«Resetear» el cuerpo en agosto no significa dejarlo todo. La Dra. Mariel Silva, directora médica de SHA Spain, lo explica desde el concepto: «Es una metáfora para describir la recuperación de un equilibrio que puede haberse alterado por el estrés, la falta de sueño, el sedentarismo, los horarios irregulares o una alimentación desordenada«. Devolver regularidad a esos ritmos básicos, dormir mejor, moverse con frecuencia, recuperar fuerza y comer de forma más estructurada, es lo que crea las condiciones para que el organismo funcione con más eficiencia.
En el plano psicológico, el reset tiene otro nombre: bajar el estado de alerta. «Implica disminuir el estado de alerta constante, desconectar de las demandas laborales, reducir la multitarea y recuperar espacios de atención, disfrute y descanso real«, explica la Dra. Silva. También supone volver a percibir señales tan básicas como el cansancio, el hambre o la tensión, que durante los meses de mayor exigencia suelen quedar completamente relegadas.
Agosto reúne condiciones favorables para ese proceso, pero no lo garantiza por sí solo. «Estar de vacaciones no garantiza por sí solo una recuperación. Si agosto se convierte en un mes de horarios caóticos, noches cortas, exceso de compromisos, alcohol frecuente o inactividad prolongada, el resultado puede ser el contrario», advierte la Dra. Silva.
Los hábitos físicos que marcan la diferencia
Combinar movimiento diario con trabajo de fuerza es la base. «La base puede ser caminar a buen ritmo, nadar, montar en bicicleta o realizar actividades al aire libre la mayoría de los días. A ello es recomendable añadir dos o tres sesiones semanales de fuerza, ajustadas al nivel de cada persona», señala la Dra. Silva. La fuerza conserva masa muscular y mejora la estabilidad articular, dos factores que facilitan la vuelta a la rutina en septiembre.
El error más frecuente en este punto es pasar de la inactividad a un programa muy intenso en pocas semanas. «La mejora física depende más de la regularidad que de la exigencia extrema. Moverse cada día, mantener la fuerza y progresar de forma gradual suele producir mejores resultados que entrenar mucho durante unos días y abandonar después», explica la Dra. Silva. Con temperaturas elevadas conviene entrenar en las horas más frescas, hidratarse de forma regular y detener el ejercicio ante mareo, náuseas o debilidad inusual.
Descansar no es lo mismo que hacer planes
Una agenda llena de viajes, comidas y compromisos puede ser agradable sin ser reparadora. «El cerebro necesita momentos con menos estímulos, sin multitarea, sin notificaciones y sin la sensación de tener que aprovechar cada minuto», explica la Dra. Silva. Pasear sin teléfono, leer, estar en silencio o pasar tiempo en la naturaleza ayudan a bajar esa activación constante asociada al estrés.
El sueño es la base de todo el proceso. «Acostarse y levantarse a horas muy diferentes cada día puede dificultar la vuelta a la rutina y empeorar la calidad del descanso. Mantener cierta regularidad, exponerse a la luz natural por la mañana y reducir las pantallas al final del día favorece una recuperación más estable», señala la Dra. Silva. La estructura que propone combina tres niveles: sueño suficiente y regular, pausas breves durante el día y periodos más largos de desconexión real, sin trabajo ni pantallas de por medio.
Desordenar completamente el sueño es, según la Dra. Silva, uno de los errores más habituales de agosto. «Encadenar noches cortas puede hacer que la persona llegue a septiembre con una deuda de descanso, aunque haya estado de vacaciones. Recuperar de golpe el horario laboral suele resultar difícil y puede empeorar la energía, el estado de ánimo y la concentración durante los primeros días», advierte.
¿Es posible llegar a septiembre en mejor forma que al empezar el verano? «Sí, es posible, siempre que agosto se gestione con objetivos realistas y hábitos sostenibles», afirma la Dra. Silva. Moverse cada día, mantener dos o tres sesiones semanales de fuerza, dormir con horarios relativamente estables y reservar espacios de desconexión real es lo que produce esa mejora perceptible al volver.
Lo que marca un antes y un después no es el peso ni la apariencia. «Dormir mejor, tener más energía al despertar, necesitar menos esfuerzo para moverse, notar una mejor recuperación tras el ejercicio o llegar a septiembre con una rutina que pueda mantenerse son señales más útiles y relevantes para la salud», resume la Dra. Silva. Agosto puede ser un mes de transición hacia un ritmo más equilibrado, o una pausa desordenada de la que cuesta más volver.












