jueves 19 de febrero de 2026

La actual transposición de Parque Lezama (2026) fue escrita y dirigida por Juan José Campanella, quien también adaptó en 2013 el texto dramático I’m Not Rappaport (1984), del dramaturgo estadounidense Herb Gardner. Mientras que la obra norteamericana se sitúa en el Central Park de Nueva York, las versiones de Campanella están ambientadas en el Parque Lezama, en la ciudad de Buenos Aires. La narración de Campanella (quien posee un cameo en el filme), inicia con una calesita que gira, y a partir de allí al igual que el dispositivo cinematográfico, el director nos propone un viaje cuasi onírico y nostálgico a una época que, aunque parece ser que ya no existe, se hace presente en las vivencias de ambos protagonistas.

Tanto la obra de teatro norteamericana, como su transposición cinematográfica I’m Not Rappaport (1996), tienen como protagonistas a Nat -un judío comunista- y a Midge -un afroamericano conserje-, dos octogenarios que se reúnen a diario en un banco del parque. En sus dos versiones argentinas ambos protagonistas son hombres mayores blancos, León (Luis Brandoni) es un judío comunista obstinado y Antonio (Eduardo Blanco) el encargado de una caldera de un edificio.

En Parque Lezama (2026), Campanella nuevamente entrega una comedia dramática, que oscila entre el humor pícaro y cierta solemnidad de los avatares que deben enfrentar los protagonistas en su vejez. El aporte del guionista y director reside una vez más en la carga emotiva, el peculiar sentido del humor local, la reivindicación del costumbrismo y por sobre todo la ternura. El relato reflexiona sobre varias cuestiones como el paso del tiempo, la vejez, el cambio de época, la sustitución laboral, la relación padres e hijos, la compañía, la soledad, la vulnerabilidad de la tercera edad, la jubilación forzosa, la inseguridad inminente y por sobre todo la amistad.

A diferencia de la transposición cinematográfica I’m Not Rappaport (1996), la cual utiliza diversas locaciones además del Central Park, la presente película solo utiliza como locación el Parque Lezama, es decir que solo recurre a los medios indispensables para la narración. Aunque, por otro lado, esta cuestión a diferencia de la obra de teatro homónima -durante su temporada del 2014 en el Teatro Liceo- resulta algo estática, y por ende tiene menos dinamismo, por lo que se puede concluir que funciona mejor en el lenguaje teatral que cinematográfico.

Por último, las interpretaciones sublimes de Brandoni y Blanco vuelven a sorprendernos, en cada parlamento, en cada gesto, en cada entonación; ambos actores demuestran su inmensidad y gran capacidad de composición interpretativa. La picardía pintoresca de León (Brandoni), con sus relatos que son “alteraciones” necesarias porque “a veces la verdad queda un poco chica” demuestran que a veces una buena ficción quizás no sea real, pero si posee carga de verdad porque “la gente envejece, pero las ideas son jóvenes…”. Asimismo, la ternura, honestidad y encarnación física de Antonio (Blanco), representa cómo la sociedad tiende a ubicar en lugares subterráneos -como un sótano- a aquellos que no desean visibles.