
Viaje todo robado (2023), dirigida por el joven cineasta Diego Graue, se presenta como una comedia que explora las tensiones y contradicciones de la clase media aspiracionista mexicana a principios del siglo XXI. La trama sigue a Carlos Camargo, interpretado por Bruno Bichir, un cincuentón endeudado que lucha por ofrecerle a su familia unas vacaciones dignas de su estatus social. Su esposa Lola, interpretada por Ana Claudia Talancón, es una ama de casa adicta a los casinos, y juntos forman un dúo que lidia con las complejidades de mantener las apariencias en un entorno económico hostil.
Lo que distingue a Viaje todo robado de otras comedias es su decisión de no recurrir a actores típicamente asociados con el género, como Eugenio Derbez o Adrián Uribe. En lugar de eso, el director opta por intérpretes conocidos por su trabajo en dramas, lo que le da a la película un tono más serio y una profundidad emocional que se siente fresca y diferente en comparación con otras producciones del género. Bruno Bichir y Ana Claudia Talancón logran destacarse en sus roles, especialmente Bichir, cuyo personaje soporta una serie de calamidades con una mezcla de desesperación y resignación que añade un toque de realismo a la comedia.
La historia se desarrolla en un viaje por ruta que se convierte en un desfile de desastres. Carlos Camargo, al encontrarse con un rollo de billetes en el baño de su oficina, decide utilizar el dinero para llevar a su familia de compras a San Antonio. Sin embargo, este plan rápidamente se desmorona cuando la policía comienza a investigar un robo en la empresa, forzando a Camargo a tomar decisiones desesperadas. El viaje, que empieza con un vehículo confiscado y termina con una tarjeta de crédito vencida, refleja las aspiraciones y los fracasos de una familia que, a pesar de sus mejores esfuerzos, no logra mantener las apariencias.
Viaje todo robado logra capturar la esencia de la clase media mexicana en los primeros años del siglo XXI, una época en la que los viajes a Estados Unidos y las compras ostentosas eran símbolos de estatus. Sin embargo, la película también se adentra en las frustraciones y las limitaciones de esta clase social, mostrando cómo las aspiraciones pueden convertirse en una trampa que atrapa a sus personajes en un ciclo de deudas y desengaños.
Con un guion que, aunque convencional, cumple su propósito de entretener, Viaje todo robado ofrece una mirada crítica, pero humorística, a las realidades económicas y sociales de una familia que lucha por sobresalir en un mundo que constantemente les recuerda sus limitaciones.







