
El Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) genera expectativas por su capacidad para atraer capitales a la Argentina y dinamizar las economías regionales. Para el economista Aldo Abram, los beneficios no se limitan a las empresas que desarrollan grandes proyectos, sino que también pueden alcanzar a proveedores, trabajadores y prestadores de servicios.
Durante su participación en Ronda de Economistas (RDEco), por +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, el director de la Fundación Libertad y Progreso defendió los incentivos fiscales y cambiarios del régimen y planteó la necesidad de extender esas condiciones al conjunto de la actividad productiva. Según su análisis, la reducción de impuestos y regulaciones permitiría ampliar las inversiones y generar nuevas oportunidades en todo el país.
El efecto derrame del RIGI sobre las economías regionales
“Hay un derrame que ya estamos viendo”, afirmó Aldo Abram, al explicar que las inversiones requieren infraestructura, viviendas y servicios para funcionar. Entre las actividades beneficiadas mencionó la construcción de rutas, los servicios de seguridad e higiene y la provisión de alimentos.
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Abram defendió los incentivos fiscales y cambiarios del régimen frente a las críticas por las ventajas que reciben las empresas participantes. Según sostuvo, sin esas condiciones muchas inversiones podrían no concretarse debido a los antecedentes de inestabilidad económica y cambios regulatorios del país.
“Nadie va a invertir”, advirtió al describir los riesgos que enfrentan los empresarios cuando, además de asumir las consecuencias de sus propias decisiones, deben afrontar cambios en las reglas de juego e intervenciones estatales.
En ese contexto, el director de la Fundación Libertad y Progreso destacó el volumen de proyectos que, según los datos mencionados durante la entrevista, buscaban avanzar bajo el régimen. Para Aldo Abram, esa expectativa refleja el potencial de inversión que podría desarrollarse si mejoran las condiciones económicas generales.
Menos impuestos y desregulación para extender los beneficios del RIGI
El economista consideró que el desafío consiste en extender al resto de las actividades las condiciones que ofrece el régimen especial. Para lograrlo, reclamó una reducción de la carga tributaria y de las regulaciones que afectan a las empresas.
“No estamos viendo el mismo esfuerzo ni en los niveles provinciales, ni en los niveles municipales”, señaló al comparar las medidas nacionales con las políticas tributarias de gobernadores e intendentes.
Aldo Abram sostuvo que la transformación requiere la participación de los tres niveles de gobierno y remarcó que la presión impositiva acumulada durante décadas no puede revertirse de manera inmediata. “No podemos pretender que 90 años de hacer macanas se resuelvan en un periodo presidencial, ni en dos”, afirmó.
En su visión, la expansión de las inversiones puede generar nuevas oportunidades para las economías regionales, mientras que la reducción de impuestos y la desregulación permitirían mejorar las condiciones para producir en todo el país.
“Algún día todos seremos el RIGI”, concluyó, al plantear como objetivo que los beneficios regulatorios y económicos hoy reservados a determinados proyectos se extiendan al conjunto de la actividad productiva argentina.








