Mi abuela siempre decía que para tener una casa en perfecto estado de revista lo más importante es que estuviera ordenada. «Nadie va a ir a pasar el dedo por los muebles a ver si hay polvo», aseguraba. Aunque, espóiler, como buena abuela, en la suya nunca había ni una mota. ¿Su secreto? Dedicar cinco minutos a pequeñas tareas rutinarias de organización doméstica que le ayudaban a que siempre todo pareciera impecable.
Aquí la clave está en lo que me han repetido mis padres mil veces a lo largo de mi vida: «Lo importante para que las cosas estén ordenadas es no desordenar antes«. Como fieles seguidores de la escuela de mi abuela, todos hemos ido incorporando a nuestra rutina esos hábitos que nos enseñó. Vi siempre a mi padre recoger hasta el último cacharro de la encimera mientras cocinaba y mi madre no se va a la cama sin que los cojines del sofá estén en su sitio. Son esos pequeños detalles los que, sin apenas esfuerzo, hacen la vida en casa más sencilla y, sobre todo, organizada. Por supuesto, yo también los aplico en mi día a día.
Y es que cuando hablo de hábitos que no suponen esfuerzo y que no llevan más de cinco minutos cada uno puede parecer que exagero, pero nada más lejos de la realidad. Son tan sencillos y se incorporan de una forma tan natural en nuestro día a día, que una vez que los empiezas a poner en práctica, casi ni te das cuenta. Y si no me crees, cronométrate en cada tarea o pon una canción que guste y mira hasta dónde has llegado en tus quehaceres cuando acabe. Te va a sorprender.
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1. La mesa se recoge al momento (y la cocina, también)
Somos un país de sobremesa, eso es innegable. Pero, ¿a quién no le da pereza ponerse a recoger cacharros después de dos horas de animada charla? Eso desemboca en caos, así que lo mejor es hacerlo todo al momento. Mientras se cocina, vamos metiendo los utensilios que ya no necesitamos en el lavavajillas, y los ingredientes, se devuelven a su sitio. Nada más terminar de comer, se despeja la mesa (y se mete todo lo sucio a lavar) antes de servir el café. Si lo hacemos de esta manera, evitaremos la acumulación y el desorden y cuando el festín hay terminado, nosotras tendremos la cocinay el comedor tan recogidos que podría venir nuestra suegra por sorpresa sin sonrojarnos.
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2. Después de una fiesta en casa, también (aunque sean las 5 de la mañana)
Este mismo hábito lo aplico también a esas celebraciones más multitudinarias que se prolongan hasta altas horas de la madrugada. No hay nada peor que despertarte después de una reunión de familia y amigos en casa y ver que parece que ha pasado por el salón el Séptimo de caballería. Así que soy de las que no se va a la cama sin recoger. Al menos, lo más «gordo». Aquí también tengo mis trucos de ir organizando sobre la marcha. Colocar cestas en varios puntos para que los invitados vayan dejando el menaje que ya han usado e ir poniendo (y colocando) lavavajillas sobre la marcha ayuda a ir más rápido cuando todos se han ido, así como cubos de basura para tirar deshechos. Al salir, cada uno se lleva una bolsa al contenedor correspondiente. Por la mañana, eso sí, toca zafarrancho de limpieza: aspiradora, fregona, baños, cambio de toallas en los lavabos… Y aquí ya no son cinco minutos, pero se ahorra mucho tiempo, esfuerzo y pereza.
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3. Dejar todo como estaba
Siempre intento aplicar en mi vida la filosofía de «deja todo como estaba antes de que llegaras o mejor de como lo encontraste». En la playa, en la montaña y, por supuesto, en mi casa. Así que si has utilizado algo y terminas con ello, lo devuelves a su lugar de origen en el momento, así evitas la acumulación de cosas fuera de lugar. Eso incluye juguetes, un libro, tu mesa del despacho, una taza de café, el jersey que te has puesto en casa porque tenías fresco o los cojines del sofá. Porque ¡ay, el sofá! Cuando uno se levanta, organizar mantas y textiles o volver a dejar el mando de la tele en su sitio nos ayudará a mantener esa estancia siempre ordenada. Créeme: esta tarea terminará antes de que empiece el estribillo de tu canción favorita.
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4. No rotundo a la silla llena de ropa
Una de las cosas que me ponen los pelos de punta en cuanto a la casa se refiere es esa famosa silla llena de ropa acumulada que hay en muchos dormitorios. Tu casa no es la entrada de los probadores de Zara, así que si no vas a usar ese asiento para ponerte los zapatos, quítalo para evitar tentaciones. La ropa se coloca en el armario. Punto. Cuando no te la vas a poner más ese día, cuando acabas de cogerla del tendedero (que, por cierto, se recoge en cuanto está seca, no a la semana siguiente), cuando terminas de planchar o cuando deshaces la maleta nada más llegar de viaje. Se tarda menos de un minuto en colgar un vestido, pero si lo que tienes ahí tirados (y ya arrugados) son veinte más tres vaqueros, siete camisetas, cinco blusas y tres pares de zapatos, perderás por lo menos una hora de tu valioso tiempo. Si, de paso, ordenas el vestidor por colores y tipos de prenda, además de verse mucho más organizado, ahorrarás tiempo y dinero cada día.
5. La cama siempre tiene que estar bien hecha
Si hay algo que perturba el orden de una casa, además de un fregadero y una encimera llenos de cacharros sucios, es un dormitorio con la cama sin hacer. Toma nota: según te levantes, abre de par en par las ventanas y retira hacia los pies de la cama las sábanas y el edredón. En el tiempo que tardas en ducharte, la habitación estará más que ventilada y antes de vestirte podrás hacer la cama y colocar todos los cojines bien mullidos para que cuando vuelvas, lo encuentres como si fuera la suite de un hotel. Tres minutos, lo tengo cronometrado.
La verdad es que no creo que mi abuela María, de Robledo de Chavela (Madrid), escuchara hablar en sus 101 años de los milenarios métodos japoneses de orden. Ni de las cinco reglas del Dan Sha Ri ni del ritual del Oosouji o el Koromogae. Tampoco del método FlyLady, del Kaizen o del Bisou. Tampoco oyó nunca hablar de Marie Kondo ni la vi abrazando calcetines. Pero sus cinco minutos de rigor para tener todo en orden quizá necesiten su propio espacio en los manuales de organización. Los que funcionan de verdad.












