
Aunque un actor concurra a una misma locación por distintos proyectos, cada asistencia la vive como si fuera la primera. Es que, cuando se enciende la cámara, quien está presente en ese lugar ya no es él, sino su rol ficticio. En 2013, Guillermo Fening visitó las instalaciones de la Unidad Penitenciaria Nº 48 de San Martín, en la provincia de Buenos Aires, a través de su personaje Marcelo di Giovanni, un abogado que defendía a Hermógenes, un humilde peón de campo que estaba preso por haber asesinado a su siniestro jefe (El patrón: radiografía de un crimen). Casi una década después, el actor volvió a la cárcel bonaerense, esta vez para Espartanos (Disney+), en el papel del abogado y exjugador de rugby Eduardo ‘Coco’ Oderigo, quien buscaba que los reclusos pudieran entrenar y adquirir valores en el deporte en pos de su reinserción social. Ahora, en el marco del estreno de esta última serie en la plataforma de streaming, Pfening dialogó con EscribiendoCine sobre la significativa experiencia profesional y personal.
UN LÍDER CARISMÁTICO
Espartanos, una historia real (2025) sigue a Coco (Guillermo Pfening), secretario de un juzgado penal y exjugador de rugby que, tras ver con sus propios ojos la realidad de las cárceles argentinas, decide entrenar a un grupo de presos de la Unidad 48 de un penal de la provincia de Buenos Aires y, sin planearlo, funda Espartanos, el primer equipo de rugby carcelario. Sin embargo, no todo es tan sencillo. En el camino a convertir a un grupo de convictos y marginados en un equipo deportivo con posibilidades de reinserción en la sociedad, Coco debe enfrentar el prejuicio de su propio entorno, los problemas de sus jugadores y, sobre todo, los obstáculos del sistema penitenciario.
Antes de enterarse de la propuesta audiovisual, Guillermo conocía “bastante por arriba” la historia verídica detrás de la ficción. Más allá de interesarle la oportunidad artística y laboral, tenía ganas de hacerse cargo y sostener un personaje protagónico como Eduardo ‘Coco’ Oderigo, el cual está presente en los ocho capítulos que abarca la serie. Y como todo nuevo proyecto, traía consigo desafíos e interrogantes inéditos.
“Un equipo de rugby… Un entrenador de rugby… No me imaginaba bien por dónde tenía que ser. No había un referente, dentro del audiovisual argentino, de entrenador. Un poco tenía la idea de esos entrenadores medios bravucones del fútbol americano. Pensé que iba a ser una serie así, pero, cuando lo conocí a Coco, me di cuenta que nada que ver. Él es un tipo que no levanta la voz, siempre convence a través de la mirada y de la palabra, y tiene una segunda idea para decirte”, describió el actor.
Asimismo, respecto a las particularidades de encarnar a un personaje basado en una persona real, a diferencia de uno creado directamente en el universo ficticio, planteó: “Quizás hay ciertas cosas de donde te podés agarrar para empezar, que también te pueden limitar un poco. Cuando no interpretás a alguien que está anclado en algo verídico podés jugar más. En este caso, me basé mucho en su manera de hablar, en su mirada, en estar presente, en escuchar. Coco es una persona que escucha mucho. También saqué cositas como su manera de mover las manos y de abrazar a sus jugadores. Con el pelo canoso hay cierto parecido físico. El otro día me llamó la madre y me dijo: ‘¡Sos igual a Coco!’. Hay cosas que se dan”.
Oderigo es una persona muy apasionada, por lo que asistió, desde el primer día, a diversas jornadas de rodaje, incluso participó de los ensayos. Si bien al principio Pfening sintió cierta presión, porque la persona a la que recreaba en la serie lo estaba observando, luego, dicha cercanía le resultó a favor, hasta lo ayudó en el abordaje de ciertas secuencias. Además, mientras estaba actuando, a veces miraba detrás de escena, distinguía al entrenador de rugby, y surgía cierta conexión y emoción entre ambos.
ENTRE LEYES Y PELOTAS
Ya sea en ficciones cinematográficas como El Patrón: radiografía de un crimen (2015) o televisivas como Farsantes (2013), Guillermo se había sumergido en el mundo judicial, en ambos relatos había interpretado a abogados. Algo que le apasiona de ese ámbito es que tiene una especie de carácter matemático y, a su vez, le interesa todo lo vinculado a la oratoria.
