Abril llega cargado de piña en los mercados, y con ella, una lista interminable de propiedades que conviene revisar con calma. Digestiva, antiinflamatoria, depurativa… La piña acumula fama en el mundo de la nutrición, y buena parte de ella está justificada, aunque con matices importantes. Sheila Segura, farmacéutica de Atida Mifarma especialista en dermocosmética, ayuda a poner cada afirmación en su lugar y a entender por qué esta fruta merece un hueco real en la dieta esta primavera.
El protagonista de buena parte de sus beneficios es la bromelina, una enzima proteolítica capaz de ayudar a degradar proteínas. Gracias a ella, la piña puede favorecer la digestión de comidas proteicas y resultar especialmente ligera y agradable como postre tras una comida abundante. Eso sí, Sheila Segura es precisa en este punto: la bromelina facilita la digestión, pero no es un tratamiento digestivo como tal. Su efecto es real, pero conviene no sobredimensionarlo.
Algo parecido ocurre con su reputación antiinflamatoria, que tantas veces aparece en titulares y redes sociales. La bromelina muestra una actividad antiinflamatoria interesante, especialmente en estudios sobre extractos o suplementos concentrados. Sin embargo, eso no significa que comer piña después de cenar tenga un efecto antiinflamatorio clínicamente potente o comparable al de un tratamiento médico. La evidencia más sólida sobre inflamación corresponde a la bromelina concentrada, no a la fruta en consumo habitual.
En cuanto a su fama como aliada contra la retención de líquidos, algo que muchas personas buscan especialmente al llegar la primavera, la piña tiene mucha agua y encaja bien en dietas en las que interesa aumentar el consumo de fruta fresca. Su efecto, sin embargo, no es comparable al de un diurético farmacológico. Ayuda sobre todo porque hidrata y desplaza productos más calóricos o más ricos en sal. Una acción indirecta pero nada desdeñable dentro de una pauta equilibrada.
Qué aporta nutricionalmente
Nutricionalmente, la piña destaca por su aporte de vitamina C, su contenido en agua y su perfil ligero en calorías. Una taza de piña aporta alrededor de 82 kilocalorías y una cantidad alta de vitamina C, lo que la convierte en una fruta interesante para sumar calidad nutricional a la dieta sin añadir un exceso calórico. Todo ello sin necesidad de atribuirle propiedades detox o antiinflamatorias desmedidas que la evidencia disponible no respalda con la misma solidez.
¿Cuánta piña se puede comer al día? Una porción sensata se sitúa entre 120 y 200 gramos de fruta fresca, que es la referencia de ración habitual en España. En torno a 150 gramos, lo que equivale aproximadamente a dos o tres rodajas generosas, aportan unos 14 gramos de azúcares naturales, una cantidad perfectamente asumible para la mayoría de personas sanas dentro de una dieta equilibrada. No hay motivo para restringirla salvo en contextos dietéticos muy específicos que lo justifiquen.
Sobre el momento ideal para consumirla, Sheila Segura aclara que no existe una hora mágica universal. La piña suele tolerarse bien como postre, en el desayuno, a media mañana o después de una de esas comidas del fin de semana en las que uno se pasa un poco. Lo verdaderamente importante es priorizarla fresca y dentro de una pauta alimentaria equilibrada, ya que es en ese contexto donde sus propiedades se aprovechan mejor.
Y precisamente aquí entra en juego abril. En España la piña es fruta de importación, por lo que hablar de mejor mes depende del origen. Sin embargo, abril puede defenderse con argumentos sólidos: coincide con una ventana favorable de oferta internacional, ya que varios grandes países productores concentran su cosecha entre marzo y agosto. Eso suele facilitar encontrar fruta con mejor punto de madurez y mejor precio en el mercado.
¿Fresca o enlatada?
Por último, una pregunta práctica que conviene resolver antes de hacer la compra: ¿fresca o enlatada? La respuesta es clara: mejor fresca. La razón principal no es solo el azúcar añadido de algunas conservas, sino que la bromelina se inactiva con el calor, y los tratamientos térmicos propios del enlatado reducen esa actividad enzimática. Si se opta por piña enlatada, lo más recomendable es elegirla al natural o en su jugo, nunca en almíbar, y asumir que parte de sus propiedades más interesantes quedarán reducidas.












