Siete horas y media, casi, separan al Penal de Bouwer, en Córdoba, con el destino en Caballito que Matías Tissera marcó en el mapa. Le parece mucho tiempo y aunque sabe que es menos que 29 días, le pesan más. Lo mata la ansiedad. Está ansioso por ver a su hijo Felipe y a su esposa Sofía y habla por teléfono sin parar y le resulta extraño no hacerlo desde el público al que tenía acceso tal vez solo ocho minutos al día, lo que le duraba la tarjeta.

Tras 28 días con prisión preventiva, emprendió el martes por la tarde su regreso a Buenos Aires junto a su esposa Sofía Arozamena y el representante Juan Dávola que lo aguardaba a la salida del penal y con quien viajará en auto para reencontrarse con su familia y luego reincorporarse al plantel que dirige Frank Kudelka. El escenario deseado en el último tiempo, entró en tiempo de descuento.

Tissera dejó atrás el penal y no perdió un segundo en empezar a achicar esa punta de horas hasta llegar a su casa. Llegó ahí de manera inesperada. Un día se despidió de la familia, dejó la camioneta en La Quemita y cuando se iba a subir al avión para viajar a Brasil junto al resto de la delegación para enfrentar a Corinthians en San Pablo, por la Copa Sudamericana, en Migraciones le pidieron que aguardara en una sala. Tenía un pedido de captura expedido por la Justicia cordobesa.

Así supo que las cosas habían cambiado desde que se presentó, a través de un abogado, en la Fiscalía del Distrito 3 de Córdoba fijando domicilio para estar a disposición: una persona a la que le había pedido que reclamara en su nombre un dinero adeudado, estaba presa acusada de tentativa de extorsión. En el 17 de febrero la fiscal de instrucción Silvana Fernández respondió que Tissera no estaba imputado en la causa, ni tenía pedido de captura. Por eso regresó de Bulgaria a préstamo del Ludogorets para reforzar a Huracán.

“La carátula sigue siendo la misma, la Fiscalía cambió de parecer en base a todas las pruebas que presentamos y ya no considera el peligro de fuga. Lo importante es que Matías puede volver a su casa y estamos todos muy contentos”, le explicó a este diario el abogado Adolfo Allende Posse, mientras esperaba que se completaran los pasos burocráticos para que el servicio penitenciario firmara el egreso.

Si bien la intención del futbolista es reintegrarse al plantel el miércoles, deberá someterse a una puesta a punto antes de volver a su rutina como profesional: en el Penal no entrenaba debidamente sus rutinas solamente participó de picados con otros recluidos en Bouwer.

Con la puesta a punto en ciernes, Kudelka sabe en principio que no podrá contar con Tissera en los partidos visitantes por la Copa Sudamericana, ya que firmó su compromiso no salir del país. Sin embago, en el club estarían evaluando la manera de convertirse ante la Justicia en garantes del regreso al país del jugador, para que pueda disputar todos encuentros.

Esos no fueron los únicos requisitos para recobrar la libertad. Además tuvo que depositar unos 15 millones de pesos en caución, y podría volver a ser detenido si se comunica con el empresario que lo estafó, o la familia de este.

A Tissera no le hacía falta firmar nada de eso: ya no le interesa llamar a quien lo estafó, porque tampoco quiere que le construya la casa que pagó por adelantado. Tampoco reclamará -y mucho menos por terceros-, ese dinero. Desde que dejó el penal de Bouwer, en lo único que piensa es en que su hijo Felipe, a quien le dirá que pudo volver a casa porque ya «le arreglaron las alas» al avión que el pequeño cree se le rompieron en Brasil, donde había ido a jugar su padre.