
CB: ¿Qué requiere realmente alguien para dedicarse a la música?
JC: Hay una frase que dice “uno es lo que hace mientras nadie lo ve”. A mí la música me pasa por dentro independientemente de si me llaman a tocar o de si hay escena o no. Me levanto a las 8 de la mañana y ya estoy prendiendo el Ableton Live; es un gusto genuino, voy como perro al hueso. Si no te gusta el proceso, al primer frío no vas a entrenar.
También hay mucho de autodisciplina, de monje. Un vecino del barrio me decía siempre: “Vos tenés la conducta de un monje”, porque me veía encerrado todo el día produciendo. Para mí es un estilo de vida.
CB: Dijiste que el techno es como una religión. ¿Qué lo hace diferente a otros géneros?
JC: Es la historia de mi vida. Son mis amigos, es ser Chicho. Cuando me falta trabajo o no voy de gira, me entra una crisis de identidad, me pregunto quién soy, pero vuelve el trabajo y vuelve Chicho con fuerza. Para mí el techno es un arte moderno de vanguardia. Me encanta su sonido futurista, esa cosa “nave” y alienígena que nunca me deja de asombrar.
Además, el techno es un arte que sucede en vivo. Cuando combinás dos o tres canales en la mezcla, llegás a momentos brutalistas y magnánimos de audio. Es como el surfista y la ola gigante: el surfista no está todo el tiempo arriba de la ola, son instantes. El techno también son momentos donde de golpe se arma el “olón”, la mezcla se vuelve gigante y ahí se produce el ritual entre el ritmo y la gente.
CB: Mencionabas esa dimensión técnica e innovadora. Richie Hawtin fue una figura importante en tu recorrido, ¿qué significa su figura para la escena?
JC: Richie y Aphex Twin fueron los tipos que llevaron la música electrónica experimental al terreno pop, haciéndola tan vendible como el rock sin perder sofisticación. Richie además es un gurú tecnológico: usa Traktor porque ayudó a desarrollarlo, inventó su propia mezcladora (MODEL 1) y fundamentó filosóficamente el minimal. Es el artista electrónico completo.
A mí me ayudó a mantenerme en mi camino y en mi sueño como pocos. Le estoy muy agradecido y tuve la suerte de podérselo decir en persona hace poco. Le dije: “Te quiero agradecer por lo que ya hiciste”, porque a veces a esas figuras les exigís más y más sin terminar de valorar lo ya construido. Hoy mantenemos una relación muy gratificante, conversamos, filosofamos y nos mostramos música.








