sábado 05 de abril de 2025

Gatillero (2025) no es solo una película; es una experiencia visceral. Ambientada en la Isla Maciel, territorio asediado por el narcotráfico, el film dirigido por Cris Tapia Marchiori nos arrastra a un thriller de ritmo implacable, protagonizado por Sergio Podeley en la piel de «El Galgo». Un ex sicario en desgracia que, tras salir de prisión, intenta sobrevivir como puede, hasta que su antigua jefa, la madrina (Julieta Díaz) le ofrece una oportunidad: disparar en un comercio para amedrentar a su dueño. Un encargo menor que, como era de esperarse, pronto se convierte en un infierno.

Lo que distingue a Gatillero es su puesta en escena: la acción transcurre en tiempo real, en una secuencia continua que mantiene al espectador al borde del asiento. Aquí se respiran las influencias de Victoria (Sebastian Schipper), con su uso del plano secuencia, y del frenetismo urbano de Good Time (Safdie Brothers). También se pueden encontrar ecos de Corre Lola corre (Tom Tykwer) e Hijos del hombre (Alfonso Cuarón), ambas con una narrativa que prioriza la urgencia y la inmersión del espectador. Pero Gatillero no se limita a imitar, estilos y formas sino que toma estos códigos para construir una identidad propia, con una idiosincracia nacional y popular.

Uno de los grandes logros del film es su impecable dirección de fotografía, a cargo de Martín Sapia. Con una paleta de colores fría y un manejo magistral de la luz nocturna, Sapia consigue que la Isla Maciel cobre vida propia. Las sombras proyectadas en los angostos pasillos, los reflejos en el pavimento húmedo y la sensación de encierro que transmite cada plano refuerzan la tensión narrativa, haciendo que el espectador se sienta atrapado junto a «El Galgo» en su descenso a los infiernos.

La Isla Maciel no es solo un escenario, es un personaje más. Las calles estrechas, los pasillos oscuros y los rostros marcados por la violencia construyen un ecosistema en el que la esperanza es un bien codiciado. «El Galgo» se ve atrapado en una espiral de traiciones donde la lealtad es tan volátil como una bala perdida. La película brilla en la forma en que retrata la crudeza del hampa sin caer en exageraciones ni en romantizaciones.

Gatillero es una de esas películas que se sienten en el cuerpo. No es solo un thriller eficaz, sino una declaración de principios: el cine de acción en Argentina tiene mucho que decir, y aquí lo hace con una potencia que deja sin aliento.