Una ficción permite narrar historias que se distancian de la realidad, pero, también, brinda la posibilidad de representar hechos y/o personas que han existido de forma verídica. En este segundo caso se ubica la dramática serie de Prime Video Cromañón (2024) que, en el marco del vigésimo aniversario de la masacre, a través de un grupo de jóvenes y adultos escritos para la obra audiovisual, aborda tanto lo ocurrido la noche del incendio en el boliche de Once como los días previos y los años posteriores. Uno de los intérpretes es Santiago “Toto” Rovito, quien, tras investigar en archivos documentales, reunirse con sobrevivientes del trágico suceso, y adentrarse en el guion, además de interactuar con todas las áreas del proyecto artístico, construyó con compromiso, sensibilidad y respeto a su personaje Nicolás.

UNA HISTORIA ESTREMECEDORA

A todos, como sociedad, nos marcó Cromañón”, afirmó Santiago “Toto” Rovito en el primer tramo de esta entrevista. El actor de 28 años, que hoy protagoniza la serie de ficción de Prime Video sobre la masacre, creció en un hogar musicalizado por el rock and roll, de hecho, empezó a escuchar Callejeros cuando tenía alrededor de cuatro años. Por lo tanto, ya sea por medio de sus familiares, o de otras personas conocidas -que habían ido a alguna fecha previa de la banda en el local bailable de Once o que estuvieron próximas a asistir a la trágica noche-, desde chico supo lo que había acontecido el 30 de diciembre de 2004 y cómo había impactado en la sociedad.

Si bien tuvo interés en el proyecto audiovisual desde el comienzo, en esa primera aproximación también sintió cierta incertidumbre. “Cuando hice el casting, tenía un poco de miedo. Cromañón toca tantas sensibilidades, necesitaba que el guion y el proyecto fueran buenos, sino iba a ser una tristeza. Lo iba a hacer igual por el amor que le tengo a nuestra Historia y por lo que nos interpela Cromañón, pero el guion era una parte importante. Cuando lo leímos fue una relajación, y cuando vimos al elenco y al equipo técnico fue ‘Ok, este proyecto se va a hacer bien’. Hoy, con el producto terminado, estamos todos bastante orgullosos de lo que hicimos”.

En el relato ficticio dirigido por Fabiana Tiscornia y Marialy Rivas, Toto interpreta a Nicolás, un joven de Ciudad Celina al que consideran un poeta del rock. Tiene una banda con sus amigos -en la que es el compositor-, es fanático de Callejeros y siente cierta atracción amorosa por Malena (Olivia Nuss), quien es su amiga y, además, novia de uno de sus mejores amigos, Lucas (José Giménez “Purre” Zapiola). En el transcurso de ocho capítulos, se narra la historia de su vida, y las circunstancias que la rodean, entre el 2004 y el 2008.

Rovito se enteró de la audición para Cromañón a través de Tati Rojas, una de las directoras de casting, que lo invitó a castear. Él la conocía desde chico, ya que ella es muy amiga de su hermana mayor. Aunque al principio tenía un problema de fechas y no sabía si podría presentarse, finalmente lo logró, dos semanas antes de que arrancara la etapa de ensayos. En esa instancia, ya estaba elegida Olivia como Malena y faltaban seleccionar los papeles de Nico y Lucas. Entre las singularidades de dicho período, no solo hubo una oportunidad en la que actuaron los tres juntos -aun sin saber que luego compartirían el trío protagónico- sino que, a su vez, los actores masculinos probaron sus escenas para ambos roles (Nico y Lucas). 

CONSTRUCCIÓN COLECTIVA

En cuanto al armado de su personaje, Santiago resaltó la importancia de la labor conjunta, es decir, de la retroalimentación entre los trabajos de muchas personas. Al tratarse de un relato que partía de hechos reales, fue clave el diálogo constante con los sobrevivientes de la masacre y la inmersión en las características de la juventud argentina décadas atrás, a lo que el guion le sumaba la ficción. Cabe aclarar que Nicolás, al igual que muchos de los otros personajes, no representa a una persona verídica en particular, sino que retoma fragmentos de distintas experiencias reales, y también posee aspectos creados exclusivamente para la obra audiovisual, como son sus vínculos de amistad, familia y pareja.    

En su interpretación, Rovito debió considerar dos períodos y un momento en especial. Para la vida del muchacho en 2004, antes del terrible suceso, se centró en una juventud atravesada por la alegría, la pulsión de vida, los sueños y cierta visión del futuro, además de la camaradería y lo lúdico. Para el acontecimiento bisagra, aparecieron emociones como adrenalina y desesperación. Mientras que para el 2008, que es la otra línea temporal, pensó en el impacto de haber vivido ese traumático hecho.

