Con el buen tiempo pidiendo paso y el calendario anunciando las ansiadas vacaciones de verano, llega el momento de empezar a planear el equipaje para las primeras escapadas junto al mar o, sencillamente, para resguardarse del calor disfrutando de un apacible baño en una piscina. Sea cual sea tu plan soñado de verano, seguro que hay un elemento que se va a convertir en tu inseparable de la temporada. Hablamos, cómo no, del bikini, el traje de baño por excelencia que ocupa un lugar de honor en todo guardarropa estival femenino y que este 2026 está de aniversario, pues se cumplen 80 años de su nacimiento.
Para conocer los orígenes de este básico debemos remontarnos a finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando el sencillo gesto de enseñar el ombligo era considerado un vulgar atrevimiento poco aceptado por la sociedad. Si bien es cierto que existen evidencias de que las mujeres de la antigua Grecia y Roma ya lucían prendas muy similares a las que llevamos en la actualidad, los siglos posteriores abogaron por cubrir completamente el cuerpo femenino, y los trajes de baño usados hasta entonces no solo tapaban hasta tobillos y muñecas, también estaban confeccionados en materiales como el lino o el algodón que aumentaban considerablemente su peso cuando se mojaban.
El primer acto revolucionario relacionado con la ropa de baño se remonta a inicios del siglo XX, cuando la nadadora Annette Kellerman decidió acortar estas prendas y dejar al descubierto brazos y piernas. Kellerman fue detenida por lucirlo en público en Boston, pero su gesto sentó un precedente que marcó el inicio de la revolución en la ropa de baño femenina. Empezaron a usar materiales con mejor adaptación al medio acuático, como el nylon o el látex, y ya en el año 1946 el diseñador de moda francés Jaques Heim sentó un precedente con la creación de «el átomo», un traje de baño de dos piezas que recibió este nombre por ser la prenda de ropa más pequeña jamás creada, y aunque la diferencia con todo lo existente anteriormente era abismal, la obra de Heim seguía sin atreverse a dejar el ombligo a la vista, una frontera moral que tendría que esperar unos meses para dejarse cruzar.
La verdadera revolución del bikini llegó el 5 de julio 1946 gracias a Louis Rénard, un ingeniero automovilístico con un fuerte vínculo con la lencería gracias a la tienda de su madre que él mismo regentaba y que se atrevió a desafiar todos estos límites acortando aún más la parte inferior de estas dos piezas y mostrando sin reparos esa parte del cuerpo prohibida que era el ombligo. A Rénard le costó encontrar modelo para exponer al mundo su creación. Es aquí cuando entra en juego Michelle Bernardini, la stripper francesa que bailaba en el Casino de París y que pasó a la historia por ser la primera mujer en lucir un bikini en público.
Briggitte Bardot, una de las primeras divas de los años 50 en popularizar el bikini
GTRES
El escándalo estaba servido y no en todos los lugares su llegada fue acogida con agrado. Países como España, Italia o Australia se tomaron esta presentación como una afrenta y decretaron su prohibición en playas y piscinas públicas. Pero el bikini fue mucho más que un mini traje de baño o un mero acto de subversión. Para muchas mujeres, esta prenda abrió las puertas a una vestimenta más libre y a una forma de expresión donde penalizar el cuerpo femenino no estaba contemplada. A partir de la década de los 50, iconos del momento como Brigitte Bardot, Marilyn Monroe o Ava Gardner, entre otras, se dejaron ver y fotografiar con esta prenda, y a ellas se le sumaron multitud de mujeres anónimas que, poco a poco, fueron dejando a un lado los escrúpulos y normalizando esta prenda hasta convertirla en el imprescindible que es hoy.
De dónde viene el nombre del bikini
Si su creación esconde una historia de lo más llamativa, el origen de su nombre no se queda atrás. En el contexto en el que Louis Rénard concibió esta prenda la Segunda Guerra Mundial acababa de terminar, pero se desataba un conflicto latente entre Estados Unidos y la URSS que pasó a la historia como la Guerra Fría. En el marco de estas discrepancias, Estados Unidos llevó a cabo una serie de pruebas con bombas nucleares en un atolón de las Islas Marshall, llamado el Atolón Bikini.
El creador de esta pieza quiso rendir una suerte de homenaje a este hecho histórico llamando al controversial traje de baño como el lugar en el que se produjeron las más de veinte denotaciones. Ni su lanzamiento ni su nombre son fruto de la casualidad. En cierto modo, la llegada del bikini a la vida de tantas mujeres fue una suerte de rebelión que hizo saltar por los aires todos los cánones establecidos y que el paso del tiempo ha logrado evidenciar el éxito de lo que en su momento fue considerado un desafío a la integridad concebida.
La llegada del bikini a España
Mención aparte merece la incursión del bikini en la sociedad española, una de las más reticentes a su incorporación en la vida pública estival. La primera aparición de un bikini en playas españolas la protagonizó una estudiante francesa en 1948 que participaba en un curso de verano en la Universidad de Santander. Como era de esperar, su presencia no fue bien recibida y resultó en un escándalo que dejó mella en los presentes y en todo aquellos que fueron conocedores de esta historia.
Años después, las playas de Benidorm presenciaron el primer posado de una mujer española en bikini. En 1953 (dos años antes de que se publicase el de Brigitte Bardot) la vedette Beatriz de Lenclós fue la encargada de desafiar la censura al dejarse fotografiar con este traje de baño, un atrevimiento desmedido para la época que le puso a las puertas de la excomunión. Sin embargo, el interés turístico que en la década de los 60 despertó este rincón de la provincia de Alicante obligó a las autoridades a hacer la vista gorda con el bikini, que poco a poco fue inundando las playas españolas gracias a las mujeres turistas y locales que encontraron en él su comodidad.
Georgina Rodríguez , embajadora en España de la colección de baño SS26 de Calzedonia
Calzedonia
El uso del bikini en la actualidad
Hace décadas que el bikini dejó de ser algo revolucionario (posiblemente, ni se nos pase por la cabeza toda la historia que esconde cuando nos lo ponemos), pero esto no significa que haya perdido su relevancia en los que a icono del verano se refiere. En la actualidad, el bikini no solo es algo práctico para llevar a la playa o a la piscina, también es uno de los objetos principales de las tendencias estivales, como comprobamos temporada tras temporada con las propuestas que se presentan en pasarela o con las campañas publicitarias que surgen cada verano con esta pieza como protagonista.
Ahora, son muchas las celebrities y personalidades relevantes que prestan su imagen a los nuevos lanzamientos de bikini. Sin ir más lejos, el año en el que se celebra el 80 aniversario de esta curiosa prenda es Georgina Rodríguez la protagonista de la campaña de Calzedonia, mostrándonos diseños que transmiten frescura, feminidad y libertad que encajan con todo tipo de siluetas y estilos. Lo que hoy está a la orden del día era, posiblemente, algo impensable para Rénard, Bernardini o la propia Beatriz de Leclós, quienes apostaron todo por hacer de esta prenda lo que es hoy, el mejor aliado de la mujer para disfrutar del verano como la estación del dolce far niente se merece.












