Raquel Rodríguez

Aunque el trabajo que está haciendo Law Roach junto a Zendaya está siendo de lo más aplaudido, lo cierto es que no ha estado exento de polémica. Todo éxito tiene también su parte negativa, y esto es lo que ha ocurrido con uno de los últimos estilismos creados por el estlista para la actriz. Sí, Zendaya se ha convertido en la auténtica reina del method dressing, una forma de comunicar a través de la moda con un discurso narrativo coherente con el tipo de trabajo que está haciendo en la actualidad. Sin embargo, una de sus últimas apariciones no ha sido tan aplaudida como se esperaba.

Si con la nueva entrega de Spider-Man, la actriz arrasó en eventos y alfombras rojas, con La odisea, de Christopher Nolan, no podía ser menos. Para esta nueva película, en la que interpreta a Atenea, la diosa griega de la sabiduría, Zendaya ha optado por lucir estilismos de inspiración mitológica, en los que el blanco, las siluetas etéreas y la elegancia han sido los absolutos protagonistas. De hecho, tal es el trabajo que está haciendo junto a su estilista que estos outfits ya habían generado una grandísima expectación que ha sido superada con creces.

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Sin embargo, como decimos, además de los aplausos, Zendaya también ha sido criticada por el uso de una pieza que no ha gustado nada a los arqueólogos. Fue durante la presentación en Reino Unido, cuando escogió un vestido blanco hecho a medida por Jacquemus, con escote halter y un diseño drapeado que le sentaba de maravilla.

Un vestido que combinó con un pañuelo a juego en la cabeza y unos pendientes que, sin lugar a dudas, se llevaron todas las miradas. Y no, en esta ocasión no ha sido por lo grandes que eran o por el mensaje que escondían detrás en relación con la nueva película. Esta vez ha sido por su origen.


El plémico look de Zendaya.


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Se trata de unos medallones de oro de Glenn Spiro que datan aproximadamente del primer milenio antes de Cristo. Es decir, son unas joyas con cerca de 3.000 años de antigüedad que actualmente pertenecen a la firma Baron London. No están a la venta, forman parte de la colección privada de la marca y proceden de Irán, según la arqueóloga Annelise Baer.

Los expertos explican que podría tratarse de objetos que formaban parte de un elemento decorativo mucho más amplio y que han generado una gran polémica al cuestionarse si es apropiado utilizar artefactos de un valor histórico y patrimonial incalculable sobre una alfombra roja. Consideran que son objetos que deberían conservarse en museos o incluso destinarse a la investigación, y no utilizarse como complemento de un estilismo para un determinado momento.


Los pendientes forman parte de la colección Old World Collection del joyero londinense Glenn Spiro, que utiliza artefactos reales procedentes de Oriente Medio, el norte de África y África occidental.


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Desde Baron London aseguran que los medallones están sujetos mediante un engaste simple y no invasivo, pensado para no alterar ni dañar la pieza original. Además, la firma defiende que este tipo de diseños pueden ayudar a divulgar el legado artístico y cultural de Irán y abrir un debate sobre la conservación del patrimonio. Y es que, según los defensores del uso de este tipo de complementos, es una forma de acercar estas piezas al gran público sin modificar los originales.

Algo con lo que no concuerda Dr. Z The Archaeologist. «Es muy probable que estos artefactos hayan sido expoliados de Irán y ahora están adornando las orejas de una actriz estadounidense de un país que acaba de bombardear Irán«. Y es que, el debate no gira únicamente en torno a Zendaya, sino al origen y la trazabilidad de las piezas.

Hasta donde se ha hecho público, no existe una resolución que demuestre que los pendientes utilizados procedieran de un expolio ilegal. La polémica surge porque especialistas en patrimonio cuestionan la conveniencia de exhibir y comercializar objetos arqueológicos de este tipo, aunque su tenencia pueda ser legal, ya que consideran que ello puede incentivar el mercado de antigüedades y generar problemas para la conservación del patrimonio.

«El objetivo de estos pendientes no es mostrar el auténtico valor artístico del mundo antiguo. Lo que hacen es fetichizar el pasado, convertirlo en un objeto de lujo robado para las élites y hacer circular bienes culturales de forma ilegal e inmoral. Unas réplicas bien hechas me parecerían estupendas, pero ese no es el propósito de este estilismo. Esto va de transmitir estatus social«, sentencia

Ruth, una Historiadora del Arte y divulgadora en redes, ha apoyado la opinión de la arqueóloga: «El expolio de objetos arqueológicos trae consigo unas consecuencias brutales, ya que, cuando se sustraen, se suelen reventar los sitios arqueológicos y no permiten que se puedan estudiar a posteriori. Y sin mencionar, por supuesto, el atentado que esto supone a la identidad del pueblo al que se está robando. Que, a ver si nos entra de una vez en la cabeza, el patrimonio es la base de nuestra identidad social«.

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