Acerca de los encuentros con las personas que estuvieron presentes la trágica noche, el actor resaltó: “Fue fundamental para construir el personaje y para entender desde otro lugar la importancia de lo que estábamos haciendo. Conocer el trabajo de los chicos y de la coordinadora, las reivindicaciones, lo que pasa con la ley de reparación, cosas del movimiento de los pibes que capaz no conocés tanto si no tenés contacto directo con ellos, porque mediáticamente no se le dio un lugar importante a eso. Primero, con el elenco tuvimos una reunión de cuatro o cinco horas en la que ellos nos contaron sus historias, y nosotros les hacíamos preguntas de todo tipo. Con suma generosidad nos compartieron lo que les había pasado, y lo que les pasa, con Cromañón, cómo atravesó sus vidas, qué les significa hoy. Y generamos un vínculo, vinieron al set varias veces mientras filmábamos, y hablábamos con ellos. Si teníamos alguna duda, les escribíamos al celular. Vamos a estar eternamente agradecidos con lo que nos dieron”.

LA NOCHE QUE TODO CAMBIÓ

El scouting para el proyecto audiovisual duró cinco meses. El rodaje se dividió entre Argentina y Uruguay, usando más de 50 locaciones. Dentro de ellas, la mayoría fueron ambientadas desde cero. El set de República Cromañón se montó durante aproximadamente un mes en una fábrica de maniquíes. Las escenas en la recreación del local bailable se rodaron durante alrededor de cuatro semanas: dos para los exteriores y dos para los interiores. Y allí no solo se filmó la noche del incendio, sino también los ingresos y las salidas de las otras fechas de Callejeros, ya que los protagonistas asisten a los tres recitales de la banda de rock en Once.  

“Uno tiene que tener muy claro el arco de su personaje en una producción audiovisual, de dónde viene, hacia dónde va. En esta serie, arrancamos bastante desde el principio de la historia, con lo que es el kiosco de Malena y la noche de Navidad, que aparece en el primer capítulo. Hay un rol, el de los continuistas, que está muy atento a la temporalidad, y te dice ‘Che, fíjáte porque en la escena anterior en tu cabeza estaba pasando esto, estabas pensando en que Malena…, en que el otro…’. Entonces, tenés mucha ayuda. Y también es una parte del trabajo que tenemos que hacer nosotros como actores, ir a las escenas sabiendo qué es lo que le está pasando a nuestro personaje”, describió el protagonista.

“Fue el momento más exigente del rodaje, física y emocionalmente”. Con esta frase sintetizó la grabación del quinto capítulo de Cromañón, que es en el que se representa la masacre. Tras el proceso de investigación, llegar al set y ver la cuidada recreación del lugar resultaba un momento movilizante. “Estábamos muy contenidos por el equipo y entre nosotros, muy atentos y concentrados en las cosas que estábamos filmando. Hoy veo cosas que, la verdad, no sé cómo las hicimos. Y fue porque estábamos respirando el proyecto todo el día. Grabábamos en Uruguay, lejos de nuestra familia, había algo de estar sumergidos en la serie durante meses”, indicó.

Respecto al entrenamiento para las secuencias de ese episodio, recordó: “Teníamos una preparación física con Guille Rocamora, un director uruguayo bárbaro al que queremos mucho, que también dirigió a todos los extras -sus trabajos han sido impresionantes-. Guille nos hacía marearnos, ahogarnos, nos tapaba los ojos y nos decía cosas al oído, nos hacía desgastarnos físicamente y ponernos en una situación. Además, nos gritaban nuestros nombres al oído, como algo muy fuerte. Yo caía a la vereda y era ‘¡Acción!’, cuando abría los ojos tenía una cámara y a Lucas adelante. Era estar en ese estado de shock. Después, había un trabajo de respiración que hace María Laura Berch (coach actoral), que es impresionante, se trata de una especie de hiperventilación, te ayuda a tener el cuerpo en un estado más adrenalínico”.

Ya sea para Cromañón, o para otra serie y/o película, más allá de todo el trabajo de preparación previo, frente a la cámara queda grabado un momento único e irrepetible, que representa el aquí y ahora absoluto, y es el que, más tarde, verá el público. En torno a esta cuestión, planteó: “Hay algo que se me da un poco natural en el set de filmación, es el lugar en el que me siento seguro, me dedico a esto hace un montón, no solo desde el lado de la actuación, también desde la producción. De chiquito conocí un set por primera vez y me encantó. Es fundamental que el actor esté cómodo y relajado, que pueda hacer lo que viene haciendo en los ensayos, pero dentro de la filmación capaz tiene dos cámaras, muchas personas atrás. Entonces, hay que negar un montón de cosas para creerte esa situación”.

Acto seguido, volvió a subrayar la importancia de la labor conjunta. “Hay que generar un equipo de trabajo real en el que uno llega y siente que está tirando hacia adelante con todos, con el mismo objetivo. En Cromañón, hay veces en las que me he sentido más nervioso, que tenía más responsabilidad, o que era un desafío hacer ciertas escenas, incluso hubo algunas que costó encontrarlas y estuvimos mucho tiempo. Eso puede ser un poco frustrante, te puede poner nervioso y jugar en contra. En mi caso, en este rodaje, y por suerte en casi todos los que he estado, todos confiamos en el trabajo del otro. Por otro lado, aprendí un poco a no casarme tanto con la imagen que tengo de lo que hice yo en las escenas. En un momento recuerdo que era algo que me dejaba maquinando horas, como ‘Uy, esta escena la podría haber hecho mejor’ o ‘Podría haber hecho otra cosa que me guste más’. Después, vas al producto final, que pasó por la edición, le pusieron música y color, y lo que se termina viendo cambió un montón. Uno pone su trabajo a disposición de un montón de gente que toma decisiones”.

