viernes 09 de mayo de 2025

¿Qué se pierde cuando una voz desaparece? El documental Yo nunca quise ser famosa (2024), dirigido por Nicolás Álvarez, Joaquín Ostrovsky y Verónica De Cata, parte de esa premisa para recuperar la figura de Lila Kay, una cantante polaca que llegó a Buenos Aires escapando del nazismo y que, sin formación académica, se convirtió en una de las voces de jazz más reconocidas de la radio en las décadas del 40 y 50.

Lila fue convocada a los 16 años como lady crooner en Radio Nacional, y formó parte de orquestas como Savoy y Cotton Pickers. Su presencia se expandió por América Latina, pero quedó fuera de los registros históricos. Su historia no se enseñó, no se escribió, no se grabó. Hasta ahora.

Los directores, que iniciaron el proyecto con la intención de registrar su biografía, terminaron creando un ensayo íntimo y personal sobre el paso del tiempo, los vínculos familiares y los modos en que se construyen los relatos públicos. Joaquín Ostrovsky, sobrino nieto de Lila, junto a su compañero Nicolás, y su perro Fatiga, acompañan a la protagonista en los últimos años de su vida. La cercanía entre ellos genera un espacio donde la cámara deja de ser testigo y se convierte en parte del lazo.

La película evita las estructuras narrativas convencionales. No hay testimonios de celebridades ni dramatizaciones. Hay silencios. Hay pausas. Hay archivos familiares, grabaciones rescatadas y escenas de la vida cotidiana. La reconstrucción de la carrera de Lila se hace con fragmentos: cintas deterioradas, fotos sueltas, partituras a medio conservar. Lo que no se encuentra en los libros aparece en la palabra oral, en la memoria de los suyos.

“¿Qué tiene de particular lo efímero de la intimidad?”, se preguntan los directores. La película avanza como una posible respuesta: lo íntimo también puede construir memoria colectiva.

En ese registro, la forma en que Lila es retratada no diluye el costado crítico del film. Al contrario, el afecto con que se la acompaña acentúa la incomodidad: evidencia cómo la cultura popular argentina ha desatendido a muchas de sus voces, relegándolas al olvido.

Lila no solo fue cantante. Fue migrante, trabajadora, sobreviviente, mujer en un espacio dominado por hombres. El documental no convierte estos elementos en consignas, sino en una lectura de fondo. Señala cómo ciertas trayectorias quedan fuera de los relatos oficiales por no responder a las narrativas hegemónicas. Esa omisión, sugiere el film, también es una forma de violencia simbólica.