

Lionel Messi anunció su retiro de la Selección Argentina y cerró una historia de amor de 21 años que tuvo de todo, con frustraciones, críticas, finales perdidas, una renuncia que por fortuna no fue definitiva y, finalmente, la gloria que encontró su pico máximo en Qatar 2022, cuando levantó la Copa del Mundo que había perseguido durante casi toda su carrera. El último capítulo no tuvo el desenlace soñado porque Argentina perdió ante España la final del Mundial de Canadá, México y Estados Unidos 2026, aunque Leo volvió a ser extraordinario y terminó el torneo con ocho goles ¡a los 39 años!
Pero para que existiera todo aquello primero tuvo que haber una primera vez. Y esa primera vez estuvo lejos de ser producto de la casualidad: Argentina debió moverse rápido para asegurarse a aquel adolescente rosarino que se había ido muy chico a Barcelona, maravillaba en las divisiones juveniles y ya estaba en la mira de España. José Pekerman, Hugo Tocalli y Omar Souto fueron tres personajes fundamentales de una trama que, más de dos décadas después, ya no tiene casi nada de secreta.
Hay que viajar hasta 2003 para encontrar el comienzo de esta historia. Argentina disputaba el Mundial Sub 17 de Finlandia y perdió en semifinales contra España, pero fue después de ese partido cuando Pekerman recibió un dato que terminaría teniendo una dimensión difícil de imaginar en aquel momento. “La primera vez que escuchamos hablar de él fue en el Mundial Sub-17 de Finlandia en 2003, donde perdimos en semifinales contra España. Recuerdo que nos pusimos a conversar con el entrenador español, Juan Santiesteban, y nos dijo que si hubiésemos convocado al chaval del Barcelona ganábamos el torneo. Nos contó de Leo y ya nos quedó dando vueltas el nombre”, le contó años después el entrenador a Clarín. No pasó demasiado tiempo hasta que pudo comprobar personalmente de qué se trataba: mientras trabajaba en España para Leganés, fue a ver un partido de juveniles entre Barcelona y Alcorcón y quedó maravillado con lo que tenía delante de sus ojos.
Pekerman entendió que no había demasiado tiempo que perder y fue hasta la casa de los Messi para conversar con Lionel y con Jorge, su padre. Había una pregunta elemental que necesitaba responder antes de poner en marcha cualquier operativo: ¿para qué selección quería jugar aquel chico nacido en Rosario pero formado futbolísticamente en España? “Le pregunté a Jorge para quién quería jugar. Y me respondió que Lionel ya era grande y que decidía él. Lo miré a Leo y me dijo: ‘Yo estoy muy agradecido a Barcelona, pero yo soy argentino’”, recordó. La respuesta despejó cualquier duda del lado del futbolista, pero todavía quedaba bastante por hacer para transformar aquel deseo en una realidad porque España conocía perfectamente el talento que tenía en sus juveniles y también lo quería para su seleccionado.
Pekerman llamó entonces a Hugo Tocalli, quien estaba preparando al Sub 20, y empezaron a diagramar un amistoso para que Messi pudiera ponerse la camiseta argentina. Había que hacerlo rápido y, al mismo tiempo, cumplir con una serie de requisitos formales, por lo que Tocalli recurrió a Julio Grondona para poner en marcha la maquinaria de la AFA. “Hugo Tocalli estaba preparando el equipo Sub-20 y me pidió que yo hablara con Julio Grondona para organizar. Había que hacerlo todo a las apuradas y no era fácil porque tenía que ser un amistoso oficial, con árbitros internacionales”, explicó Pekerman, quien aprovechó aquella gestión para hacerle un único pedido al entonces presidente de la AFA: “Le pedí solo una cosa a cambio: que se jugara en la cancha de Argentinos porque ahí había jugado el mejor de todos los tiempos, Maradona”.
Mientras Pekerman y Tocalli resolvían la cuestión futbolística e institucional, todavía faltaba algo que hoy parece insólito por la hiperconectividad de estos tiempos: había que encontrar a Messi. Ahí apareció Omar Souto, histórico empleado de la AFA y durante décadas una pieza fundamental en la logística de las selecciones nacionales, a quien Tocalli le encargó ubicar a ese juvenil del Barcelona del que cada vez se hablaba más. No había WhatsApp, redes sociales ni un contacto cargado en el teléfono y Souto apenas contaba con algunos datos básicos, por lo que salió del predio de Ezeiza, llegó hasta un locutorio de Monte Grande y comenzó una búsqueda artesanal a partir de una guía telefónica de Rosario.
