Marta López Ogando

Vivimos en una sociedad en la que los suplementos son protagonistas, instalándose en nuestras rutinas con una naturalidad que hace unos años parecía impensable. Si antes nos tomábamos un suplemento cuando teníamos una carencia, ahora encontramos en nuestros armarios vitaminas, minerales, probióticos, colágeno, melatonina o creatina con el fin de mejorar nuestro estilo de vida. Dormir mejor, tener una mayor energía, mejorar el aspecto de nuestra piel o ayudar a suavizar los síntomas de la menopausia son algunas de las razones por las que nos suplementamos y, en ocasiones, no se centran en la carencia real. A este consumo elevado, se une un marketing y una comunicación más atractiva que los ha convertido en un objeto de deseo.

Pero tomar más suplementos no significa necesariamente que nos estemos cuidando más o mejor. En «Los suplementos a debate», la farmacéutica y nutricionista Elisa Escorihuela analiza qué hay detrás de la industria, desgrana los pros y los contras de los suplementos y propone revisar la relación que tenemos con estos productos, siempre desde la evidencia científica y las necesidades individuales. Porque entre la carencia real y la sensación de que «nos falta algo» existe una diferencia esencial, que debemos de identificar y que puede ser tan relevante como elegir el suplemento que mejor nos va.

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¿Necesitamos tomar tantos suplementos?

En el viaje de Elisa Escorihuela con los suplementos se encuentran años de análisis tanto en farmacia como en consulta. Por ello, desde su posición de prescriptora ha detectado que «en mis consultas de nutrición, de repente, la paciente saca una bolsa llena de 15-20 botes y cuando le pregunto para qué la está tomando, evidentemente en el 15 ha perdido la cuenta». A esto se añade que «no sabe por qué se lo está tomando, no sabe quién se lo recomendó y te das cuenta de que hemos llegado a un punto en el que la mayoría de ellos no vienen ni de la mano de un profesional». Por ello, nos encontramos muchas veces en una tesitura en la que «no está contrastado que tengas una carencia».

Con esto, la farmacéutica y nutricionista no está demonizando a los suplementos ya que tienen «un efecto, principios activos» pero «también pueden tener un efecto adverso». Si hablamos de suplementos específicos, por ejemplo, una de las mayores carencias la encontramos en nuestro país en la vitamina D. Una de sus mayores problemáticas, explica Escorihuela es que «es liposoluble y puede acumularse en la grasa, por lo que genera mayor toxicidad». Con esto, la profesional advierte que es «la sobredosificación mayor que tenemos los españoles», así como también es la vitamina D el activo con el que «más nos estamos excediendo a suplementar».

Un suplemento no debería ser una suscripción que no cancelas

Una vez sabemos que el suplemento es para tratar una carencia y nos ponemos en manos de un profesional, también tenemos que saber el momento en el que parar. Escorihuela explica que lo tenemos que hacer de la mano «de una analítica», tanto para dar el paso de suplementarse como para saber cuándo finalizar, es decir, «cuando el valor se ha corregido». La experta, además, añade que «una vez se ha corregido ese valor, no entramos en una suscripción de Netflix» y lo compara a ese momento en el que te quieres desuscribir de una plataforma, pero lo acabas postergando.

Por ello, el diagnóstico previo y personalizado es fundamental. Escorihuela afirma que «tiene que ser, como la alimentación, individualizada» con «un nombre, un apellido y un DNI» que acompañe a la persona a «medida que vaya cambiando». La farmacéutica, además advierte que la suplementación es «un tratamiento que debe de tener un principio y un final porque si no deja de ser un tratamiento y es un estilo de vida y el estilo de vida es tomar la pastilla». Por eso, las analíticas determinarán «el final y que todo está bien», en definitiva, una advertencia de que los suplementos son para tomárselos en serio.

