domingo 13 de octubre de 2024

Uno de los puntos más destacados de La infiltrada es su enfoque en la figura de una mujer en un entorno tradicionalmente masculino. Echevarría apuesta por un personaje femenino fuerte y complejo, algo que el cine de espionaje ha explorado con menos frecuencia. La interpretación de Carolina Yuste como La infiltrada es lo mejor de la cinta, por su capacidad de transmitir tanto la fortaleza como la vulnerabilidad de su personaje. A lo largo del film, Yuste ofrece una actuación matizada, revelando las tensiones internas de una mujer que sufre por estar apartada de su familia y amigos, y que debe convivir con los miembros de una organización armada independentista a la que desprecia.

Este enfoque psicológico en que el guion, escrito por Amelia Mora junto con Echevarría, sin embargo prioriza las convenciones del género de suspense sobre la exploración profunda de la protagonista. La trama se centra más en la mecánica de la infiltración y la operación policial que en las motivaciones personales de Aránzazu. Si bien este enfoque mantiene el suspense y el ritmo, sacrifica un retrato más detallado de los dilemas internos y las consecuencias emocionales que la infiltración tiene en la vida de la agente. Tampoco se tocan las motivaciones políticas de los terroristas y de quienes les apoyan.

Y es que aunque La infiltrada narra una historia verídica, es limitada en su exploración de las dinámicas internas de ETA y el entorno abertzale. Se podría argumentar que La infiltrada evita entrar a fondo en las cuestiones políticas, centrándose más en las relaciones personales y en la tensión del thriller, cuando podría haber ofrecido una visión más completa del contexto histórico en el que se sitúa.

El film destaca por su dirección y manejo del suspense. Echevarría, directora tan prolífica como ecléctica, demuestra su capacidad para crear tensión, especialmente en las escenas en las que el personaje de Yuste está cerca de ser descubierta. A nivel visual, la película destaca por su ambientación en el País Vasco, con una fotografía notable que refuerza el clima opresivo del contexto abertzale y el encierro emocional de la protagonista.

En cuanto al reparto, además de Yuste, Luis Tosar es otro de los puntos fuertes de la película. Su papel como el superior de la protagonista, con quien mantiene una compleja relación de dependencia y tensión, añade capas de profundidad a la trama. Otros actores como Víctor Clavijo y Nausicaa Bonnín también ofrecen actuaciones sólidas, aunque algunos personajes secundarios caen en estereotipos más convencionales del género.

La infiltrada es -por tanto- un thriller sólido que combina el rigor del género con una propuesta interesante sobre el escasamente conocido papel de las mujeres en la lucha antiterrorista. Aunque podría haber profundizado en el retrato emocional de su protagonista, la película ofrece un relato tenso y bien ejecutado sobre la vida de una joven que se enfrenta a un conflicto moral y personal mientras lucha contra el terrorismo. Con una dirección competente y actuaciones destacadas, especialmente la de Carolina Yuste, La infiltrada es una de las películas más interesantes del año dentro del cine español.