Hay una pelea que no se transmite por televisión, tiene lugar en la película Vrutos (2025) de Miguel Bou, la cual se proyecta en la pantalla grande de las salas de cine. No se desarrolla en un cuadrilátero interior de madera cubierto por lona y rodeado por cuerdas atadas a postes, sino que se emplaza en un “ring” exterior de cemento, sin límites prestablecidos, enmarcado por los monoblocks de Lugano. No tiene un reglamento deportivo, tampoco árbitro, se define por la lucha por la vida y el escape de la muerte. No se trata de un combate entre boxeadores profesionales, sino entre dos jóvenes perdidos y llenos de incertidumbres, Brian y Tomy, interpretados por los actores Gregorio Barrios y Lucas Tresca.

El relato audiovisual comienza cuando Brian, luego de sentirse humillado por un grupo de rugbiers de elite liderado por Tomy, se pelea con ellos y queda lastimado. Su padre no interviene, ya que dejó en el pasado todo tipo de violencia. Brian sigue con su vida desprolija, robando y drogándose por el barrio. Y vuelve al club del conflicto, esta vez armado, dando continuidad y expansión a una peligrosa espiral de violencia. 

Los personajes nacieron en el guion, pero, luego, ustedes les dieron vida frente a la cámara. ¿Qué aspectos tuvieron en cuenta a la hora de componerlos?

Gregorio Barrios: Lo que me pasa, particularmente, a la hora de crear personajes es que busco dentro mío qué experiencias viví cercanas a ese universo, o en qué lugares empatizo con esas cosas que estoy leyendo. Absorbo bastante de lo que pasa en la calle, en el día a día, soy mucho de observar a la gente, de mirar gestos. Creo que en parte del personaje de Brian quería generar una sutileza en sus gestos, de que fuera algo súper natural, que podría ser cualquiera en cualquier barrio. Y también buscaba un poco despegarme de los personajes que había hecho en otras ficciones anteriores que eran muy similares en la intensidad.

Lucas Tresca: Cuando compongo, voy desde mi propia experiencia en busca del personaje. El actor tiene una parte de él que nunca deja de lado, y creo que es lo que hace que la actuación sea real, honesta, que haya ciertas sutilezas. En lo personal, para interpretar a Tomás, me inspiré en mi experiencia cuando iba al colegio, donde las clases sociales estaban muy marcadas, había mucha violencia, mucho odio de clases. Fui a esos recuerdos. Yo me hice actor más de grande, no cuando iba a la escuela, pero, al observar eso, y al haber mamado tanto tiempo esa violencia que se respiraba en ese lugar, tuve ciertos parámetros para decir: «Estas personas con esta clase de pensamiento se mueven de esta manera».

En principio, sus personajes provienen de orígenes diferentes, no obstante, tienen muchos puntos en común. ¿Cómo abordaron el contraste y, a su vez, la asociación?

G.B: Lo que tienen en común es la carencia de imagen, sostén y contención por parte de sus padres, o de las personas que se encargaron de criarlos. Creo que es algo que nos puede pasar a todos. Yo soy de Puerto Madryn y vengo de una familia de clase media baja. La realidad es que mi entorno no estaba destinado para que yo fuera un artista que estrene películas, en el Gaumont, o donde sea, y que tenga grandes trabajos. Sin embargo, tuve en algún lado ese ejemplo y pude tomar esa decisión. Estos personajes tienen esa carencia de otras posibilidades, de ver otro entorno, de estar en otro lugar. Justamente, en los barrios hoy en día más marginales se trabaja mucho con los chicos para que hagan algo que les guste y tengan una contención, una imagen, más allá de sus padres presentes o no, para poder ser mejores personas y para que algo los lleve a un futuro mejor. Brian y Tomás matchean en la falta de un destino hacia una vida mejor, más noble.

L.T: La película es una espiral de violencia, te lleva a pensar en eso. Pero, si el espectador se puede sacar un poquito ese contexto, hay un subtexto que es sobre la relación entre los padres y los hijos, la relación familiar, y cómo eso influye después en el odio de clases.

El barrio es un personaje más dentro de la historia, que envuelve a todos los demás. ¿De qué manera contribuyó la atmósfera para la construcción de sus roles?

L.T: Era la primera vez que conocía Lugano, y me recibió de una manera hermosa. Se armó un grupo tanto actoral como con gente del barrio, que seguimos en contacto. El barrio es muy imponente, al momento de entrar te daba cierta tensión, cierta densidad, que para la película sirve un montón. Parándome desde mi personaje trataba de ver ese lugar de una manera no querida, porque Tomás entrena en Lugano, pero vive en las afueras, y tiene bronca con la gente que está en los monoblocks. Entonces, me encantaba cómo me recibían, igual que el lugar, sin embargo, me tenía que parar en una posición de odio, un extrañamiento.

