
La serie La agencia (2025) parte de una estructura ya probada: la adaptación de la ficción francesa Ten Percent (Dix pour cent, 2015), creada por Fanny Herrero, que convirtió el detrás de escena del mundo actoral en materia narrativa y fue versionada en países como Italia, Alemania y la India. La versión española retoma ese esquema y lo sitúa en Rebecca Talent, una agencia de representación donde el trabajo cotidiano convive con negociaciones, vínculos personales y crisis privadas.
El relato sigue a cuatro agentes —interpretados por Javier Gutiérrez, Manuela Velasco, Carlos Bardem y Fiorella Faltoyano— que gestionan carreras ajenas mientras intentan ordenar las propias. La serie elige un tono de comedia dramática sostenido en diálogos ágiles y situaciones reconocibles para el público general.
Uno de los ejes de La agencia es la aparición de figuras del cine y la televisión que se interpretan a sí mismas en tramas autoconclusivas. Por la serie pasan nombres como Belén Rueda, Jaime Lorente, Toni Acosta, Clara Lago, José Coronado, Luis Zahera e Hiba Abouk, entre otros.
Este recurso, heredado directamente del formato original, funciona como comentario sobre la industria: la imagen pública, la negociación de egos, la exposición mediática y la fragilidad del éxito. La narrativa no busca desmontar el sistema, sino observarlo desde adentro, con guiños que dependen en gran parte del reconocimiento previo del espectador.
La adaptación, a cargo de Daniel Écija, opta por una traslación casi literal del modelo francés. La puesta en escena, los conflictos y la arquitectura de los episodios responden a un patrón ya conocido. Esa fidelidad garantiza claridad narrativa, pero también limita la posibilidad de una relectura más localizada del mercado audiovisual español.
La dirección compartida entre Antonio Hernández, Luis Arribas, David Molina Encinas y María Pulido mantiene un ritmo funcional, enfocado en el intercambio verbal y en la circulación constante por oficinas, sets y eventos.
La agencia construye su atractivo en la observación del trabajo de representación artística como espacio de negociación permanente: contratos, caprichos, urgencias y vínculos que se mezclan sin demasiadas fronteras. La serie propone una mirada accesible sobre un mundo habitualmente opaco, aunque evita profundizar en sus zonas más conflictivas.
El resultado es una ficción eficaz, sin sorpresas, apoyada en un elenco reconocible y en una fórmula que ya demostró su rendimiento. Más que una reinvención, La agencia funciona como espejo local de un formato internacional, adaptado para un público que reconoce tanto a los personajes como al sistema que los rodea.