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La banalización del suplemento

Tenemos pastillas, tenemos viales, pero también tenemos suplementos en formato golosina. ¿Es realmente una banalización de la suplementación este tipo de presentación? La farmacéutica y nutricionista pone como ejemplo al clásico medicamento, «que debe estar malo, no debe de gustar, ni incitar a tomar más y más». En el caso de los gummies, para Elisa Escorihuela es «una apuesta de marketing que tuvo un boom en los 2000 brutal» y que, además, «es una banalización de una sustancia». La causa de esto es que «no sabes a quién se lo estás vendiendo, si tiene una mala absorción, si tiene otra patología o si toma alguna otra medición» lo que lleva a que «puede afectar a la salud en exceso».

Las redes sociales también son otro espacio en el que se puede producir la minimización del impacto de los suplementos. «Cualquier información que venga de una red social y que no sea de un divulgador serio no me la creo» destaca Elisa Escorihuela. Para la autora de «Los suplementos a debate» es importante que se hablen de las luces y las sombras porque «tenemos que acostumbrarnos a abrir nuestro campo de visión» y ser escépticos con las ofertas o códigos descuentos que van asociados. En definitiva, la profesional toma el papel de «poli malo» con un mensaje «cero populista y nada atractivo de que lo healthy es sexy, pero es el hábito el que te va cuidar».

La importancia de conocernos e informarnos

Uno de los puntos más fuertes de «Los suplementos a debate» es el análisis minucioso que se realiza de los suplementos y la categorización específica según preocupaciones. La farmacéutica y nutricionista cree «la falta de descanso es el mayor problema de nuestra sociedad ahora mismo». La profesional no lo achaca a que «durmamos mal realmente o a que nos falte algo», la realidad para Escorihuela es que «realmente estamos cansados porque trabajamos muchísimo, tenemos muchas responsabilidades, cada vez nos exigimos más». Y lo que realmente deberíamos hacer es «cambiar el estilo de vida, dormir las horas suficientes» así como acostarnos «sobreestimulados con la luz azul del móvil, con Instagram o con redes sociales».

Por ello, es importante que identifiquemos si nuestro problema es real, Escorihuela introduce el método SIRVE en su libro y menciona la base de datos académica Consensus, para que sepamos asesorarnos más allá de la mano de un profesional. «Hoy en día tenemos la suerte de tener un montón de herramientas» destaca la profesional, pero la inteligencia artificial «te va a decir a lo que esté acostumbrada. Es la nueva bata blanca para muchos». Con todo el plantel de herramientas con el que contamos, recomienda a los pacientes «ser responsable porque tú eres un paciente ya empoderado» y también «accedes a las herramientas que tenemos los profesionales», eso sí, si recurres a un experto y con la prescripción del suplemento «te pone un código de descuento en la última frase, diferencia entre marketing y salud». Por último, advierte sobre el sentimiento de culpabilidad que se tiene con la proliferación de la suplementación en redes destacando «hay que quitarle ese pesar a la gente. Cuando vienen los pacientes pidiendo suplementación porque no se toman nada con una culpabilidad tremenda concluye la profesional que «igual no hace falta que tomes nada».

Los hábitos marcan la diferencia

Estamos sustituyendo los hábitos saludables por los suplementos, pero, ¿qué ocurren con la alimentación? Elisa Escorihuela cree que podemos llegar a creernos que son pastillas milagrosas, pero «al final no va a haber nada como un hábito y la pastilla no se puede convertir en un hábito porque sino es un estilo de vida». A esto añade que podemos acabar perdiendo el rumbo y pasemos a «vivir en la cultura del por si acaso o la teoría de la falsa carencia», estando esta última guiada por una sensación de estar cansada, llevar una vida frenética, etc.

Eso sí, si realmente tenemos que suplementarnos más allá de nuestra rutina, ¿cuándo nos va a hacer efecto? En «Los suplementos a debate» encontramos unas tablas organizando a la perfección los ingredientes. La farmacéutica y nutricionista destaca que «la valoración es a los tres meses, pero ya te ha has comprado varios botes». Entonces, ¿hacen efecto los suplementos al momento? Elisa Escorihuela es contundente y avisa: «las personas que notan el efecto en la primera toma sienten un efecto muy bonito y conocidísimo en farmacia, el efecto placebo», por ello, aunque tendrá su tiempo de acción, «los estudios van entorno a los tres meses».

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