EL ROL SOCIAL DE LA FICCIÓN

En las fechas próximas a cada aniversario de la masacre de Cromañón hay informes periodísticos en distintos medios de comunicación, no obstante, a partir del estreno de la serie -que aun se posiciona en el primer lugar de los contenidos más vistos de la plataforma de streaming-, el tema ha vuelto a abordarse en la agenda mediática diaria y ha sido investigado, quizás por primera vez, por jóvenes que ni siquiera habían nacido cuando sucedió el trágico hecho. 

Sobre el impacto de la serie en el público, Santiago expuso: “Siempre hablo de reivindicar el rol social de la ficción. Es muy importante que haya ficción, y nacional, que cuente nuestras historias. La cultura es algo que enriquece muchísimo a la sociedad, es un canal para generar identidad, realmente es un valor muy fuerte. Además de la cantidad de trabajo que genera, es algo que mejora la calidad de nuestra sociedad, saber las cosas que nos pasan, entender qué cosas no queremos que se repitan. A mí me da muchísimo orgullo estar en un proyecto así y formar parte de la memoria activa de un país desde la ficción. Y esto no es un documental, no es un proyecto que hable sobre Chabán, ni sobre Callejeros, ni sobre Ibarra, es una ficción que cuenta cómo a la juventud la marcó de por vida haber vivido esa noche en Cromañón”.

Asimismo, relató su asombro al ver cómo hubo gente que se puso a buscar sobre lo sucedido verídicamente tras ver la serie, o cómo hubo casos en los que se acercaron al altar de Cromañón para visitarlo y dejar flores. Y ponderó el rol social de la cultura, ya que, hay sobrevivientes que le transmitieron que, a raíz de la amplia visualización del proyecto audiovisual, están yendo a lugares para contar su militancia, las reivindicaciones actuales del movimiento, las necesidades y luchas presentes.

PASADO EN PRESENTE

La Historia Argentina se construye día a día de manera colectiva. En el sustancial capítulo del Juicio a las Juntas, la juventud tuvo un rol fundamental. De hecho, el equipo jurídico liderado por los fiscales Julio Strassera y Luis Moreno Ocampo contó con la incansable labor de jóvenes que, aunque estaban dando sus primeros pasos profesionales, desde un comienzo demostraron sus sólidos valores. Uno de ellos fue interpretado por Rovito en la aclamada y multipremiada película Argentina, 1985 (2022), dirigida por Santiago Mitre.  

“Adoro ese proyecto por un montón de razones. Ya seguía las películas de Mitre y cuando me enteré que era un filme sobre el Juicio a las Juntas estaba re entusiasmado con la posibilidad de hacerlo. Mandé un auto casting y cuando me dijeron que había quedado no lo podía creer. Abordaba un tema que no estuvo muy contado en la ficción, ni es un tema tan ‘mainstream’, y la verdad es que es un hito histórico de nuestro país ese juicio. No se estudia en muchos lugares del mundo, es juzgar a los responsables de un genocidio, tan inmediatamente, que llama la atención de cualquier persona. Por lo tanto, poder contar esa historia, y nuestra Historia, es un privilegio. Por otra parte, a través de ese proyecto también conocí: a Dolores Fonzi, que después me llamó para hacer Blondi; a Santiago, que hoy es amigo; tuve la posibilidad de trabajar con Ricardo Darín, con Peter Lanzani y con todos los fiscalitos, que son increíbles. Es una película gigantesca de muy buena calidad, con un contenido muy profundo”, valoró.

YO SOY ASÍ

En el transcurso de su camino artístico, Santiago también ha formado parte de los repartos pertenecientes a filmes como Un amor (2011), El inventor de juegos (2014), Re loca (2018), Vacaciones involuntarias (2020) y La sociedad de la nieve (2023), y a series como Sandro de América (2018) y Cris Miró- Ella (2024). Actualmente, se encuentra en el rodaje de un nuevo proyecto.

Ante la pregunta de por qué y para qué actúa, respondió: “Es lo que me apasiona y me hace feliz. Tuve el privilegio de nacer en una familia en la cual me incentivaron a dedicarme a lo que yo quisiera, que fuera a buscar mis sueños. La verdad es que se me dio muy naturalmente desde chiquito. Me gustaba llamar la atención, la música, mostrar cosas, siempre fui muy caradura, me divertía hacer performance, nunca tuve problema para lo social. Luego, hice mi camino estudiando y presentándome a castings, intentando dedicarme a eso, y ahí ya está totalmente librado a la suerte, no depende de uno solo sino de que te elijan para ese proyecto. Tuve la suerte de hacer proyectos hermosos que me llenan de orgullo. ¡Me siento una persona muy afortunada!”.