Ángeles Castillo

Herend es una pequeña localidad de Hungría, al pie de las colinas de Bakony y próxima al lago Balatón y la antiquísima ciudad de Veszprém. Está rodeada de bosque y tiene fama en el mundo entero por su porcelana, que hizo las delicias de Victoria de Inglaterra, la reina por antonomasia, la soberana que gobernó un imperio que abarcaba una cuarta parte del planeta. La tatarabuela de Isabel II -hay que recordarlo- fue emperatriz de la India. Gustarle a la reina Victoria ya era caer en gracia. Y Herend la conquistó.

La manufactura, fundada en 1826, once años antes de que Su Majestad llegara al trono, se convirtió desde primera hora en el emblema de la elegancia, el refinamiento y el lujo. Sus piezas, elaboradas íntegramente a mano por maestros artesanos, han conquistado a casas reales europeas durante generaciones y siguen siendo hoy un referente de la alta porcelana. Como curiosidad, el príncipe Guillermo y Kate Middleton recibieron un juego de 45 piezas de Herend como regalo de bodas de parte de Hungría, lo mismo que Harry y Meghan Markle. Y, anteriormente, los príncipes Carlos y Diana.

TAMBIÉN TE INTERESA

La Fábrica de Porcelana de Herend, todo un icono cultural del país del último premio Nobel de Literatura, László Krasnahorkai, está de aniversario. Cumple 200 redondos años, dos siglos como guardiana de los valores de la antigüedad, de ahí que se la llame Hungarikum. Durante este tiempo, no ha hecho sino sumar prestigio y gloria. Así que cuando surge la pregunta de qué es lo que tienen en común la reina Victoria, los salones de múltiples palacios europeos y el trofeo del Gran Premio de Hungría de Fórmula 1, la respuesta está clara. 

Herend y la reina Victoria

Esta porcelana, pese a dejarse ver en los circuitos de automovilismo, no podía ser más palaciega. En ella vuelan las mariposas y abren sus pétalos las flores. Uno se la imagina sin esfuerzos en los salones del castillo de Windsor. De hecho, esta decoración, la correspondiente a Victoria Herend, es la más conocida de la marca. Fue creada por el propio Fischer Mór, segundo fundador y propietario de la fábrica -no se conserva nada del primero, Vince Stingl-, con el nombre de Kakiemon, al estar inspirada en la porcelana oriental firmada por el maestro alfarero Sakaida Kakiemon en el siglo XVII.


La vajilla de la colección Royal Garden que Harry y Meghan recibieron como regalo de bodas de Hungría.


HEREND


Pero durante la Gran Exposición de las Obras Industriales de todas las Naciones de 1851, la primera Exposición Universal, que tuvo lugar en el Palacio de Cristal de Hyde Park (Londres), la reina Victoria quedó prendada del diseño y encargó un juego de porcelana para Windsor. Entonces, Fischer Mór, que siguió la estela de los talleres bohemios de la época y satisfizo el gusto de los aristócratas húngaros, deseosos de reemplazar sus vajillas de Sèvres o Capodimonte, decidió ponerle como nombre Victoria. A partir de ahí, fue capricho de reyes, reinas, príncipes y princesas.

Un huevo y dos ángeles

Con el paso de los años, se fueron creando distintas variantes, muy apreciadas por los clientes, como confirman desde la marca. A principios del siglo XX, continuó la tradición la colección Queen Victoria avec Bord en Or (VBO), en francés, que era el idioma de las relaciones internacionales entonces. Se enriquecían las piezas con los bordes dorados, se reducía el tamaño de los dibujos y se suavizaban los colores. A esta le siguió la VBA, más minimalista y en blanco. El siglo XXI trajo la vajilla Royal Garden, para celebrar la boda de Guillermo y Kate, y la variedad de colores. El púrpura, el de la realeza, para esta pareja. El turquesa, para Harry y Meghan.

De Herend no solo llaman la atención sus vajillas, sino su majestuoso edificio (1840), considerado patrimonio histórico nacional y enmarcado en el estilo clásico tardío. Es curioso lo mucho que recuerda su entrada al universo Dalí, por su cúpula con forma de huevo y enmarcada por dos enormes ángeles. Además, con motivo del bicentenario se han organizado exposiciones, como Bicentenary Herend, que plantea un recorrido por su evolución artística para descubrir no solo la colección Victoria, sino también la Rothschild, en honor de esta legendaria dinastía europea de origen judeoalemán, o la Apponyi, en referencia a la histórica familia húngara, ligadas las tres a la identidad de la firma.


La entrada a la manufactura Herend, en la ciudad húngara del mismo nombre.


VISIT HUNGARY


Aparte de acceder al museo y admirar las colecciones históricas, al visitante se le presenta la oportunidad de conocer de cerca el proceso de fabricación, desde el modelado y la cocción hasta la pintura, que apenas ha experimentado cambios en estos dos siglos. Asimismo, se puede ser artesano por un día gracias a los talleres participativos en los que se decora la porcelana, se montan pequeñas figuras o se aprenden diferentes técnicas.

En Herend se han lanzado a hacer 200 cascos de carreras en miniatura de porcelana, numerados individualmente y pintados a mano, para conmemorar sus 200 años. Son piezas de coleccionista y con idéntico diseño que los trofeos oficiales del Gran Premio de Hungría de Fórmula 1. De palacio a las carreras, al final, no hay tanta distancia. Por cierto, el lujoso hotel Four Seasons Gresham Palace de Budapest, junto al Danubio, sirve el té de las cinco de la tarde en un juego de esta porcelana.

NO TE PIERDAS