Ángeles Castillo

Dicen que aquí huele a manzana, y nada podía apetecernos más. Es primavera y nos place dejarnos tentar. Tanto mejor si la tentación viene de Asturias, guardando ese divino equilibrio entre la montaña y mar. Si no es verde será porque es azul. Aquí también nos podemos quitar las ganas de verano. El asunto además se pone deliciosamente epicúreo de camino a la Comarca de la Sidra, territorio al que dan vida los concejos de Bimenes, Colunga, Nava, Sariego, Villaviciosa y Cabranes, donde se enmarca Torazo, nuestro destino. Ellos son los culpables de que esta bebida, que se produce caudalosamente en sus márgenes, sea tan popular.

La sidra puede ser la excusa para adentrarse en estos parajes del Principado de Asturias y saber de sus pueblos, de su patrimonio, sus usos y costumbres. O puede ser directamente la razón del viaje si hacemos caso a lo que aseguran desde la propia comarca. Que «la sidra es una bebida ligera que da ganas de hablar y de compartir, pone de buen humor y, lo que es más importante, es buena para la salud, alegra el corazón y lo cuida». Así es este elixir propio de dioses.

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Para saber más de la sidra, lo mejor es visitar uno de los múltiples llagares que salpican la comarca y, por supuesto, asistir al ritual del escanciado y degustarla al ritmo lento que impone este paisaje donde impera el sosiego y la tranquilidad. Toda una oda la vida lenta. Desde luego, la conexión con la naturaleza era esto. No es de extrañar que Torazo, o Torazu en asturiano, fuera galardonado en 2008 con el Premio Pueblo Ejemplar, que concede la ahora Fundación Princesa de Asturias. Ni que aparezca siempre entre los pueblos más bonitos de España.

Por qué te va a encantar Torazo

Torazu es minúsculo, pero de un encanto irresistible. Es uno de esos pueblos que ha conservado la arquitectura popular de manera sorprendente. Al igual que el gallego Redes, en las Rías Altas (A Coruña), presume de casas de colores, algunas de las cuales son indianas, fruto de haber hecho sus vecinos las Américas, amén de las casas de tradición asturiana, de corredor y galerías. Yendo desde la plaza de la Sienra, donde está la Hostería de Torazu, hasta la iglesia de San Martín el Real (XVII), se ven algunos bonitos ejemplares, con flores además en sus balcones.


Así de verde y exuberante es el paisaje que envuelve a Torazo.


HOSTERÍA DE TORAZU


Aquí, además, hay que sumar los fantásticos (de fantasía) hórreos, que casan a la perfección con tradiciones como la hoguera de San Juan, la noche mágica que no solo es mediterránea; el Festival de la Boroña (pan de maíz), en junio, o la procesión de Ramos, que tiene lugar el último domingo de agosto desde el siglo XVIII y corre a cargo de la Cofradía de la Virgen del Carmen. Es el colorido y muy concurrido Carmen de Torazo, que transcurre desde San Martín hasta la capilla de Nuestra Señora de la Sienra (XVIII), ubicada en una carbayera centenaria.

El Carmen de Torazu, Hildegarda y Rosalía

En Torazu, la Virgen del Carmen, patrona de los marineros, no se celebra el 16 de julio, sino cuando está declinando agosto. Al parecer, responde a los tiempos de la cosecha de la escanda, con la que se elaboraban los panes ofrecidos a la Virgen en señal de gratitud. Ya Hildegarda de Bingen (1098-1179), la santa, abadesa benedictina y polímata que ha inspirado, en parte, el Lux de Rosalía, alababa en sus escritos la escanda «como el mejor grano, con un alto valor alimenticio», que consideraba clave para «tener una buena salud y una mente feliz».


Torazo es el pueblo con encanto por excelencia.


WIKIPEDIA/CARMEN MORÁN


En Torazo, todo tiene este aire encantadoramente rural, que hay que extrapolar a Cabranes, con sus verdes valles y bosques autóctonos, atravesado por hermosas rutas donde practicar el senderismo y asombrarse ante la panorámica de los Picos de Europa, la sierra del Sueve, la costa cantábrica o la Reserva Natural Parcial de la Ría de Villaviciosa, un estuario de alto valor ecológico. En la Coroña de Castru se encuentra el castro donde se asentaron los primeros pobladores, los cabrangini. Se sube desde el pueblo de Ceceda, en el concejo de Nava.

Qué ver en los alrededores de Torazo

Además de la naturaleza, que se muestra exuberante, se puede visitar la iglesia románica de San Julián de Viñón (s. XII), con elementos del arte asturiano o prerrománico, atribuidos a una construcción anterior; el santuario de la Virgen del Carmen (XVIII), en Arboleya; la iglesia de Santa María la Real (XVII), en Fresnedo; o San Bartolomé (XVIII), en Pandenes. Sin olvidarnos de la Casa-Museo de la Cerámica Popular Asturiana, en Piñera; o del Museo de la Escuela Rural, en Miñón, con una gran colección de mobiliario y material escolar del periodo 1911-1970.

De una parroquia a otra del concejo de Cabranes, más allá de Torazu, lo suyo es ir descubriendo las variopintas construcciones tradicionales. Ya sean casas de labranza, llagares, molinos, lavaderos, paneras o quintanas, además de los entrañables hórreos, las casas de indianos y las escuelas que ayudaron a construir los emigrantes cabraneses, que actuaron como auténticos mecenas. Es antológico el Festival del Arroz con Leche de Santolaya, declarado de interés turístico, que este año se celebra el 10 de mayo, en las fiestas de San Francisco de Paula.

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