
lunes 02 de febrero de 2026
Deepfaking Sam Altman (2025) es la crónica de un fracaso que, una vez consumado, da pie a algo distinto y por momentos muy interesante. Ocurre que su director, el norteamericano de origen indio Adam Bhala Lough, tenía pensado dedicar su nuevo largometraje a una larga entrevista con Sam Altman, el CEO y creador de la compañía detrás de ChatGPT, para abordar los efectos y posibilidades de la inteligencia artificial en el mundo moderno. El responsable de la serie documental Telemarketers, entre otros proyectos realizados durante más de dos décadas, tenía motivos para pensar que podía lograrlo, ya que a lo largo de su carrera entrevistó a personajes ligados a los usos políticos y culturales de la tecnología, con Julian Assange a la cabeza.
Pero no hubo caso: ni con varias decenas de mails ni horas de guardia en la puerta de la empresa consiguió destrabar la negativa, y para el día cien de espera los productores comenzaban a impacientarse y exigir resultados. Es entonces cuando Bhala Lough decide crear un “SamBot”, un alter ego digital basado en el rostro y la voz de un actor indio con rasgos similares a Altman, para que sea él quien responda el cuestionario. El gesto, más que un truco narrativo, funciona como una posible clave de lectura, a la vez que dialoga irónicamente con la propia lógica de la película: si no se puede acceder al poder real, si elige permanecer vedado, quizás se pueda acceder a su simulación
Estrenada en el reputado festival South by Southwest, Deepfaking Sam Altman registra el complejo derrotero del realizador hacia ese reemplazo imposible. El viaje a India —único país donde aceptaron crear esta interfaz—, el trabajo con técnicos y artistas locales y los roces constantes con los productores no solo aportan color, sino que revelan la ansiedad de un cineasta enfrentado a un sistema corporativo que se vuelve inalcanzable incluso para quienes buscan interrogarlo. A su regreso, la puesta a prueba del SamBot no clausura el fracaso inicial, sino que lo transforma en una reflexión sobre la imposibilidad de acceso, la opacidad del poder tecnológico y la inquietante facilidad con la que la ficción empieza a ocupar el lugar de lo real.








