
Entre montañas de hormigón, edificios derrumbados y calles reducidas a escombros, los equipos de rescate tienen un aliado irremplazable: los perros de búsqueda. En ese escenario aparece Argo, un pastor holandés entrenado en Córdoba que integra una brigada internacional preparada para intervenir en catástrofes de gran magnitud como la que golpeó a Venezuela.
Aunque la tecnología avanza año tras año, los especialistas aseguran que todavía no existe una herramienta capaz de igualar el olfato de un perro entrenado para localizar personas con vida.
Fernando Suárez, adiestrador de la escuela Adal Wolf y uno de los responsables del entrenamiento de Argo, explicó que estos animales no buscan cuerpos ni siguen rastros comunes, sino que detectan las moléculas que libera una persona viva.
«Los perros de búsqueda de vivos por venteo trabajan por moléculas aerotransportadas que desprende el ser humano. Ellos codifican esos olores y desde cachorros son entrenados mediante el juego para buscar víctimas con vida», detalló.
«No hay escáner ni tecnología que pueda superar al perro trabajando en una escombrera. Por eso siempre entran en primera respuesta para buscar víctimas con vida», aseguró.
Argo, un rescatista entrenado durante años
En el caso de Argo, el entrenamiento demandó cerca de tres años e incluyó prácticas en estructuras colapsadas, campos abiertos, espejos de agua y escenarios con ruidos extremos para acostumbrarlo a cualquier situación.
«Primero se trabaja la sociabilización y la estimulación del cachorro. Se lo desensibiliza frente a ruidos y distintos estímulos para que nada lo distraiga cuando sale a buscar una víctima», explicó Suárez.
El objetivo es que el animal ignore todo lo que sucede a su alrededor y concentre su atención únicamente en localizar personas. «Cuando recibe la orden de búsqueda, el perro solo se focaliza en encontrar a la víctima. No le importa nada más», resumió.
Cuando Argo detecta el olor humano bajo los escombros, comienza a ladrar de manera insistente para indicar el lugar exacto donde se encuentra la víctima. «El perro condiciona un juguete al olor de una persona con vida. Cuando llega hasta ella recibe su recompensa y así refuerza permanentemente ese comportamiento», explicó el especialista.
Solo uno de cada pocos perros llega a ser operativo
Según Suárez, el proceso para alcanzar la categoría de operativo lleva entre dos y tres años y nunca termina. «El entrenamiento continúa durante toda la vida del perro. Aunque ya sepa trabajar, siempre se sigue reforzando para mantener la eficacia en las búsquedas», indicó.
Además, el guía y el animal deben entrenarse como un solo equipo, ya que cada movimiento durante una emergencia depende de la coordinación entre ambos.
La certificación que le permite actuar en catástrofes internacionales
Argo pertenece a la bombera voluntaria Alejandra Aguirre y forma parte de una brigada USAR, especializada en rescates en estructuras colapsadas.
Suárez aclaró que el perro no pertenece institucionalmente al cuartel, sino a su guía, aunque ambos trabajan junto al cuerpo de Bomberos Voluntarios. Para intervenir fuera del país, además de la certificación nacional como perro de búsqueda, los equipos deben integrar una brigada internacional USAR, que cumple con protocolos específicos para actuar en emergencias de gran escala.








