
En el siglo XX, María Elena Walsh hablaba de la ceremonia del té a través de un hit musical conformado por distintas metáforas, que trascendería las décadas y las generaciones de oyentes. En el siglo XXI, Gonzalo Demaría vuelve a referirse a dicho ritual, esta vez por medio de las artes escénicas, con una historia cómica, grotesca y poética, con tintes de policial y suspenso. Se trata de la obra Tarascones, dirigida por Ciro Zorzoli, y protagonizada por Paola Barrientos, Eugenia Guerty, Alejandra Flechner y Susana Pampín. Tras su debut en 2016, y con varias temporadas a lo largo de los años, en marzo del 2025 el espectáculo regresó a las tablas. Esta vez, se presenta cada domingo por la tarde en el Teatro Metropolitan.
El relato escénico sigue a Zulma (Barrientos), Martita (Flechner) y Estela (Guerty), quienes se reúnen en casa de Raquel (Pampín) a tomar el té, charlar y jugar a las cartas. Pero un suceso inesperado (un crimen) transformará la reunión en una hoguera en la que la hechicera culpable deberá ser ejecutada.
Después de la merienda teatral: entrevista con las protagonistas
Cada función, al igual que cada temporada, es única e irrepetible. No obstante, el texto trasciende el paso del tiempo y se potencia. ¿Qué permanece de sus personajes, desde aquellas primeras interpretaciones, y qué sienten qué descubrieron en esta reposición?
Alejandra Flechner: Creo que el material se resignifica, no los personajes. Los personajes no existen, existen las situaciones, los vínculos con otros. La obra se resignifica todo el tiempo en estos nueve años, porque el contexto es otro, las bestialidades que se dicen resuenan de un modo en 2016, de otro modo en 2020, o 2023, y hoy en 2025. Entonces, cada vez que lo hacemos hay un descubrimiento permanente del material.
Eugenia Guerty: Por otro lado, hacemos una obra en verso, con palabras que hay que darles su lugar y su sonido, que no se usan habitualmente, que la gente se está desacostumbrando a usarlas y a escucharlas. De pronto, le damos un valor al vocabulario que es interesante, eso también resuena distinto en nosotras. Por ahí escucho a mis compañeras ensayando para esta nueva temporada y pregunto: «¿Yo decía esa palabra? ¿Vos decías esa palabra?». Estamos vírgenes en un punto (risas)
Susana Pampín: Sí, el empobrecimiento del lenguaje en estos últimos años, cada vez peor, hace que estas mujeres cada vez hablen de manera más estrambótica, rara y sofisticada. Y coincido totalmente con lo que decía Ale. Decir hoy en día “¿Querías libertad?”, no es lo mismo que decirlo hace cinco años. ¡Eso ya es un montón!
E.G: Incluso la defensa de los perritos, o el desprecio hacia los otros humanos, pero no tanto a los animales, o sí…
S.P: Cuando empezamos a hacer la obra, a todo lo que estas mujeres decían la gente expresaba: “¡Uy, mirá lo que están diciendo!”. Era como algo que no se animaban a decirlo en voz alta, y ahora es casi el lenguaje oficial, esto también ha cambiado.
La obra podría enmarcarse en el género de la comedia negra, pero también tiene condimentos de policial, de suspenso, de grotesco. ¿Cómo transitan todo esto en escena?
S.P: ¡Felicidad, diversión!
A.F: ¡Es joda! Es una obra que ya se instaló, un poquito como un clásico, pero también porque para nosotras es “droga”, como que todos los años necesitamos la dosis. Nos parece muy espectacular hacerla, nos divierte enormemente, estamos enamoradas entre nosotras, de las cosas que hace la compañera, de escucharla. Y pasa algo muy loco con el público, ya que es un poquito montaña rusa el espectáculo, hace mucho movimiento. Se comparte mucho con el público toda esa joda nuestra.
E.G: Sí, total. También digo que medio que la hacemos por egoísmo. A nosotras nos divierte, y si quieren venir a ver cómo nos divertimos, vengan, que se van a divertir también. La hacemos cuando podemos coincidir en las agendas, tan complicadas y apretadísimas, a veces son pocas funciones. ¡Así que no se cuelguen en venir!
Si jugamos un poco con este universo ficticio de la obra, ¿se imaginan siendo parte de esta reunión de amigas, tomando el té y jugando a las cartas?
E.G: Yo no, prefiero no ir…
S.P: Y menos ir y, después, irme… por lo que pueden llegar a decir… ¡Miedo, miedo!
A.F: No sé si prefiero irme y que me despellejen cuando me fui, o que me despellejen ahí en vivo…
E.G: Lo de la bebida aperitiva me atrae…. (Risas)
A.F: La parte de comer y chupar, sí.
Por último, haciendo un recorrido por las características de sus personajes, si cada una tiene que elegir una que más les atraiga de su papel, ¿cuál seleccionan?
S.P: De Raquel hay algo que es que ella empieza a hablar y está medio perdida, como que siempre está tarde con todo. Eso me divierte.
E.G: Estela cree que es inteligente, algo que me parece muy clasista, de esa gente que cree que sabe todo, que es muy culta, que piensa que es superior. Eso me parece muy gracioso.
A.F: Es de la época en que ser culta parecía algo bueno. Ahora, la plata ya no te considera ser culto, ya no tiene ninguna importancia, ser crypto es la que va… Y Martita es una mala que sufre, emocionalmente está destrozada y muestra una cosa bastante asquerosa.
Todas: Paola hace de Zulma… ¿qué podemos decir de Zulma?… Es borracha, básicamente… (Risas).
Tomar nota
Tarascones se presenta los domingos de marzo, a las 17, en el Teatro Metropolitan, ubicado en Avenida Corrientes 1.343, Capital Federal. Entradas en la boletería de la sala y en el sitio web Plateanet.







