Ana Calvo


Ana Calvo


La historia del diseño de interiores está plagada de creaciones icónicas y, también, de curiosidades apasionantes sobre ellas. Es el caso de la silla Wassily, una de las obras más emblemáticas de la escuela de la Bauhaus y, al mismo tiempo, una pieza que ha marcado un antes y un después en la forma de producir y crear muebles.

Con más de cien años a sus espaldas, la historia de la silla Wassily se escribe con un error de base: recibe su nombre por el pintor Wassily Kandisnky, a quien se le atribuyó su autoría. Sin embargo, esta obra maestra del diseño de interiores no fue obra del ruso precursor del movimiento abstracto, sino del jefe de taller de muebles de la Bauhaus, Marcel Breuer (Pécs, Hungría, 1902).

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Creador de otras piezas icónicas como la Cesca Chair (también envuelta en polémica por su autoría), Breuer fue una de las figuras clave de la Bauhaus, donde ingresó con solo 18 años como estudiante y en la que pronto ascendió a profesor y, posteriormente, a director del taller de ebanistería. Allí pudo dar rienda suelta a sus experimientos de diseño, lo que le llevó a cambiar para siempre la historia del mobiliario en 1925 con la silla B3 que nos ocupa.


Marcel Breuer sentado en una silla B3.


Getty

Un nombre erróneo… y oportunista

Entonces, ¿por qué se le atribuyó esta creación a Kandinsky y se la reconoció con su nombre? Pues, ni más ni menos, que por un error más o menos intencionado. La silla B3 fue ideada y creada por Marcel Breuer en el taller de ebanistería de la Bauhaus que dirigía, pero nada más verla, Wassily Kandinsky (que compartía claustro con el húngaro) se enamoró de ella y pidió que le realizara una copia, la segunda que se creaba después del prototipo, para su despacho de escuela. Y aquí es donde llega el enredo… o la oportunidad.

Kandinsky nunca dijo que fuera obra suya ni se apropió de su autoría. Pero décadas más tarde, cuando la B3 Chair fue reeditada por Gavina, este fabricante italiano aprovechó la anecdótica conexión de la silla con el pintor ruso y la rebautizó con su nombre de pila, mucho más conocido ya en todo el mundo que el del propio Breuer.

Sin embargo, le pongamos el nombre que le pongamos, el gran valor de la silla Wassily de Marcel Brauer recae en la revolución que supuso en la historia del diseño de interiores y la producción de muebles, y que marcaría un antes y un después por el material utilizado: el acero tubular.


Silla Wassily en color crema.


Naharro


Acero tubular, una revolución en el diseño de muebles

Símbolo incontestable del movimiento artístico de la Bauhaus y punto de partida de la estética que caracterizaría a esta escuela, la silla B3 marcó el inicio del uso de este material en la producción industrial de muebles. Ligero, moldeable y, al mismo tiempo, muy resistente, el acero tubular permitía crear formas antes impensables con la seguridad de que no se deformaría ni se estropearía.

Este diseño innovador en todos los sentidos surge, una vez más, fruto de una casualidad. Marcel Breuer solía ir al trabajo en bicicleta y fue, precisamente, en uno de esos trayectos cuando pensó que si el acero tubular servía para dar forma a los manillares y caños de las bicis, sería también adecuado para replicar la técnica y aplicarla a la fabricación de muebles. Y así lo hizo.

Además, la forma de producción de la silla Wassily también fue revolucionara para la época, debido a las formas geométricas que le otorgaban a los tubos de acero que conforman la pieza. Después, se le añadieron las tiras de cuero que se entrecruzan para crear el asiento, el respaldo y los apoyabrazos.

Cien años después (y ahora comercializada por Knoll), la silueta de la silla B3 de Marcel Breuer es una de las más reconocidas, icónicas y, también, imitadas en el mundo del interiorismo como símbolo de la innovación no solo estética sino también del diseño y producción. Y es que la influencia de la Bauhaus en el mundo del interiorismo durante el último siglo no se podría entender de la misma manera sin esta pieza, la llamemos como la llamemos.