“Me gusta ponerme sobre el texto, marcar cosas, un discurso es muy persuasivo. Siempre trabajo con una coach, acá fue Dalia Elnecavé. Cuando estás en un set hay que ir a resolver, aunque algunas cosas las encontrás ahí. Actuar es escuchar más decir. Hay que estar ahí, presentes, uno debería actuar con la respuesta del otro. Volviendo a los discursos de oratoria, los preparo bastante, y voy al set a reproducir un poco eso que armé, más lo que voy sintiendo en el momento”, expresó el artista.
Pasando a la faceta deportiva del papel, confesó que no poseía conocimientos sobre el rugby, por lo que averiguo sobre dicho juego en equipo, vio partidos y entrenó con los Espartanos. “Hoy en día conozco dos o tres cosas. Si me pongo a jugar… soy un queso, pero ahí se mintió bastante bien”, compartió entre risas.
TRAS LAS REJAS
El rodaje se llevó a cabo principalmente en dos locaciones: los exteriores fueron en la Unidad Penitenciaria Nº 48 de San Martín, en la provincia de Buenos Aires, mientras que los interiores, es decir las celdas, fueron en un Correccional de Menores, que ya no funcionaba con dicha finalidad. “Había pibes que habían pasado su infancia en ese instituto de menores, después terminaron en la cárcel y, ahora, estaban grabando la serie, ya transformados por el proyecto Espartanos. ¡Eso fue muy fuerte!”, relató el actor.
A continuación, señaló las posibilidades de filmar en escenarios reales, en comparación con los decorados. “Cuando la pared es una pared, y no cartón, ya me coloca en otro lugar. Todos los olores, el calor… Estábamos en pleno potrero con 40 grados. El rodaje fue durante la época del Mundial Qatar 2022. Inclusive los partidos los veíamos en la cárcel, en algún salón, o arriba de los motorhomes”.
Además de haber ingresado al penal bonaerense años atrás para el rodaje del largometraje de Sebastián Schindel, Guillermo visitó con frecuencia el lugar en el período de preproducción de la serie de Disney+. Entre otras actividades, asistió al entrenamiento de los Espartanos de los martes y al Rosario de los viernes, donde los reclusos comparten sus experiencias vividas en la semana, tocan la guitarra, hacen mates y facturas.
EN BUSCA DE LA REINSERCIÓN SOCIAL
Espartanos, dirigida por Sebastián Pivotto y escrita por Andrés y Pablo Gelós (con colaboración de Cecilia Caral y Martín Nusynkier), debutó en la plataforma de streaming el 19 de febrero y rápidamente se consolidó como uno de los contenidos audiovisuales más vistos. Incluso, a un mes de su estreno, continúa siendo un tema de conversación en las redes sociales. “¡Realmente fue un placer hacer esta serie! Y estoy muy contento no solo de mi trabajo, sino del de mis compañeras y compañeros, y de todas las áreas. Empezás a verla y no querés dejarla. Mucha gente me escribe por Instagram, súper agradecida, está funcionando muy bien el boca a boca. Sienten como si fuera un bálsamo, como que no todo está perdido, de todo se sale colectivamente”, valoró el protagonista.
A lo largo de las décadas, la marginalidad se ha tratado en diversas producciones audiovisuales, nacionales e internacionales. Una de las delgadas fronteras que puede aparecer en el abordaje, así como también puede pasar con otras temáticas y problemáticas, tiene que ver con el riesgo de caer en cierta estereotipación, estigmatización o romanización, ya sea en la construcción de los escenarios, personajes y/o sucesos. Por lo tanto, depende del enfoque planteado en cada aspecto.
“Cuando estuve en el penal mucha gente que estaba adentro estaba descontenta con lo que se venía haciendo. Decían: ‘Está todo bien, pasan cosas heavies, pero no todo el tiempo es eso’. Entonces, me interesó que la serie se desmarcaba de ese lugar. También es muy complicado cómo trabajarlo. Mucha gente me escribe: ‘Che, le están dando una segunda oportunidad a tipos que se equivocaron, o que quizás mataron, inclusive arruinaron familias’. Pasa que si no le das una segunda oportunidad a esas personas que están adentro, salen a hacer lo mismo. El poder transformador que tiene este proyecto sociocultural y deportivo de Espartanos es que donde nadie piensa que alguien puede cambiar, ahí, en el barro, nace una flor, como la de loto, que nace donde está todo podrido. Se trata de eso”, explicó Pfening.
