Hay partidos que quedan como una marca. No por lo que se jugó, sino por lo que se sintió: entrar a una cancha con la ilusión de quedar en los registros del tenis y salir con la certeza de que enfrente había alguien que parecía pertenecer a otra especie deportiva.

Eso le pasó a Diego Hartfield cuando, hace exactamente 18 años, se cruzó con Roger Federer en la primera ronda del Abierto de Australia. El suizo era el número 1 del mundo y defendía el título. El argentino, oriundo de Misiones, un jugador talentoso que estuvo poco en el circuito grande, llegaba con el esfuerzo de abrirse camino en el circuito. El resultado fue tan contundente como rápido: Federer ganó 6-0, 6-3 y 6-0 en 74 minutos, cediendo apenas tres games.

Esa noche en Melbourne, Federer hizo lo que solía hacer en esos años cuando estaba fino, especialmente en las primeras rondas. No hubo suspenso, ni épica, ni zona gris. Hartfield intentó -como cualquiera- sostenerse del saque, rascar un par de errores, agarrarse a algún intercambio. Pero la distancia fue brutal.

Incluso las crónicas de aquel entonces aseguraban que el suizo arrastraba problemas en el estómago, y por eso no había jugado ningún torneo previo de preparación. El Gato, como le decían a Hartfield, se había ilusionado con aprovechar ese presunto bajón, pero la historia fue bien distinta.

Dieciocho años después, Hartfield volvió a recordar ese partido desde un lugar impensado entonces: hoy es diputado nacional por La Libertad Avanza en representación de Misiones.

«Hoy se cumplen 18 años de una de las cagadas a palos más tremendas de mi carrera, me sentí un nene de 8 años jugando contra un profesional. Cómo puede ser que un tipo que entrenaba probablemente las mismas horas que yo me haga sentir así tan inútil. Lindo momento, la vida no siempre es igual para todos pero lo importante es poder dar todo lo que tenemos y lograr nuestro máximo. La competencia siempre nos eleva, nos ayuda a ser nuestra mejor versión si lo aprovechamos. Igual esos 3 games lo hice cagar todo», escribió en un tuit que mezcló memoria deportiva, crudeza, humor y una reflexión sobre la competencia.

Lo que pocos recuerdan es que Federer y Hartfield ya habían jugado antes en un Grand Slam, y ahí la historia fue distinta. En Roland Garros 2006, en primera ronda, el argentino le hizo un partido mucho más incómodo al número uno del mundo: Federer ganó 7-5, 7-6 (2) y 6-2, con los dos primeros sets bien apretados.

Las trayectorias de los dos, antes y después de aquel cruce en Melbourne, siguieron caminos opuestos. Federer se mantuvo en la cima durante años y cerró su carrera con 103 títulos, entre ellos 20 Grand Slam. Hartfield, en cambio, convivió con las lesiones y en 2010, con 29 años, eligió retirarse del circuito. Trabajó un buen tiempo como agente productor de Bolsa en su ciudad, Oberá, hasta que se volcó a la política.

El 8 de junio de 2025, el extenista libertario resultó electo como legislador y su lista quedó en segundo puesto, detrás del oficialista Sebastián Macías.

Sin embargo, en vez de asumir el cargo, volvió a competir por una silla en el Congreso Nacional, la cual ganó en las elecciones de octubre. «Me siento muy orgulloso de formar un bloque de diputados que va a ser la primera minoría y que vamos a trabajar en un proceso histórico que va a llevar, de la mano del presidente Milei, a la Argentina a ser el país más libre del mundo», había escrito al asumir su banca.