Aunque el diamante no es necesariamente la piedra más cara del mundo -hay gemas como la jadeíta o la taaffeita que superan notablemente su valor-, lo cierto es que se trata de un tipo de piedra preciosa conocida por su elevado precio. Famosos por su escasez y exclusividad, son también un símbolo de amor, estatus y el compromiso eterno, un márketing que le ha llevado a ser la elección favorita en los anillos de pedidas. La mejor (y más ostentosa, por supuesto) prueba de ello es la carísima pieza que le ha regalado Cristiano Ronaldo a Georgina Rodríguez, su futura mujer.
Se trata entonces de una joya no apta para todos los bolsillos que queda relegada para aquellos que pueden permitirse invertir en alta joyería sin miramientos. Aunque por tamaño puedes dar con opciones de diamantes a un precio algo inferior, una combinación de extracción compleja, control de mercado y un marketing brillante eleva su valor. Y es que, su precio no solo refleja su escasez física, sino el gran valor cultural y emocional que se les ha atribuido. Sin embargo, el mercado español de diamantes se ha vuelto más competitivo con una propuesta mucho más asequible de lo que piensas: menos de 30 euros.
Por qué un diamante es caro
Los diamantes son caros por varios motivos. Para empezar, necesitan un proceso de extracción costoso, ya que encontrar diamantes requiere excavar de manera profunda en la tierra y procesar toneladas de roca, un trabajo largo y muy difícil. Su exclusividad se refiere también a que son la sustancia natural más dura de la Tierra, prácticamente irrayables, lo que los hace casi eternos. Además, está regidos por la regla de las 4 C: corte, color, claridad y quilates (peso). El precio de cada diamante individual se basa en este sistema internacional de control de calidad, por lo que las piezas que cumplen con la máxima pureza e incoloridad son extremadamente raros y codiciados y, en consecuencia, mucho más caros.
Por otro lado, la industria, que ha estado históricamente dominada por un pequeño número de empresas, permite mantener una escasez artificial y regular los precios. A esto se le suma que, como decimos, existe una campaña de márketing y tradición en torno a los diamantes que hacen que sea una pieza mucho más demandada. Su asociación con el compromiso y el amor eterno fue una creación de campañas publicitarias masivas a lo largo del siglo XX, que popularizaron la idea de que «un diamante es para siempre» y sin una oferta amplia, el precio se dispara.
Georgina Rodríguez posa con sus joyas de diamantes.
gtres
Qué son los diamantes cultivados en laboratorio o lab-grown
Para competir con estas cifras, han aparecido los diamantes cultivados en laboratorio, que son diamantes reales y certificados fabricados mediante tecnología avanzada en lugar de ser extraídos de la tierra. Comparten la misma estructura cristalina, composición de carbono, brillo y extrema dureza (10 en la escala de Mohs) que los diamantes naturales, pero se diferencian, especialmente, en su precio.
Así nos lo confirma Kasper Figee, Marketing Manager Zeeman, una de las empresas que ha traído los diamantes de laboratorio a España y que lo hace con un precio muy competitivo: 30 euros. «Al no depender de la extracción y de una cadena de intermediarios tan larga (importadores, mayoristas, retail de lujo, grandes almacenes, etc.), el precio final puede ser mucho más accesible. En nuestro caso, encargamos la fabricación directamente a un productor reconocido de diamantes cultivados en laboratorio (que también produce para otras marcas) y aplicamos una lógica muy Zeeman, que es mantener los costes al mínimo, sin gastos generales ni de marketing innecesarios«.
«Un diamante natural se forma en la tierra durante miles de millones de años, bajo presión y temperatura extremas. En cambio, un diamante creado en un laboratorio se desarrolla en un entorno controlado que reproduce el proceso de formación natural, pero es posible hacerlo en solo unas semanas«, detalla Kasper Figee.
Misma apariencia, misma durabilidad
Y el resultado son piezas que, según el experto, no difieren nada de la joya natural, solo el origen. «A nivel químico, físico y óptico, no hay diferencia: ambos son carbono puro y comparten la misma dureza, brillo y refracción. Por eso, científicamente, un diamante de laboratorio no es una imitación, es un diamante real. De hecho, incluso para especialistas puede ser difícil distinguirlos sin equipamiento avanzado«, detalla Kasper Figee.
Incluso son similares en términos de durabilidad. Y es que, como nos confirma el Marketing Manager de Zeeman, «un diamante cultivado en laboratorio es tan resistente como un diamante natural. Ambos comparten la misma composición (carbono) y las mismas propiedades físicas de dureza, resistencia y brillo. La diferencia entre uno y otro es cómo se han formado, no su rendimiento como piedra preciosa en una joya«.
