Hay nombres propios en la historia de la decoración que, a pesar de haber generado una auténtica revolución en el mundo del diseño y el interiorismo a través de marcas famosísimas que todos frecuentamos en nuestro día a día, no son muy conocidos para el público general. Porque todo el mundo conoce IKEA, pero quizá no todos saben el nombre de su fundador, Ingvar Kamprad. Como probablemente todas reconocemos el estilo de los electrodomésticos de Smeg, pero no sabemos que su creador es un visionario llamado Vittorio Bertazzoni.
En el campo del diseño industrial, la cosa cambia. Los amantes del interiorismo sabemos que la lámpara Arco se la debemos a Castiglioni como la silla DSW a los Eames, la Cesca a Breuer, el sillón Barcelona a van der Rohe o el Chaiselongue LC1 a Le Corbusier. Pero, ¿qué pasa con la cocina?
Durante décadas, la cocina en los hogares fue un lugar de oficio y tarea. Aunque tradicionalmente ha sido (y sigue siendo) centro de reunión familiar, allí a lo que se iba era a preparar la comida, así que en ella siempre primó la funcionalidad frente a la estética. Y si ahora le prestamos tanta atención a su diseño y no dudamos en recuperar esa estética vintage reactualizada de las cocinas de antaño es, en gran medida, por culpa de Bartazzoni. Sí, como lo lees.
Nos tenemos que remontar a la Italia de posguerra (1948), al pequeño pueblecito de Guastalla, en la región de Regio Emilia, para hablar de la fundación de Smeg (acrónimo, como en el caso de IKEA, de Smalterie Metallurgiche Emiliane Guastalla), donde Vittorio Bertazzoni funda sin haber cumplido los 30 años su propia compañía. Una idea que con el pasar de los años resultó ser revolucionaria y que nació inspirada por una infancia marcada por un entorno artesano y de trabajo manual y una absoluta fascinación posterior por la ingeniería y el diseño.
Electrodomésticos de Smeg x Dolce&Gabbana.
Instagram Smeg
Así transformó Vittorio Bertazzoni la decoración de tu cocina
Concebida desde sus orígenes como una empresa familiar, Smeg comenzó siendo un pequeño taller de fabricación de estufas, pero bajo la dirección de Bertazzoni, la marca pronto trascendió los límites de la industria doméstica. Y lo que en esa época de posguerra y necesidad comenzó siendo una manufactura de electrodomésticos de calidad se transformó en la firma de diseño de lujo que es hoy.
Y es ahí donde la figura de Bertazzoni es clave, ya que su profunda convicción desde los inicios de que el diseño no es solo una cuestión estética, sino una necesidad inherente a la vida cotidiana, ha sido lo que ha marcado la exitosa hoja de ruta de su compañía. Un concepto que, para mí, enraíza directamente con el organicismo de Frank Lloyd Wright y su concepción de la función y la forma como un único elemento.
La nevera que lo cambió todo.
Instagram Smeg
Precisamente la gran innovación de impulsada por Vittorio Bertazzoni no solo radicó en la calidad técnica de sus productos, sino en su capacidad para transformar los electrodomésticos cotidianos en piezas de diseño capaces de convertirse en el alma de la cocina y en auténticos objetos de deseo para el consumidor. Ahí, el concepto de la cocina como un espacio lleno de belleza, tecnología y personalidad comenzó a tomar forma bajo la óptica de este visionario.
Durante sus primeras décadas (entre los 50 y los 80), Smeg desarrolló una gama completa de productos de alta calidad, desde frigoríficos hasta pequeños electrodomésticos, pensados para el hogar pero también para la hostelería. Eso sí, no fue hasta 1997, cincuenta años después de su creación, cuando redefinen su estética y comienzan a posicionarse en el sector del lujo doméstico con un diseño totalmente revolucionario para la época.
El deseo de romper con el anonimato del electrodoméstico estándar en la cocina lleva a Vittorio Bertazzoni Sr a volver a proponer una nevera perteneciente al imaginario de los años 50, revisitada en clave contemporánea, en la que el color se convierte en el protagonista. Y es ahí donde su éxito despega y traspasa fronteras. El uso de materiales como el acero inoxidable, junto con una gama de colores brillantes y sofisticados, rompió con los convencionalismos de la época.
Línea de pequeños electrodomésticos de Smeg x Dolce&Gabbana.
Con sus características formas redondeadas, esos tonos vibrantes y detalles impecables, estos frigoríficos no solo cumplían con su función, sino que se han convertido en un elemento protagonista de cualquier estancia, aportando un toque de distinción y estilo. Ahora, ese diseño también se traslada a pequeños electrodomésticos completamente reconocibles para el gran público como batidoras y licuadoras, tostadoras, cafeteras e, incluso, menaje de cocina e, incluso, han sellado colaboraciones con firmas de lujo de la altura de Dolce&Gabbana.
Pero Bertazzoni no solo fue un innovador en términos de diseño, sino también en la manera en que entendió la conexión entre el producto y el usuario. Abrazó la idea de que cada electrodoméstico debía ser una extensión de la personalidad del hogar, un reflejo del estilo de vida de quienes lo habitan y comprendió que la cocina no debía ser solo una zona de trabajo, sino un lugar de encuentro, creatividad y disfrute. Todo ello, sin renunciar a la calidad y la innovación tecnológica y haciendo siempre gala del sello «made in Italy», como las grandes firmas de moda de lujo.
Gracias a la visión revolucionaria de Vittorio Bertazzoni Sr, la cocina ha pasado de ser un simple espacio utilitario para convertirse en un lugar donde la belleza y la tecnología se encuentran en perfecta armonía. Un espacio al que hemos aprendido a mimar desde el punto de vista estético para que el diseño, la funcionalidad y la belleza coexistan en perfecta simbiosis.