Ambos son próximos a las edades de sus personajes en la ficción, ¿qué los interpeló de cada uno de ellos?

G.B: Algo que me interpela es pensar que yo podría haber sido Brian. Algo que me pasa con los mejores personajes que hice es que tengo un momento de confusión, donde empiezo a pensar ‘soy este personaje’. Dicen que el actor en un momento se mimetiza tanto con su personaje que se pierde, bueno, algo de eso pasa a veces cuando te indican ‘¡Acción!’. De repente, estar tantas horas vestido de una manera, en un lugar, absorbiendo tanta información… Llego a pensar que yo podría haber sido ese Brian, lo que me lo hace interpretar desde un lugar más humano y realista, me posiciona desde una conciencia plena. Siempre pienso que mis padres estaban todo el día trabajando y podrían haberse hecho los boludos, sin embargo, estuvieron presentes, más allá de no estar físicamente, para ver cómo estaba, qué necesitaba, qué me pasaba, me miraban a los ojos. Lo fuerte de estos personajes es que sus padres tal vez ni los miran a los ojos, no les preguntan qué les pasa y qué necesitan.

L.T: Me pasaba que cuando me iba de los rodajes lo hacía muy cargado, muy movido de muchísimas cosas. De hecho, en ciertos puntos me mimetizaba con Tomy, odiaba y estaba cargado de bronca. Por lo tanto, llegaba, me tomaba un vasito de café y aflojaba, ya que me quedaba con algo de él en el cuerpo. Siento que es una persona que no tuvo el cariño o la atención suficiente de los padres. A lo largo de la película se ve a su padre totalmente interpelado por el deporte, el dinero. Y Tomy solamente quería llamar la atención de los padres, creo que desde ese lugar lo pude ver con unos ojos más humanos, no entenderlo, pero sí no juzgarlo.

Brian y Tomy buscan su lugar en el mundo, fuera de la ficción, ¿cuáles son sus búsquedas en sus caminos personales y/o profesionales?

G.B: Estoy en un momento de empezar a madurar algo. Yo actúo y estudio actuación desde los cinco años, así que es algo que siempre hice, al principio como juego, después empecé a trabajar. A veces me pregunto, ‘¿quiero seguir haciendo esto?’, ‘¿hago otra cosa?’, ‘¿estudio otra carrera?’. Y siempre vuelvo al mismo lugar, ¡me sigue gustando hacer esto! Mi búsqueda más grande es poder vivir de esto el mayor tiempo posible, con la mayor constancia posible. También entiendo que son épocas donde uno tiene que salir a ser su propio productor, su propio gestor de proyectos. Entonces, estoy buscando aprender a escribir mis propios proyectos, a gestionarlos, no solamente desde la actuación; tengo ganas de empezar a tener un camino creativo más grande.

L.T: Desde chiquito siempre quise hacer de todo. De hecho, cuando fui creciendo hice muchas carreras, que ninguna terminé, porque me llamaban la atención todas. Creo que por eso siempre caigo en la actuación, me parece que es algo del actor, que en los baches decimos ‘estudio otra carrera, me dedico a otra cosa, ¿qué hago?’. Y la actuación es algo que me encanta y me permite ser todo, también me gusta la búsqueda estética del arte. Me interesa el cine muy realista, de la honestidad frente a la cámara, estoy en búsqueda de mejorar eso, de ser un poquitito mejor cada día.

Por otro lado, sus papeles ficticios se enfrentan a diversas dificultades a lo largo del relato audiovisual. En sus casos, fuera de la ficción, ¿a qué adversidades se han enfrentado en sus caminos o profesiones?

G.B: Estamos en un momento donde las oportunidades son muy pocas, donde hay muy poca ficción, entonces, es muy difícil formar parte de los elencos de las cosas que se están haciendo. Creo que esa es la adversidad más grande, pero, como somos resilientes, estoy en la búsqueda de dejar de esperar a que me llamen y generar mis propios proyectos, ¡siempre encontramos la vuelta para seguir estando! Algo que vengo pensando hace un par de días es que cuando el intérprete no tiene trabajo es cuando más trabaja, porque es cuando uno tiene que salir a generarlo.

L.T: Sí, estamos en un momento bastante delicado con el cine, la cultura, cada vez hay más adversidades. El 2022 fue un año de bastantes adversidades para mí, ya que había quedado en dos proyectos importantes que después se dieron de baja. Pero creo que ahí descansa la vocación de uno como actor, de decir ‘esto no salió, esto tampoco, ¿qué hago? ¿me dedico a otra cosa?, ¿estudio algo?’. Me preparo, sigo intentando, y en algún momento, de tanto insistir, las paredes se rompen y hay un proyecto para hacer. También tiene que haber un Estado que acompañe, un motor que acompañe a la industria. Creo que ahora es un momento de generar nuestras propias cosas.