

La Scaloneta es un equipo de autor, tal como lo definió con maestría Marcelo Bielsa después de la consagración de Qatar. Pero también es un equipo de época, uno de esos que terminan marcando a fuego a toda una generación. Lionel Messi estará acompañado en el Olimpo por varios compañeros que también se ganaron ese privilegiado lugar. Se habla de Lionel Scaloni, claro. Y de Emiliano Martínez, de Cristian Romero, de Rodrigo De Paul, de Alexis Mac Allister, de Leandro Paredes, de Enzo Fernández, de Julián Álvarez, de Lautaro Martínez y del resto. Bastaría con darse una vuelta por cualquier Registro Civil para comprobar cuántos de esos nombres empezarán a repetirse en los próximos años. Serán muchísimos, qué duda cabe. Porque la Scaloneta no es otra cosa que el gran equipo del pueblo argentino.
Hace falta mucho más que talento y títulos para llegar al corazón de la gente. Empatía es una palabra que acompaña a esta Selección y que explica como pocas la conexión con los hinchas. Sus jugadores podrían ser esos nietos atentos que les acarician las manos a los abuelos y los miran a los ojos. Por eso las cámaras de televisión recorren hogares de adultos mayores para mostrar cómo viven cada partido. También podrían ser esos hermanos o primos que siempre están cuando realmente importa, no los que aparecen simplemente para los saludos de cumpleaños. Por eso ver a la Selección se convirtió en una ceremonia familiar, con pizzas, asados o meriendas, según el horario que toque. Lo mismo ocurre con los amigos de verdad, esos que hablan poco pero siempre están. Por eso los grupos de WhatsApp explotan antes, durante y, sobre todo, después de cada partido.
Y, por supuesto, los futbolistas de la Scaloneta también podrían ser los amados hijos, cuyo vínculo con los padres supera incluso las discusiones más profundas y hasta las peleas eternas. Por eso, durante este Mundial, no faltaron los llamados de papá y mamá para hablar del último gol de Leo o de la serenidad de Scaloni.
Todo eso ayuda a explicar lo que ocurre en cada rincón del país. En la Argentina no es habitual salir masivamente a la calle para festejar. Generalmente se sale para reclamar, protestar o exigir. Pero el fútbol consigue romper esa lógica y ahí proliferan los videos en el Obelisco y también en los sitios más recónditos de la nación, como por ejemplo la Base Marambio.
«Los Mundiales para los argentinos son especiales, lo sabemos. Por ahí nos olvidamos de todo lo que nos toca pasar, que hay gente que no tiene trabajo, que no llega a fin de mes o que la vive peleando. Es la vida nuestra, lo que nos tocó siempre. Por eso nos pone felices estar en una nueva final», resumió un Messi tan comprometido como sensible.
La Scaloneta es el equipo que penetra en todas las capas de la sociedad porque transmite valores y emociona y penetra. También porque no esquiva las causas que considera propias. Levanta la bandera de Malvinas con naturalidad, sin importaciones. Los maestros de primaria deben sonreír al ver que Messi, Giovani Lo Celso y compañía hicieron que miles de chicos volvieran a preguntar en sus casas por las islas, por la guerra y por una causa que sigue viva en la memoria colectiva.
También se abrazan a esta Selección los docentes y los profesionales de la salud, héroes del silencio en un país que lamentablemente se empecina en volver a comenzar cada vez que asume un nuevo presidente. No hay hospital, clínica o centro médico donde no haya una pantalla siguiendo los partidos. Hace patria, tal como contó el diario Olé, Celso Lamas, maestro rural de la escuela de San José del Aguilar, en Salta, que recorre unos 70 kilómetros en moto para dar clases a un puñado de chicos y mirar a la Scaloneta desde un viejo celular.
«Jugamos con el cuchillo entre los dientes. Sabíamos que para la gente era un partido especial», contó Emiliano Martínez. «No voy a mentir, somos todos argentinos y lo vivimos como los hinchas. Sabíamos la magnitud de este partido y desde el primer minuto lo fuimos a buscar. Tuvimos que sufrir porque es un rival muy duro, pero al final siempre somos los que proponen, los que van sin miedo y los que quieren ganar», agregó Lisandro Martínez. Y Leandro Paredes completó la idea: «Somos conscientes de lo que significa Inglaterra para este país, para nosotros y para la historia, por ese momento triste que vivió la gente y que seguramente hoy en día está muy contenta».
Quizás dentro de algunos años nadie recuerde el resultado exacto de la semifinal contra Inglaterra ni quién dio las asistencias de los goles de Enzo y Lautaro. Lo que permanecerá perenne será otra cosa: la sensación de haber sido contemporáneos de un equipo que logró algo mucho más difícil que ganar partidos. La Scaloneta consiguió que millones de argentinos volvieran a encontrarse alrededor de una misma ilusión, sin importar la edad, la provincia, la ideología o la historia personal de cada uno. Y cuando un equipo alcanza ese lugar en el corazón de un país, deja de pertenecer solamente al fútbol para convertirse en parte de su memoria. Por eso es la Selección del pueblo.







