¿Tu entrenamiento diario de abdominales te deja con sensación de hormigueo? ¿Lo has intentado todo y ni puedes acabar con esa molestia? Tranquila, que hay solución. Esa sensación de hormigueo en el antebrazo durante las flexionesse conoce como parestesia y es algo que la mayoría experimenta alguna vez. Aquí tienes las causas y las soluciones.
La parestesia suele ser inofensiva, pero muy molesta. Sin embargo, si ocurre con frecuencia, el hormigueo puede ser el indicio de un problema neurológico. Podría ser el primer síntoma de afecciones más graves, como señales de mala circulación, síndrome del túnel carpiano, infarto de miocardio o accidente cerebrovascular.
La parestesia es una sensación incómoda en la piel o justo debajo de ella que se asemeja a un hormigueo, ardor o cosquilleo. Suele afectar una extremidad, aunque también puede referirse a otras partes del cuerpo. Si alguna vez te has quedado dormido sobre el brazo, ya has sentido esa misma sensación de ardor o hormigueo que se atribuye a la parestesia.
Puede ocurrir cuando hay una presión sostenida sobre un nervio o un flujo sanguíneo limitado y aunque las flexiones normalmente no deberían causar síntomas de parestesia, una lesión por sobreuso que cause hinchazón o inflamación en los antebrazos podría presionar anormalmente los nervios del antebrazo, causando esa sensación de hormigueo que se siente al hacer flexiones. La Clínica Mayo atribuye este tipo de hormigueo a un nervio pinzado, que puede ser causado por movimientos repetitivos, como las flexiones.
Cómo evitar el hormigueo
Si la parestesia se te presenta solo al hacer flexiones, es probable que tu rutina de ejercicios esté sobrecargando los antebrazos. Un pequeño desgarro muscular durante el ejercicio es normal, pero el sobreuso crónico de un músculo durante el ejercicio puede causar una inflamación e hinchazón que solo empeorará con el uso continuo.
Puedes tratar un músculo sobreutilizado del antebrazo con días de descanso, hielo, mangas de compresión, elevación y analgésicos. Intenta limitar el número de flexiones de antebrazo que realiza hasta que puedas evaluar de qué forma la frecuencia y la dificultad de tu rutina de flexiones afectan a los músculos de los antebrazos. Con el tiempo, también puedes probar variaciones de flexiones para los antebrazos. En el último apartado tienes tres sugerencias.
Hormigueo constante
Si el hormigueo en el antebrazo no desaparece después de tu rutina de flexiones, podría ser una señal de alerta de algo más grave. Según la Clínica Cleveland, las causas de la parestesia persistente incluyen afecciones graves como accidentes cerebrovasculares y accidentes isquémicos transitorios (pequeños episodios cerebrovasculares), esclerosis múltiple, mielitis transversa y encefalitis, entre muchas otras. Estos problemas de salud pueden causar alteraciones en los nervios que se manifiestan como hormigueo.
Diagnóstico del hormigueo
Es importante diagnosticar si el hormigueo en los antebrazos se debe a un desgaste muscular causado por las flexiones o a una afección neurológica, circulatoria, metabólica o autoinmune más grave. Consulta a tu médico sobre la parestesia prolongada o recurrente, y asegúrate de informarle sobre tu rutina de ejercicios para descartar que las flexiones sean la causa si existe una afección subyacente. Si experimentas otras sensaciones como entumecimiento, dolor de cabeza intenso, dolor en el pecho, dificultad para hablar, pérdida de visión o pérdida de audición, habla con tu médico de inmediato.
Mujer a punto de iniciar su entrenamiento fitness.
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Variantes más sencillas de las flexiones
Si ves que el hormigueo persiste, busca variantes para aliviar parte del peso, permitiéndote perfeccionar la técnica antes de añadir peso corporal. La flexión inclinada es perfecta. Coloca las manos sobre un banco o superficie elevada, ligeramente más separadas que la anchura de los hombros, y mantén una posición de plancha firme, con la columna vertebral formando una línea recta desde la cabeza hasta los talones. Realiza el movimiento de flexión con un movimiento controlado.
También tienes la flexión de rodillas. Comienza en posición de plancha, con las palmas de las manos debajo de los hombros, y baja las rodillas suavemente hasta el suelo. Contrae el torso y mantén la columna recta desde las rodillas hasta la cabeza y baja hasta que los codos formen un ángulo de 45 grados con el torso. Haz una flexión hacia arriba para volver a la posición inicial.
Una tercera opción son las flexiones contra la pared. Colócate frente a una pared resistente y apoya las manos a la altura de los hombros y a la anchura de los mismos. Separa los pies ligeramente de la pared, aproximadamente a la distancia de un brazo, de modo que te inclines hacia adelante. Dobla los codos y realiza una flexión contra la pared.