Souto buscó el apellido Messi y empezó a llamar. Primero consiguió comunicarse con la abuela de Lionel, después llegó hasta un tío y finalmente obtuvo el teléfono de Jorge, con quien pudo confirmar lo más importante: su hijo quería jugar para Argentina. Hasta hubo un equívoco que con los años se convirtió en una de las anécdotas más simpáticas de aquella búsqueda, porque Souto interpretó que “Leo” era el diminutivo de Leonardo y así lo anotó en una de las primeras convocatorias. Poco importaba el error de nombre ante el objetivo que se había conseguido: la AFA había localizado al chico que maravillaba en Barcelona y su familia había ratificado que la voluntad de Lionel era vestir la camiseta del país en el que había nacido.
El operativo desembocó el 29 de junio de 2004 en la cancha de Argentinos Juniors, donde Argentina enfrentó en un amistoso a un seleccionado juvenil de Paraguay en un partido cuya trascendencia histórica terminó siendo infinitamente superior a cualquier resultado. Messi tenía apenas 17 años y ni siquiera había debutado oficialmente en la Primera del Barcelona, algo que ocurriría meses más tarde, pero esa tarde se puso por primera vez la camiseta albiceleste. El escenario tampoco había sido elegido porque sí: Pekerman había querido que todo comenzara en la cancha en la que Diego Maradona había dado sus primeros pasos como profesional, estableciendo un puente simbólico entre el futbolista que había marcado una época y ese adolescente sobre el que empezaban a construirse expectativas gigantescas.
La obsesión de Pekerman con esos pequeños guiños de la historia volvería a aparecer poco más de un año después, cuando llegó el momento de hacer debutar a Messi en la Selección Mayor. El rival elegido para el amistoso del 17 de agosto de 2005 fue Hungría y tampoco hubo casualidad. “Nosotros, el cuerpo técnico, elegimos a propósito a Hungría como rival para el debut de Messi en la Selección Mayor. No hace falta que diga quién había debutado contra el mismo equipo, ¿no?”, contó alguna vez el entrenador. Se refería, por supuesto, a Maradona. Aquella primera vez de Leo entre los grandes terminó de una manera tan inesperada como recordada: ingresó en el segundo tiempo y fue expulsado casi inmediatamente después de reaccionar ante un agarrón del defensor Vilmos Vanczák. Se fue de la cancha desconsolado sin poder imaginar que aquel estreno accidentado sería apenas la primera página de una de las carreras más extraordinarias de la historia del fútbol de selecciones.
Después vino todo lo demás. Messi cargó durante años con las comparaciones con Maradona y con la exigencia de reproducir con la camiseta argentina todo lo que conseguía con Barcelona, perdió finales que parecían alimentar la idea de que la gloria con su país se le negaría para siempre y llegó incluso a anunciar su renuncia después de la Copa América Centenario de 2016. “Se terminó para mí la Selección”, dijo aquella noche en Estados Unidos, pero regresó y el tiempo terminó modificándolo todo. La Copa América de 2021 en el Maracaná rompió la barrera, después llegaron la Finalissima y, fundamentalmente, Qatar 2022, cuando el chico al que Pekerman había ido a buscar a su casa terminó levantando como capitán la Copa del Mundo.
Ahora sí se terminó. Messi decidió despedirse después de otro Mundial extraordinario en lo individual, con ocho goles y una nueva final, aunque esta vez Argentina no pudo completar el recorrido y perdió el título contra España. Y hay en ese desenlace una de esas circularidades que parecen escritas de antemano: España estuvo en el comienzo y también terminó apareciendo en el final. Fue un entrenador español quien le habló a Pekerman por primera vez de aquel “chaval del Barcelona”, fue la Federación de ese país la que lo tuvo en su radar cuando todavía no había jugado para Argentina y fue su selección la que terminó siendo rival en el último partido de Messi con la camiseta albiceleste.






