Mercedes Ron lleva años demostrando que el fenómeno editorial juvenil no es una moda pasajera. La escritora argentina, criada en España, se convirtió en una de las grandes autoras de la generación BookTok con Culpables, la trilogía que comenzó con Culpa mía y que dio el salto a la pantalla de la mano de Prime Video. Después llegaron Dímelo y Marfil, otra de sus historias de éxito, que ahora empieza una nueva vida en el cine.
Con el estreno de Marfil, protagonizada por Ester Expósito y Hugo Diego García, Ron vuelve a ver cómo uno de sus universos literarios se transforma en imágenes. La historia de Marfil Cortés —una joven de la alta sociedad neoyorquina cuya vida cambia cuando es secuestrada y que queda bajo la protección de un guardaespaldas, Sebastián— combina romance, acción y thriller, pero también sirve a la autora para explorar personajes femeninos fuertes, capaces de tomar las riendas de su propia historia.
Desde MUJERHOY, hablamos con Mercedes Ron sobre la adaptación del libro, sus protagonistas, el fenómeno de sus novelas y el lugar que ocupa hoy la literatura juvenil.
MUJERHOY. ‘Marfil’ nació como una historia que escribiste para un libro y ahora empieza una nueva vida en el cine. ¿Cómo ha sido para ti ver cómo algo que estaba en tu cabeza y en las páginas se convierte en una película?
MERCEDES RON. Estoy muy contenta. De todos mis libros, creo que Marfil es el más audiovisual y, por eso, era al que más ganas tenía de ver en pantalla. Es una historia con un componente de acción muy importante, casi al cincuenta por ciento con el romance, y también buscábamos llegar a una audiencia más adulta y más amplia, no tan exclusivamente femenina. Ha sido muy bonito ver el resultado y estoy encantada con la película.
Cuando escribiste Marfil, ¿te imaginabas alguna vez a estos personajes interpretados por actores? ¿Hay algo de la adaptación que te haya sorprendido especialmente al verlo en pantalla?
Cuando escribo, los personajes pertenecen a mi imaginación, y creo que esa es también una de las cosas bonitas de la lectura. Pero después de haber adaptado Culpables y Dímelo, cuando empezamos a trabajar en Marfil, inevitablemente empecé a pensar en quién podría interpretarla. Con Ester Expósito lo tuve muy claro desde el principio: para mí, Ester era Marfil. Recuerdo que se lo comenté a María Contreras, de Prime Video, y al principio me dijo que estaba loca. Pero insistí porque realmente creía que era ella. Finalmente hablaron con Ester y estuvo muy implicada desde el principio. Todo encajó muy bien.
Ester Exposíto como Marfil
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Una adaptación implica necesariamente cambiar cosas. ¿Hay algún elemento de Marfil que para ti fuese intocable y que hayas querido que se respetara especialmente?
Las redes sociales me han permitido tener un contacto muy directo con los lectores y conocer muy bien cuáles son las escenas que más quieren. En ese sentido, me gusta ejercer un poco de portavoz de los fans y defender aquellos detalles o momentos que sé que son especialmente importantes para ellos. Si algo puede trasladarse a la película sin que pierda sentido, creo que merece la pena luchar por conservarlo.
Al mismo tiempo, una adaptación exige tomar decisiones. Intentamos acercarnos al libro todo lo posible, pero hay elementos que funcionan en una novela y no necesariamente en una película. En Marfil, por ejemplo, hay muchos giros que me encantan, pero no había tiempo para desarrollarlos todos. Por eso decidimos concentrarnos en determinados impactos y adelantar incluso algunos elementos que aparecen en Ébano, la segunda parte. Creo que, aun así, la sensación que deja la película es muy parecida a la que produce el libro.
¿Hasta qué punto has participado en el proceso? ¿Has podido opinar sobre el guion, el casting o la construcción de los personajes, o llega un momento en el que tienes que aprender a soltar la historia?
Siempre tuve muy claro que quería implicarme en todo lo que me permitieran. Hay autores que prefieren mantenerse al margen de las adaptaciones, pero a mí me interesa muchísimo ese proceso. Además, he estudiado Comunicación Audiovisual y es un mundo que me apasiona, aunque también soy consciente de que estoy aprendiendo constantemente y me gusta dejarme aconsejar.
Me involucro mucho, especialmente en el guion. Me mandan versiones, hago comentarios, las revisamos y volvemos a trabajar sobre ellas. También participo en el casting y puedo hacer aportaciones cuando veo cortes de la película. Y, de vez en cuando, voy al rodaje. No estoy durante todo el proceso, pero sí algunos días, y es una experiencia muy divertida. La experiencia que he adquirido con las adaptaciones anteriores también me ha dado más seguridad para defender determinadas decisiones.
