Siempre he considerado que los pensamientos son de esas flores que no necesitan imponerse para acaparar todas las miradas. Sé que no tienen el porte exuberante de una hortensia ni el dramatismo de una buganvilla. Tampoco son tan populares como los geranios. Pero siempre digo que son el mejor ejemplo de lujo silencioso en el jardín porque consiguen algo complicadísimo: transmitir calma y elegancia y, al mismo tiempo, marcar la diferencia con la rebosante alegría de sus colores.
Quizá también tienen algo de nostálgico para mí, porque era una de las flores que siempre tenía mi abuela imponentes en su patio. Asocio los pensamientos con jardines vividos, con balcones antiguos y con esa belleza sencilla que nunca pasa de moda. Además, tienen un significado simbólico que me parece precioso: representan el recuerdo, la reflexión y los sentimientos silenciosos; pero también la inocencia, la modestia y la fidelidad. Sus flores evocan la felicidad del primer amor o de un amor que empieza a surgir y se debe cuidar.
Por eso creo que, aunque su nomenclatura botánica sea Viola × Wittrockiana, pocas flores se conocen popularmente por un nombre tan acertado. Hay algo íntimo en los pensamientos y dependiendo de los colores que elijas, la sensación cambia muchísimo. Así, los tonos morados me transmiten reflexión y recogimiento; los granates, fuerza y una sofisticación serena; los amarillos me parecen perfectos para dar luz a zonas que queramos resaltar y los fucsias, una declaración de amor en todas sus formas. Los blancos, sobre todo cuando tienen el ‘ojo’ (o mancha de los pétalos) en tonos violeta o azul, inocencia y pureza, pero también frescura.
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Los pensamientos provienen de antiguas variedades silvestres europeas, especialmente de la Viola tricolor, una planta que crecía en zonas frescas y húmedas. En el siglo XIX, horticultores y floristas ingleses y franceses, conscientes de la belleza de esta flor, comenzaron a crear hibridaciones más resistentes y llamativas, dando lugar a las variedades actuales: un cruce entre ese pensamiento silvestre y las violetas nativas. En su apariencia delicada pero, al mismo tiempo, rústica y perfectamente imperfecta reside, precisamente, su encanto.
El pensamiento es, además, una flor muy curiosa. Todas tienen cinco pétalos sencillos y, en muchas ocasiones, estos son multicolores, ya que pueden presentar desde bordes o filos de un tono diferente a ‘ojos’ o manchas jaspeadas en la parte central. Por si fuera poco, son comestibles, se usan también en perfumería y si los plantas cerca de otros arbustos, evitarás que crezcan malas hierbas a su alrededor.
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Cuidados de los pensamientos
En cuanto a cuidados, el calor y la luz son los dos elementos que más hay que controlar para que los pensamientos ofrezcan su mejor versión. En este caso, se trata de una planta que soporta el frío e, incluso, las heladas, pero no le ocurre lo mismo con el calor excesivo ni con el sol directo, ya que sus pétalos podrían resentirse. Yo intento colocarlos en una ubicación donde reciban buena luz por la mañana y algo de sombra suave por la tarde, especialmente cuando empiezan los meses de verano y las temperaturas extremas. En esas condiciones florecen durante muchísimo más tiempo y mantienen los pétalos frescos y tersos.
El riego es otro punto delicado a tener en cuenta, aunque tampoco resulta complicado si aprendes a observar la planta. Los pensamientos agradecen un sustrato fresco, pero sufren mucho cuando las raíces permanecen encharcadas, así que siempre sigo el mismo truco: toco la tierra y no riego hasta que la noto seca. Porque la «norma» dice que en época de floración hay que hacerlo cada tres días, pero os confieso que perdido más pensamientos por exceso de agua que por falta de riego.
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Perfectos para plantar tanto en la tierra directamente como en jardinera o maceta, los pensamientos requieren sustrato rico en nutrientes, así que por recomendación de mi jardinero de confianza intento fertilizar una vez al mes con un abono tipo nitrofosca, para que se vean exuberantes durante más tiempo ¿Otro truco que me dio para prolongar la floración? Retirar las flores marchitas en cuanto empiezan a deteriorarse. Parece una tontería, pero cambia completamente el aspecto de la planta.












