Elena Romero Vargas

España está llena de pueblos con una marcada herencia medieval que parecen sacados de una película de época. Aunque todos presumen de tener un encanto especial, existen enclaves donde la historia se entremezcla con un paisaje natural de cuento que les convierte en el destino de ensueño para muchos turistas. Esto es lo que ocurre en Aínsa, la villa medieval de la provincia de Huesca que merece la pena visitar en esta época del año.

Pasear por el casco antiguo de Aínsa es lo más parecido a hacer un viaje en el tiempo. Sus calles empedradas y sus edificios históricos fueron declarados Conjunto Histórico-Artístico en 1965 y Bien de Interés Cultural en 2002 gracias a lo bien conservado que está y a la belleza arquitectónica que no hace más que ponerse en valor gracias a que se encuentra en un lugar privilegiado del Pirineo aragonés.

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Este pueblo ubicado en el corazón del Sobrarbe está vinculado con una de las leyendas más populares de la región. Según cuenta la tradición, en el año 724, cuando se libraban batallas entre cristianos y musulmanes, una cruz luminosa apareció sobre una encina que se encontraba a las afueras de esta localidad. La fuerza recibida a través de este símbolo, conocido desde entonces como la cruz de Sobrarbe, fue crucial para que naciese el reino de Aragón y para forjar la identidad de Aínsa, que desde ese momento se situó como uno de los enclaves más importantes de la provincia.

Su principal valor durante la Edad Media estaba en su ubicación: fue un lugar de gran importancia estretégica y comercial al estar situado entre los ríos Circa y Ara y a las puertas del Parque Nacional de Ordesa y Monteperdido. Protegida por sus murallas y con un castillo coronando la localidad, en esta época se construyó ese precioso casco antiguo que, más allá de dejar obras arquitectónicas de renombre, también incitó a que fuese una localidad muy viva, cualidad que sigue conservando en la actualidad.


Aínsa, Huesca


@villadeainsa


Todo lo que no te puedes perder en Aínsa

La mejor forma de conocer Aínsa es pasear por estas calles que han sabido conservarse tan bien con el paso de los años, pero también acercándote a algunos de sus lugares más emblemáticos que te ayudarán a conocer más de cerca su esencia y su historia. Uno de los imprescindibles de Aínsa es su castillo fortaleza. La parte más antigua es la torre del Homenaje, que se construyó en el siglo XI sobre restos de una antigua construcción árabe. El castillo fortaleza actual data del siglo XVII, cuando se realizó una ampliación del mismo, y en su interior se encuentra el Patio de Armas que acoge cada verano el Festival Internacional de Música del Castillo de Aínsa.

Este festival no es la única actividad cultural que acoge el castillo de Aínsa. En su interior se encuentra también el Ecomuseo de la Fauna Pirenáica, parada obligatoria para todo amante de la naturaleza que quiera conocer más a fondo las maravillas del reino animal que puebla la región. En especial, este museo está dedicado a la conservación del quebrantahuesos, un tipo de ave muy habitual en la zona que está en riesgo de extinción.

En este pueblo se ubica también una de las mejores manifestaciones del arte románico en Aragón. Se trata de la iglesia de Santa María, construida entre los siglos XI y XII, que es una de las más especiales de la provincia. No solo el románico está presente en esta obra arquitectónica religiosa, y es que cuenta con un claustro con dos lados de estilo gótico que consigue un resultado precioso y muy singular.


Museo de Oficios y Artes Tradicionales de Aínsa, Huesca


@villadeainsa


Durante la Edad Media el centro neurálgico del pueblo fue su Plaza Mayor, que aún hoy conserva ese estatus de lugar de reunión para que vecinos y visitantes puedan adentrarse de lleno en el estilo de vida de Aínsa. Fue levantada entre los siglos XII y XIII, tiene forma de trapecio y en ella se conservan restos de la antigua muralla y algunos edificios originales de la época en la que se construyó.

Aínsa cuenta con casas tradicionales que se han reinventado a lo largo de los años, eso sí, sin perder un ápice de su esencia original. El mejor ejemplo de ello es la Casa Latorre, ubicada en la plaza del Salvador y original del siglo XVI que hoy es la sede del Museo de Oficios y Artes Tradicionales de Aínsa. Aquí se exhiben objetos propios de las labores desempeñadas tradicionalmente en los Pirineos, ofreciendo al visitante una forma dinámica y original de aproximarse a la historia de la región.

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