El café ya no reina en solitario en las rutinas de mañana. Cada vez más personas exploran otras formas de activarse que no impliquen ese subidón inmediato —y posterior bajón— tan asociado a la cafeína clásica. En ese cambio silencioso, dos bebidas han ido ganando terreno con paso firme: el chai y el matcha. No todo el mundo busca lo mismo al cambiar el café, claro, pero en ambos casos hay una idea común: sentirse con energía sin pagar el precio después.
El interés por estas alternativas tiene que ver, en gran medida, con cómo se sienten en el cuerpo. Tal y como explican desde el Equipo de Nutrición de ZEM Wellness Clinic Altea, ambas contienen cafeína, aunque su efecto poco tiene que ver con el del café. Aquí la energía no irrumpe de golpe, sino que aparece de forma más progresiva, algo que muchas personas agradecen, sobre todo si suelen notar nerviosismo o fatiga a media mañana.
El chai, elaborado a partir de té negro y una mezcla de especias como jengibre, canela o cardamomo, tiene algo casi ritual. Es cálido, aromático, y suele sentar bien después de comer. Desde el Equipo de Nutrición de ZEM Wellness Clinic Altea señalan que este perfil especiado puede favorecer la digestión, especialmente tras comidas copiosas. Adoro ese sabor y olor a canela del chai, tiene algo muy hogareño que invita a parar unos minutos. Y, aunque suene raro, casi siempre lo prefiero con hielo antes que caliente; es una pequeña manía que no pienso cambiar. Más que un estímulo puro, es una pausa que acompaña.
Con el matcha pasa otra cosa. Al consumirse en forma de hoja molida, concentra una cantidad notable de antioxidantes y su efecto se percibe de forma distinta. Contiene L-teanina, un aminoácido que modula la absorción de la cafeína y suaviza su impacto. «Esto favorece un estado de atención más sostenido y menos abrupto», explican desde el Equipo de Nutrición de ZEM Wellness Clinic Altea. Es esa sensación de estar despierta, pero sin ir acelerada.
Chai o matcha: ¿cuándo elegir cada uno?
A la hora de elegir, influye bastante el momento del día. Personalmente, me siguen gustando tanto el café como el chai: el primero lo reservo para despertarme, mientras que el segundo me acompaña a media mañana o después de comer, cuando busco algo más suave. El matcha, en cambio, suele encajar mejor en horas de trabajo o estudio, cuando lo que se necesita es concentración sostenida sin esa inquietud que a veces deja el café.
Más que decir cuál es mejor, tiene más sentido mirar el contexto. El café, si se tolera bien y se toma con moderación, no tiene por qué ser un problema. Aun así, en personas más sensibles a la cafeína o con niveles altos de estrés, estas alternativas pueden resultar más llevaderas. Desde el Equipo de Nutrición de ZEM Wellness Clinic Altea insisten en un detalle importante: evitar azúcares añadidos en el chai y apostar por matcha de calidad, sin edulcorar, marca la diferencia.
Incorporarlas en el día a día no requiere grandes cambios, pero sí algo de atención. Puede ser tan simple como sustituir el café de media mañana por un matcha o elegir un chai después de la comida. «Recomendamos observar la respuesta individual y ajustar en función de cómo se percibe el cuerpo», apuntan desde el Equipo de Nutrición de ZEM Wellness Clinic Altea. Porque, al final, más allá de la bebida, lo interesante es entender qué está pidiendo el cuerpo en cada momento.











