
sábado 03 de enero de 2026
Refugio mortal (Trap House, 2025) es un culebrón inverosímil; una suerte de relato de acción que utiliza los robos como simple marco para explorar el vínculo entre un padre y su hijo, que es lo que realmente le interesa narrar.
Existe un concepto llamado «coincidencia abusiva»: ese giro de guion que hace posible lo imposible en el melodrama. Es el recurso que logra que la paralítica camine, que el ciego recupere la visión por arte de magia o que, como ocurre aquí, un padre policía se tope con su propio hijo ladrón en medio de una redada.
El guion de Gary Scott Thompson busca retratar la reparación de la relación entre un agente (Dave Bautista) y su hijo adolescente (Jack Champion), quebrada tras el fallecimiento de la madre. Sin embargo, la vía que elige para contar esta reconciliación es lo más rebuscada posible: Un grupo de agentes de la DEA tiene hijos adolescentes que asisten al mismo colegio y son amigos íntimos. Cuando el padre de uno de ellos muere en un tiroteo, el resto decide ayudarlo económicamente. ¿Su método? Robar a escondidas el equipamiento táctico de sus padres —visores nocturnos y escopetas de balas de goma incluidas— para asaltar los botines de los narcos.
La película dirigida por Michael Dowse dedica más tiempo y entusiasmo a las peripecias de los jóvenes y al incipiente noviazgo del protagonista que a la investigación policial. Resulta asombroso que estos hombres rudos no detecten en ningún momento ni el faltante de armas ni el comportamiento errático de sus hijos. El cuadro se completa con padres ausentes cargados de culpa e hijos que, entre «travesura» y «travesura», saquean a un cártel mexicano.
Lo curioso de la película es que logra entretener a pesar de sus giros insólitos. Ese es, después de todo, el mayor atractivo del melodrama: convertir lo inverosímil en un abanico de posibilidades argumentales. Refugio mortal abraza este recurso con la excusa de sanar un vínculo dañado, como si todo valiera al momento de desarrollar el tema central, sin importar cuántos límites del realismo se deban cruzar.