Luego, añadió: “Hay diferentes motivos por los que la gente llega a la cárcel. Muchos no tuvieron otro camino más que ese, nacieron en una familia que está en ese ámbito, y otros tuvieron oportunidades, las desaprovecharon y están ahí. La idea es que los que entran por un robo común no salgan y entren otra vez por un robo a mano armada, o no salgan y entren otra vez por homicidio. La idea es transformarlos. Y no se romantiza, lo que se hace es humanizarlos, mirar a los ojos, prestar atención, ver de qué manera se los puede cambiar. Espartanos funciona realmente. He visto a gente que ha salido y no ha vuelto a cometer delitos, y gente que sí, que ha vuelto, porque no es perfecto el sistema. De hecho, en la serie se muestra cómo hay alguien que sale y entra a robar a la fundación. Diría que casi un 85% se va de ahí transformado, después de cinco, seis, siete años, no son tres meses. Y salen cuando tienen que salir, Coco no le reduce la pena a nadie, ni firma que nadie se vaya antes. Eso es muy importante también”.
ENTRE ÉL Y YO
Hay profesiones que parecen muy diferentes, sin embargo, si uno se detiene a analizar sus premisas puede encontrar ciertos puntos en común. Ante la pregunta de si halla similitudes entre un actor y un entrenador deportivo, Guillermo respondió: “Hay algo del discurso. Como actor, primero me tengo que convencer a mí de que lo que estoy diciendo está bien, sino no voy a poder convencer a nadie. Para mí, el set es sagrado, y no porque desmerezca al público, pero no estoy actuando pensando en la gente que me va a ver, sino que estoy tratando de conquistar a quien tengo al lado en escena. Y un entrenador, o cualquier persona que se pare frente a un grupo, también está haciendo eso, está trabajando para ello, persuadiendo, convenciendo, tratando de que hagan lo que él piensa que es mejor. En ese punto veo algo en común”.
Pensando en dos ejes que atraviesan la serie, pero aplicados al oficio artístico, el entrevistado reflexionó cuándo siente libertad y cuándo encierro dentro de la actuación. Sobre el primer concepto consideró que aparece cuando uno se sabe bien el texto, ya que, después, eso brinda la posibilidad de jugar en escena. Mientras que para la segunda cuestión pensó en ciertos movimientos o posiciones de cámara y en el sonido. En torno a este último aspecto ejemplificó la situación de hacer una escena en un boliche donde hay que simular que se escucha música y hablar fuerte, aunque en realidad la música no está en el set, o se pone y luego se corta, para ser agregada más tarde en post producción.
“Coco” es un gran maestro para los Espartanos, no solo en lo netamente deportivo, sino que también les transmite valores. Fuera de este ámbito, pero considerando el mismo tópico, a la hora de rememorar algún consejo trascendental que le hayan brindado sus docentes de actuación, Pfening contó: “Un profesor me dijo que la acción lleva el texto, no hay que poner la cabeza por delante de la acción. No hay una manera de decir las cosas, sí hay una manera de accionar, y después de accionar vas a encontrar la manera de decir”.
Por otro lado, invirtiendo los roles y atendiendo a algún consejo que él le haya compartido a las nuevas generaciones de artistas, expuso: “Actuar es escuchar más que decir. Me parece que yo tengo un poco alma de director de escena. Les digo sobre la enumeración en la actuación, ‘esto es una cosa, esto es otra cosa, y esto es otra cosa’; otro consejo es no siempre terminar abajo las frases”.
EMOCIÓN EN ESCENA
Cada jueves, a las 21, Guillermo es uno de los protagonistas de la obra Pequeños grandes momentos, junto a Sabrina Garciarena, Ludovico Di Santo y Florencia Torrente, en Timbre 4 (México 3554, CABA). La puesta escénica presenta preguntas que nunca hicimos, respuestas que jamás llegaron, secretos ancestrales, anhelos, sueños rotos, la profunda convicción de que compartiendo con otros todo es más fácil, y siempre hay un hermoso lugar detrás del arco iris.
Acerca de su experiencia en el espectáculo, concluyó: “Primero hice un toro, es decir, salí a reemplazar a Michel Noher en dos semanas, e hicimos una temporada cortita en Mar del Plata. ¡Me encanta el teatro! Siempre padezco estrenar porque siento que me va a pasar algo, que me voy a olvidar de algo, que no voy a estar a la altura, pero, después, estoy ahí, juego, me divierto, y cuando pasan más funciones lo disfrutas más. Por suerte, desde hace unos años la actuación se ha transformado en algo de mucho goce”.







