Fue la casa de verano de los García Lorca en plena vega de Granada, la Huerta de San Vicente, llamada así por doña Vicenta Lorca Romero, la madre del poeta. Fue y sigue siendo un lugar frecuentado por las musas. Entre sus paredes escribió Federico Así que pasen cinco años (1931), Bodas de sangre (1932), Yerma (1934) o el Diván del Tamarit (1940). Y entre sus paredes ofreció un concierto Patti Smith el 6 de junio de 1998, cuando se celebraba el centenario de su nacimiento. Smith, hoy flamante Premio Princesa de Asturias de las Artes, acaba de apuntarse otro tanto poético-musical en Oviedo.
La Huerta de San Vicente se ha colocado en nuestra geografía sentimental nuevamente a propósito de La bola negra, la película de Javier Ambrossi y Javier Calvo, que está contribuyendo a que miremos con lupa la vida y obra de Lorca. En la ficción, es la casa de Carlos (Milo Quifes), el protagonista de la historia que transcurre en 1932, en los momentos previos a la guerra civil. Este personaje vive lo que pudo vivir el autor de El público en aquella Granada cerrada y provinciana de bolas negras y blancas.
La finca vacacional de Federico García Lorca forma parte del itinerario por los escenarios donde se rodó La bola negra, que tiene su propia altura poética, llevándonos de paseo por las calles del Albaicín, subiéndonos hasta el mirador de San Miguel Alto y bajándonos hasta el paseo de los Tristes junto al Darro del azahar y las olivas. O deteniéndonos ante el carmen de los Mártires, en la colina del Mauror, elegido como exterior del casino de película.
En la Huerta de San Vicente
En esta casa huertana se encontraba Federico García Lorca el 9 de agosto de 1936 cuando, en plena sublevación militar y con el terror en el aire, se vio obligado a salir para refugiarse en el hogar familiar de su amigo el poeta Luis Rosales, de donde se lo llevaron detenido. Su padre, Federico García Rodríguez, terrateniente y político republicano, la había comprado en 1925. Se llamaba, paradójicamente, la Huerta de los Mudos. Y pasó a convertirse en un lugar de encuentro de la élite artística e intelectual.
El piano que solía tocar Lorca en sus veranos en la Huerta de San Vicente.
TURGRANADA
Por tanto, el matrimonio y sus cuatro hijos, Federico, Francisco, Concha e Isabel, disfrutaron del lugar de 1926 a 1936. Antes habían vivido en Valderrubio, antigua Asquerosa, de 1906 a 1926. Sin olvidar la casa natal en Fuentevaqueros, donde su madre ejerció de maestra. En cuanto a la Huerta de San Vicente, fue adquirida por el Ayuntamiento de Granada en 1985 gracias a la presión ciudadana, que la salvó de un amenazante plan de ordenación urbana, aunque no se abrió como casa-museo hasta una década más tarde por falta de acuerdo con los herederos.
Por fortuna, conserva intacta su estructura original, con la cocina, los dormitorios y demás estancias tal y como estaban. Al margen de cobrar nueva vida con La bola negra, sirve para saber cómo era una casa de campo en la Granada de principios del siglo XX, conocer qué obras escribió el autor bajo este techo y absorber el paisaje, entre la huerta y la ciudad, que alumbró tanta belleza. No tiene vistas como entonces a la Alhambra y Sierra Nevada por el crecimiento urbanístico. Ni está a las afueras como estuvo; ya se halla integrada como Parque Federico García Lorca. Y se puede visitar, de martes a sábado (excepto festivos) y de 10 a 17 h.
El escritorio de Lorca
Gracias a fotografías de la época, en particular las del escritor gallego Eduardo Blanco Amor, amigo de Lorca, se pudo recrear su decoración. Ahí está su escritorio de nogal, el piano de media cola en el que tocaba, cantaba y componía canciones populares o piezas infantiles para sus sobrinos; el diván, las mecedoras, el espejo art déco, la reproducción de La primavera de Botticelli, las sillas Thonet y el gramófono donde escuchaba cante jondo, pero también a Mozart y a Bach. Aderezado el ambiente con los dibujos de Salvador Dalí y Rafael Alberti, además de los suyos propios, o el cartel original de su compañía teatral, La Barraca.
El dormitorio de Lorca con su escritorio y el cartel de La Barraca.
JAVIER SÁNCHEZ/TURISMO GRANADA
También se sabe de la disposición de los enseres, obviamente, por los familiares. Isabel García Lorca, la hermana pequeña, se refirió a la Huerta en Recuerdos míos (2002). En sus páginas cuenta que sus padres quisieron comprar un carmen, la clásica vivienda granadina con jardín, pero al final les pudosu «sangre campesina». A cargo de la casa-museo está la sobrina del poeta, Laura García-Lorca de los Ríos, presidenta de la Fundación Federico García Lorca. Laura es hija de la profesora Laura de los Ríos Giner y del diplomático Francisco García Lorca, exiliados en Estados Unidos, como el abuelo, a raíz de los acontecimientos de aquel aciago 1936.
La casa de un poeta
Es muy probable que Lorca escribiera aquí por ejemplo: «Pájaros de la mañana/ por los árboles se quiebran./ La noche se está muriendo/ en el filo de la piedra./ Vamos al rincón oscuro, donde yo siempre te quiera,/ que no me importa la gente,/ ni el veneno que nos echa». Se lo dice Leonardo, el amante, a la Novia en Bodas de sangre. O que expresara aquel deseo, después presagio, recogido en forma de gacela (poema árabe) en el Diván del Tamarit: «Quiero dormir un rato,/ un minuto, un siglo;/ pero que todos sepan que no he muerto;/ que haya un establo de oro en mis labios;/ que soy el pequeño amigo del viento Oeste;/ que soy la sombra inmensa de mis lágrimas».