Marfil pertenece a una generación de novelas que ha demostrado que la literatura juvenil puede convertirse en un fenómeno cultural enorme. ¿Crees que todavía existe cierto prejuicio hacia lo que leen los adolescentes?
Sí, y creo que seguirá existiendo, aunque cada vez menos. Siempre habrá un sector alejado de este tipo de literatura que la juzgue desde cierta superioridad, incluso sin haberla consumido. Es un prejuicio que existe también en otros ámbitos y, en este caso, creo que tiene mucho que ver con el hecho de que buena parte de estas historias sean consumidas y escritas por mujeres.
Pero creo que los éxitos que estamos viendo están demostrando que existe un mercado enorme. Muchas autoras, y especialmente autoras españolas, estamos ocupando un espacio importante y nuestras historias están llegando a distintas generaciones. Además, están consiguiendo algo fundamental: que muchos jóvenes lean. Creo que eso merece tener su espacio y que cada vez más medios se hagan eco de este fenómeno.
Película Marfil
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Además, muchas de las grandes protagonistas de este fenómeno son escritoras y lectoras jóvenes. La cultura popular ha reivindicado mucho el romance en los últimos años, pero todavía existe cierto desprecio hacia aquello que consumen mayoritariamente las mujeres jóvenes. ¿Crees que hay un componente de género en la forma en que se juzgan estos fenómenos?
Sí. Creo que, en buena medida, tiene que ver con el prejuicio que todavía existe entre algunos hombres a la hora de reconocer que les gusta algo asociado tradicionalmente a las mujeres. Una mujer a la que le gusta el fútbol, por ejemplo, normalmente no tiene miedo de decirlo, pero todavía hay hombres que sienten que admitir que disfrutan de un determinado libro o una historia romántica puede hacer que los demás los juzguen.
Hace poco vi un TikTok de un chico que había elegido un libro de una portada rosa porque le había llamado la atención y resultó ser uno de los míos. Contaba que le había encantado y que no tenía ningún problema en reconocerlo, aunque probablemente se reiría si un amigo le dijera que se lo había leído. Para mí fue muy significativo, porque creo que demuestra que estamos avanzando. Además, cada vez vienen más chicos a mis firmas, y eso también refleja ese cambio.
Tus historias nacieron en plataformas digitales y después saltaron al mundo editorial y ahora al audiovisual. ¿Cómo crees que internet y las redes han cambiado la manera en la que los jóvenes descubren, recomiendan y viven la literatura?
Creo que las redes sociales han revolucionado por completo el sector literario. Una de las cosas más positivas es que han creado una comunidad en la que hablar de libros y recomendarlos se ha convertido en algo cotidiano. Incluso han generado toda una cultura alrededor de la lectura, desde los post-its y las pegatinas hasta las fundas para los libros.
Lo veo en lectores jóvenes y también en personas de otras edades. Ahora leer vuelve a ser algo atractivo. Cuando yo empecé a leer era más fácil sentirse diferente o incluso tener cierta vergüenza por hacerlo; ahora, en muchos círculos, ocurre justo lo contrario: lo extraño es no haber leído determinado libro. Me hace muy feliz ver ese cambio y que la literatura vuelva a ocupar un lugar tan importante. BookTok incluso tiene su propio nombre y, de hecho, muchas de las adaptaciones que están teniendo éxito proceden de fenómenos literarios que han vendido millones de ejemplares. Es algo increíble.
El romance ocupa ahora un espacio enorme en libros, series y películas. ¿Qué crees que está buscando esta generación en las historias de amor que hace que conecten tanto con ellas?
Creo que una de las características que me han diferenciado es que mis personajes femeninos son fuertes, rebeldes y no tienen miedo de decir que no. Aunque ahora hay muchas historias que comparten esa mirada, creo que responde también a un cambio generacional. Somos una generación más consciente de dónde venimos y de las injusticias que han vivido nuestras madres y nuestras abuelas, y queremos cuestionarlas.
Me gusta pensar que personajes como Marfil o Noah, de Culpa mía, hacen cosas que hace treinta años habrían sido impensables. En el caso de Marfil, por ejemplo, es importante que quiera aprender a defenderse, que no permita que el secuestro la convierta en una víctima y que quiera recuperar el control sobre su vida. Ese mensaje me parece muy importante. Aunque, por supuesto, ojalá ninguna mujer tuviera que aprender a defenderse de nadie.
