de los Condes y la ermita del Rosario sobre los tejados de Chinchón.


PIXABAY/SEEMOON


Al pintoresco decorado se suma lo que canta otro famoso dicho, que también contribuye a su leyenda. Que «Chinchón tiene una torre sin iglesia y una iglesia sin torre». Refiriéndose, en primer término, a la torre del Reloj, lo que queda de la iglesia de Nuestra Señora de Gracia, la más antigua, destruida durante la guerra de la Independencia (1808), cuando la villa sufrió un asedio de tres días. Y, en segundo, a la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, que no luce torre, pero sí un cuadro de Goya, que se llama igual, La Asunción de la Virgen, pintado a petición de su hermano Camilo, que era el capellán de los condes del lugar. Sin duda, otro poderoso reclamo.

De Lope de Vega a José Sacristán

Además, junto a la torre que marca las horas está el teatro Lope de Vega, levantado sobre las ruinas del palacio de los Condes, que lleva el nombre del Fénix de los Ingenios porque entre sus muros compuso la comedia de corte histórico El blasón de los Chaves de Villalba. Sube un singular telón, que es un lienzo con vistas de la ciudad, obra de Luis Muriel (1855-1919), famoso por sus decorados teatrales. Y es la sede del Certamen Nacional de Teatro Aficionado José Sacristán, rindiendo honores al carismático actor, que es nacido en Chinchón.


El monasterio de Nuestra Señora del Paraíso, actual Parador de Turismo.


PARADORES


Muy cerca de la animada plaza, se halla el monasterio Nuestra Señora del Paraíso, que hoy es el Parador de Turismo, y ofrece la paz y la tranquilidad de siempre, aunque en clave hostelera. Si no te quedas a dormir (desde 114 euros), siempre podrás tomarte el té, aunque no sean las cinco. Te llevarás el regusto de haber estado en un recinto fundado en el siglo XVII, que hospedó al archiduque Carlos de Austria; que fue centro de formación humanista, donde se enseñaba teología, gramática y latín, y juzgado y cárcel tras la desamortización de Mendizábal. Junto a él, la ermita de Nuestra Señora del Rosario.

Un castillo y una casa muy real

Y a Chinchón, claro, no podía faltarle un castillo, que lo tiene por los pelos, porque tuvo que ser reconstruido en numerosas ocasiones. Es el castillo de los Condes de Chinchón, renacentista tal y como lo vemos hoy, y le pone nobleza a esta villa tan popular. Como curiosidad, llegó a ser fábrica de licores, que aquí son palabras mayores, eso ya entrado el siglo XX.

También hace más rimbombante esta villa la casa de la Cadena, barroca y presumiendo de haber alojado a Felipe V en 1706. Detalles estos y aquellos que pueden conocerse en el Centro de Interpretación, donde también se puede seguir la flecha para llegar a espacios naturales como las lagunas de Casasola y San Galindo o el Pingarrón.

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