Es decir, «la diferencia está más en la historia que en el producto, ya que el diamante natural se asocia a la rareza y al lujo, mientras que el de laboratorio es más accesible y responde a una lógica de mercado distinta«, concluye el experto. De esta forma, desde Zeeman, la empresa familiar holandesa referente en productos básicos y textiles de calidad al mejor precio, ha querido cambiar esa percepción presentando en España un colgante con diamante cultivado en laboratorio por solo 29,99 euros.
Se trata de una pieza que busca democratizar el acceso a un artículo históricamente asociado a la exclusividad, un colgante que incorpora un diamante redondo de talla brillante cultivado en laboratorio, con un peso de entre 0,10 y 0,12 quilates. La piedra presenta una claridad VS2, un grado de color entre D y F, un diámetro de 3 mm y una talla de muy buena a excelente, diseñada para maximizar su brillo.
El diamante de Zeeman que cuesta 29,99 euros.
El diamante está engastado en un clásico montaje de cuatro garras sobre plata de ley 925, compuesta por un 92,5% de plata pura, y cuenta con un recubrimiento de rodio de alta calidad, que aporta un brillo superior y protección frente a la oxidación y los arañazos. La pieza incluye una anilla de 4 mm, que facilita su uso tanto en cadena como en pulsera, y se entrega en un estuche.
Interés por la estética premium y reducir el impacto en el planeta
La llegada de esta pieza se debe a una alta demanda en piezas del estilo. «Estamos viendo cómo el interés por piezas con estética premium crece en España. Este lanzamiento responde a esa tendencia, acercando propuestas con acabados cuidados y diseño atractivo a precios accesibles», comenta Carlos Torrecillas, Responsable de ventas para España de Zeeman.
Pero hay más. Otras empresas como Solitario Lab Grown Diamonds eligen esta forma de venta de diamantes por la huella profunda que deja su extracción en el planeta. Una minería destructiva, consumo energético extremo y la explotación humana son factores determinantes en la obtención de diamantes naturales de la que huye esta firma de joyas. «El verdadero lujo del siglo XXI no está en la rareza, sino en la responsabilidad. Cada joya de Solitario es una promesa al futuro«, dicen desde el equipo creativo.
Victoria Federica con joyas de diamantes Solitario Lab Grown Diamonds.
Su misión es transformar la joyería en un legado consciente, elevando la elegancia a través de la integridad y la sostenibilidad. Para ello, realizan piezas de oro de 18 quilates y diamantes cultivados en laboratorio que capturan el esplendor clásico del solitario y la sofisticación moderna del diseño contemporáneo y contado como imagen de marca con Victoria Federica, uno de los rostros que mejor unen lujo y modernidad.
La hija de la infanta Elena ha protagonizado la última campaña de la marca que emplea la tecnología CVD (Chemical Vapor Deposition), un proceso avanzado que recrea las condiciones naturales del diamante bajo un entorno controlado. Una colaboración que encarna elegancia atemporal, autenticidad y compromiso con una nueva manera de entender el lujo y en la que Victoria aparece posando con esta alternativa responsable y trazable a la minería tradicional.
Un anillo de la colección Studio de Aristocrazy.
Y aunque el precio no es tan competitivo como el que propone Zeeman, hay muchas otras marcas que ofrecen estos diamantes de laboratorio. Aristocrazy, la conocida firma de joyería, introducía a finales de 2025 una colección Studio de anillos de pedida en oro amarillo de 9K con diamante lab-grown. Esta piedra, creada mediante innovación tecnológica y con la misma belleza y brillo que el diamante tradicional, llegaba a la marca con el objetivo de explorar nuevos volúmenes, siluetas más atrevidas y una libertad creativa para redefinir el lenguaje del compromiso contemporáneo al más puro estilo Aristocrazy.
Unos pendientes con diamantes lab-grown de Pdpaola.
PdPaola es otro de los ejemplos. Su colección de Alta Joyería ofrece los esenciales para toda la vida, piezas que destilan un glamour sobrio para acompañarte en momentos tan especiales como el día de tu boda. Confeccionadas a mano e integrando la última tecnología, las joyas están fabricadas con oro macizo de 18K y diamantes lab-grown libres de minería, es decir, materiales de alta gama que permiten reducir el impacto medioambiental.












