domingo 04 de mayo de 2025

Si Un pequeño favor (A Simple Favor, 2018) fue una sátira elegante del thriller suburbano con pretensiones de noir gourmet, Otro pequeño favor (Another Simple Favor. 2025) parece más un postre recalentado en un resort de lujo. Paul Feig vuelve a dirigir con una copa de Negroni en la mano y la otra en el manual de clichés aggiornados, mientras el guion de Jessica Sharzer y Laeta Kalogridis intenta sostenerse en una trama tan endeble como los vestidos de alta costura que Blake Lively vuelve a lucir con maestría.

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La película se sitúa en Capri, Italia. O, mejor dicho, en una Capri tan fotogénica que parece diseñada por Pinterest y auspiciada por alguna marca de perfumes. Emily Nelson (Lively), ahora comprometida con un empresario italiano tan rico como estereotípico, invita a su ex amiga Stephanie Smothers (Anna Kendrick) a su glamorosa boda. Pero el evento se desbarranca rápidamente con la aparición de un cadáver, un posterior asesinato, varios secretos inconfesables y una orgía de giros narrativos que ni Agatha Christie ni Donatella Versace se animarían a tanto.

La original jugaba con la tensión entre dos mundos femeninos: la madre blogger ingenua y la femme fatale de suburbio. Aquí, el conflicto se traslada a un escenario internacional, pero el tono se pierde entre poses, locaciones y el intento forzado de replicar el efecto sorpresa. Feig no es Hitchcock, pero tampoco parece estar interesado en generar verdadero suspenso. Prefiere el artificio, el guiño cómplice, el desfile de looks como trama paralela.

La película se ríe de sí misma, pero con una sonrisa tan ensayada que termina en mueca. ¿Es una crítica al narcisismo millennial? ¿Una sátira del cine de lujo y crimen? ¿Un comercial extendido de moda con cameos de sangre? La respuesta es sí, pero con asterisco.

Anna Kendrick sigue siendo la narradora con tono de podcast true crime y cara de pánico funcional. Blake Lively, en cambio, se divierte encarnando a una Emily más exagerada, más calculadora y con menos motivaciones que la original. La química entre ambas sostiene la película como una pasarela improvisada: tambaleante pero magnética.

Otro pequeño favor no es una gran película. Lo bueno es que tampoco lo pretende. Es un exceso glamoroso que sobrevive a fuerza de carisma, vestuario y cinismo pop. No emociona, no sorprende, pero entretiene con la convicción de una influencer que nunca apaga la cámara. Es, quizás, el thriller perfecto para no prestar demasiada atención.