Sandra Hernández

Noches en las que el sueño no llega, días en los que el ánimo no acompaña, una irritabilidad que aparece sin motivo claro. Son síntomas que muchas mujeres en la menopausia normalizan sin saber que tienen, en parte, una explicación bioquímica concreta. Sheila Segura, farmacéutica de Atida Mifarma, apunta a un aminoácido clave en este momento: el triptófano. «Es el precursor de la serotonina y la melatonina, dos moléculas esenciales en la regulación del estado de ánimo y del ciclo sueño-vigilia«, explica.

La caída de estrógenos en la menopausia no solo afecta a la temperatura corporal o a la densidad ósea. También altera la neurotransmisión serotoninérgica. «Los estrógenos modulan enzimas implicadas en la síntesis de serotonina, por lo que su descenso puede reducir la eficiencia de esta vía», señala Segura. El resultado es un cuerpo que produce menos serotonina con la misma cantidad de triptófano disponible, algo que contribuye al insomnio, la irritabilidad y el bajo estado de ánimo.

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Lo que casi nadie explica sobre el triptófano

La mayor parte del triptófano no se convierte en serotonina, sino que se metaboliza a través de la vía de la quinurenina, relacionada con inflamación y estrés oxidativo. «Durante la menopausia, la disminución de estrógenos y el aumento de inflamación de bajo grado pueden favorecer esta vía alternativa, reduciendo la disponibilidad de triptófano para sintetizar serotonina y melatonina», explica. Por eso, incluso con una ingesta adecuada, los efectos pueden ser limitados si no se tienen en cuenta otros factores.

Los alimentos más ricos en triptófano son, sobre todo, proteicos: huevos y lácteos, carnes magras como pollo o pavo, pescado azul, legumbres y derivados de soja, avena, frutos secos y semillas. No se trata de consumir grandes cantidades, sino de mantener una ingesta regular dentro de un patrón equilibrado. Un desayuno con yogur y avena, una comida con legumbres y cereal integral o una cena ligera con pescado son formas sencillas de integrarlo en el día a día.

Cómo favorecer su efecto

La conversión del triptófano en serotonina no depende solo de cuánto se ingiere, sino de cómo se combina. «La presencia de hidratos de carbono complejos facilita su entrada en el cerebro», explica Segura. Además, intervienen cofactores como la vitamina B6, el magnesio y el hierro. Combinaciones como lácteos con avena, legumbres con cereales integrales o yogur con fruta y frutos secos tienen sentido desde el punto de vista metabólico, aunque su impacto será limitado si no forman parte de un enfoque más amplio.

Segura es clara sobre el alcance de la dieta. «Una alimentación equilibrada rica en triptófano puede ayudar a mejorar el sueño y el estado de ánimo en casos leves o moderados». Pero el efecto depende de muchas variables: el estado hormonal, el nivel de estrés, la actividad física o la calidad del descanso. El triptófano no es una solución aislada, sino una pieza dentro de un sistema más complejo.

Lo que sí puede hacer la alimentación es crear el contexto adecuado: evitar déficits de vitamina B6 y magnesio, mantener un patrón antiinflamatorio y asegurar una ingesta proteica regular. No son cambios espectaculares, pero sí coherentes con cómo funciona el cuerpo en esta etapa.

La menopausia no solo cambia las hormonas, cambia las reglas. Y la nutrición tiene que adaptarse a ellas. El triptófano es un ejemplo claro de cómo decisiones cotidianas pueden tener un impacto real cuando se entienden bien.

Huevos, avena, pescado azul, legumbres, yogur, frutos secos. No hay nada extraordinario en la lista. Y, sin embargo, bien combinados y sostenidos en el tiempo, pueden marcar una diferencia en cómo se duerme y en cómo se afronta el día.

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