viernes 20 de febrero de 2026

The Pitt regresó en enero de 2026 con la promesa de revivir la intensidad médica que nos cautivó en su debut. Sin embargo, esta segunda entrega se siente como un eco, potente pero predecible, de lo que ya vimos.

Lo mejor sigue siendo el núcleo veterano. Noah Wyle, como el Dr. Robby, demuestra por qué es el referente del drama hospitalario; su cansancio es palpable y su química con la jefa de enfermeras Dana (Katherine LaNasa) es el sosten que mantiene la veracidad emocional. Verlos navegar el caos de Pittsburgh es un deleite actoral que justifica, por sí solo, cada capítulo, dándoles una profundidad que solo los personajes con historia previa logran proyectar en medio del frenesí.

El problema surge con las nuevas incorporaciones. Mientras que en la primera temporada los internos se sentían integrales, los nuevos estudiantes y la nueva médico adjunta (interpretada por Sepideh Moafi) carecen de ese impacto inicial. Se sienten más como dispositivos de trama para generar conflictos éticos que como personas reales. Sus arcos resultan algo forzados y pierden peso específico frente al carisma arrollador de los personajes que ya conocemos y que, sinceramente, son los que mantienen el interés.

La estructura es, quizás, el punto más flojo por su naturaleza reiterativa. La decisión de ambientar toda la temporada en el feriado del 4 de julio busca elevar las apuestas con fuegos artificiales y desastres masivos, pero el ritmo se siente demasiado familiar. Si en la primera temporada el formato de «un episodio por hora» era innovador, aquí se percibe como una camisa de fuerza que obliga a estirar dramas médicos que podrían resolverse en la mitad del tiempo para llenar el cupo de la jornada.

A nivel técnico, la serie mantiene su excelencia: esa iluminación cruda y la cámara incesante que te mete en la trinchera del trauma. Sin embargo, el guion abusa de los paralelismos con el año anterior. Hay momentos en los que parece que estamos viendo un remake de las crisis pasadas pero con diferentes pacientes, lo que resta impacto a las tragedias individuales que, en la primera vuelta, nos rompían el corazón por su originalidad.

Esta segunda temporada de The Pitt es un ejercicio de competencia técnica que peca de conservador. Funciona gracias a sus cimientos, especialmente por un Wyle en estado de gracia, pero falla al intentar inyectar sangre nueva que no termina de circular con fluidez. Es un turno de guardia sólido, pero después de 15 horas de lo mismo, uno empieza a desear que la serie finalmente nos deje salir del hospital para ver cómo respira el mundo exterior.