Con dramaturgia de Gonzalo Demaría y dirección de Emiliano Dionisi, Sansón de las islas despliega una historia de manipulación, decadencia y dilemas morales en el contexto de la Guerra de Malvinas. La obra expone el costo de ser un ídolo en tiempos convulsos, donde la construcción de figuras heroicas responde a intereses que trascienden al individuo.

Sansón de las islas aborda esta temática con crudeza a través de la figura de un antiguo luchador de catch, enfermo y retirado, que es arrastrado nuevamente al cuadrilátero. Pero esta no es una pelea cualquiera: se trata de un montaje propagandístico en plena Guerra de Malvinas, donde la manipulación mediática y la necesidad del régimen de sostener la moral chocan con la dignidad y el desgaste de un hombre.

El combate se enmarca en el programa televisivo 24 horas por Malvinas, una maratón patriótica diseñada por la Junta Militar para recaudar fondos y reforzar el fervor nacionalista en un momento de crisis. En este contexto, la pelea de Sansón se convierte en un espectáculo dentro del espectáculo, una ficción que desnuda los mecanismos de manipulación utilizados por el poder. Ya no se trata solo de entretener o fingir un combate, sino de alimentar una narrativa heroica conveniente para el régimen. El cuerpo del luchador, antes símbolo de fortaleza y victoria, ahora es explotado como emblema de resistencia y sacrificio, en una puesta en escena donde la guerra y la televisión se retroalimentan.

El catch y la guerra comparten una estructura similar: ambos son espectáculos donde el enfrentamiento físico forma parte de una narrativa mayor. Sin embargo, mientras el primero se presenta abiertamente como una ficción con reglas claras, la segunda oculta sus mecanismos detrás de discursos de legitimidad y sacrificio. Sansón de las islas explora esta tensión al trazar un paralelismo entre el combate en el ring y la guerra de Malvinas, desentrañando las dinámicas de poder que subyacen a la figura del luchador y del soldado.

La obra sitúa en el centro a Sansón, un ídolo del catch cuya trayectoria es utilizada por fuerzas que exceden su control. Interpretado por Luciano Castro, el personaje encarna la figura del héroe funcional al poder, un individuo atrapado en narrativas construidas por otros. A su lado, Garmendia (Manuel Vicente) representa el dispositivo estatal que administra estos relatos, seleccionando quién es elevado a la categoría de símbolo y quién es descartado cuando deja de ser útil. Dalila (Vanesa Maja), la pareja de Sansón, y Jorgito (Gonzalo Gravano), el joven contrincante, completan la red de relaciones que configuran la historia, mientras los cantantes Constanza Díaz Falú y Fernando Ursino añaden una dimensión operística al relato.

Lejos de limitarse a una reconstrucción de la historia reciente, Sansón de las islas invita a reflexionar sobre el modo en que las sociedades construyen y consumen figuras heroicas. La caída del protagonista no es solo la de un individuo, sino la de un mecanismo que se repite: la exaltación y el posterior abandono de quienes alguna vez representaron una causa colectiva. En ese sentido, la obra no solo revisita el pasado, sino que interroga las narrativas actuales y los procesos mediante los cuales se moldea la memoria colectiva.

El auge y la caída de un ídolo son una metáfora de la propia historia argentina. Sansón es un chivo expiatorio, utilizado y luego descartado por el mismo sistema que lo elevó. La obra no solo reconstruye la tragedia de un hombre, sino también la de un país que, sumido en una guerra sin estrategia, buscó héroes efímeros para sostener un discurso que se derrumbaba.

La propuesta de Dionisi resalta el dramatismo del relato con una estética que potencia el conflicto interno del protagonista. Con una combinación de ironía y drama, Sansón de las islas no es solo la historia de un luchador, sino una meditación sobre cómo la memoria, la identidad y la manipulación construyen y destruyen a los ídolos y a las naciones.