Tus libros también han generado conversaciones sobre relaciones intensas, celos, dependencia o dinámicas de poder. ¿Crees que una historia romántica dirigida a lectores jóvenes tiene una responsabilidad especial a la hora de representar este tipo de relaciones?
Creo que cualquier contenido que aborde determinados temas debe tener en cuenta quién lo está leyendo o viendo. Mis libros están dirigidos a mayores de 16 años y nunca hay que perder de vista que estamos hablando de ficción. Yo misma crecí leyendo Crepúsculo y nunca esperé que apareciera un vampiro en mi vida.
Cuando hablamos del amor, y especialmente del primer amor, todo es mucho más visceral. Es también el momento en el que más errores se cometen. No me interesa contar una historia de amor completamente idílica porque creo que no sería real. Muchos hemos vivido ese primer amor que parece desgarrarnos por dentro y, con el tiempo, aprendemos que algunas de esas emociones no eran necesariamente buenas para nosotros.
A veces tenemos que vivir determinadas experiencias para descubrir qué queremos y qué no queremos en una relación. Nadie nace sabiendo amar ni sabiendo cómo relacionarse con otra persona. Por eso también aprendemos a través de nuestras relaciones y de nuestros errores. El primer amor suele ser el más intenso: es el que te mueve todo y te hace pensar que te vas a morir de amor. Pero nadie se muere de amor. Al final, estamos hablando de ficción y de entretenimiento. Una historia necesita conflicto. Si tuviera que contar que una pareja simplemente comió perdices y fue feliz, probablemente nadie me leería. Creo que es importante saber diferenciar entre lo que estamos contando como ficción y lo que entendemos como un modelo de relación en la vida real.
D.R
Marfil es un personaje con mucha fuerza, pero también está sometida a situaciones bastante límite. ¿Qué era importante para ti que la película entendiera de ella más allá de su relación con Sebastian?
Sobre todo, que no se puede juzgar a una persona a primera vista. Al principio, Marfil puede parecer la típica chica que lo ha tenido todo: es adinerada, vive en Nueva York, sale de fiesta y aparentemente nunca ha tenido problemas. Pero, a medida que profundizas en ella, descubres que ha perdido a su madre, que fue asesinada, y que su padre ha estado ausente durante buena parte de su vida. Todo eso ha hecho que construya una coraza.
Lo importante es descubrir la fuerza que hay detrás de esa apariencia. Cuando atraviesa una experiencia traumática como un secuestro, no se viene abajo: quiere salir adelante y luchar. Y en la segunda parte, además, adquiere una posición desde la que puede defender a otras mujeres. Para mí, ese es uno de los mensajes más importantes de la historia. El libro se llama Marfil porque ella es el centro de todo. Y la película también gira alrededor de ese personaje femenino fuerte, aunque Sebastián tenga, por supuesto, un papel fundamental.
La relación entre Marfil y Sebastian es uno de los grandes motores de la historia. ¿Qué crees que tenía esa pareja que hizo que tantos lectores —y ahora espectadores— conectaran con ellos?
Hay varios elementos. El cliché de guardaespaldas y protegida funciona muy bien y hay determinados clichés que, por mucho tiempo que pase, siguen funcionando. También está el amor prohibido y el enemies to lovers: esa relación complicada que no debería suceder y que, precisamente por eso, quieres que suceda.
Además, son dos personas con personalidades completamente diferentes. Sebastián es serio, adulto y viene del ejército, mientras que Marfil es impulsiva, le gusta salir y no tiene miedo de luchar por lo que quiere. Cuando le gusta Sebastián, no se queda esperando a que él dé el primer paso: toma las riendas y va a por él. Creo que todos esos elementos hacen que la relación resulte atractiva y, al mismo tiempo, introduce una dinámica diferente a la que estamos acostumbrados a encontrar en este tipo de historias.
¿Crees que una adaptación puede hacer que una historia que ya conoces vuelva a sorprenderte? ¿Has descubierto algo de Marfil al verla desde fuera que no habías visto cuando la escribiste?
Me ha sorprendido especialmente cómo han conseguido combinar la trama de acción y thriller con la historia de amor. En un libro tienes mucho más tiempo para desarrollar cada elemento, mientras que en una película de alrededor de dos horas tienes que concentrarlo todo: no solo construir la relación entre los protagonistas, sino también desarrollar la trama de suspense.
Creo que han conseguido hacerlo muy bien. Y después está todo el componente audiovisual: la acción, Nueva York, la dimensión de los escenarios… Hay elementos que, al verlos en pantalla, adquieren una fuerza que no tienen de la misma manera cuando los imaginas mientras escribes. Ha sido muy bonito verlo.












