
martes 13 de enero de 2026
Sin aliento (À bout de souffle, 1960) no es solo una obra cinematográfica, sino el gesto histórico que inauguró la modernidad en el cine y consolidó a Jean-Luc Godard como el estandarte de la Nouvelle Vague.
Su surgimiento se explica a través de un denso caldo de cultivo intelectual en la posguerra francesa, marcado por la filosofía existencialista de Sartre y Merleau-Ponty, el auge de los movimientos antiimperialistas y la labor crítica en la revista Cahiers du Cinéma. Bajo la tutela de André Bazin, Godard y sus contemporáneos intelectualizaron la actividad cinematográfica, rescatando figuras como Hitchcock y Welles bajo la «Teoría del Autor» para reivindicar el cine como una forma de arte personal y legítima.
Desde el punto de vista formal, la película representa una ruptura radical con el Modo de Representación Institucional o cine clásico. Al prescindir de un guion estructurado y optar por un equipo de trabajo reducido, Godard sacó la cámara a la calle, aprovechando la ligereza del formato 16 mm para filmar en espacios naturales y paisajes urbanos. Esta libertad técnica permitió una experimentación estética sin precedentes: el uso de la cámara en mano, la fragmentación del espacio-tiempo y la célebre ruptura de la cuarta pared —donde los personajes interpelan directamente al espectador—. Recursos que transformaron al filme en un constructo que se reconoce a sí mismo como ficción. Es, en palabras del autor, «cine real» porque no intenta ocultar su naturaleza de artificio.
Michel (Jean-Paul Belmondo) se define por su ambigüedad y opacidad, una marca distintiva de los personajes del cineasta. Seres ambulantes, caprichosos y perdidos cuyas motivaciones internas resultan inaccesibles incluso para ellos mismos. La acción no siempre busca una consecuencia lógica dentro de la trama, sino que se entrega a un registro de actuación lúdico y exterior, alejado del compromiso emocional orgánico. Este recurso convierte a la película en una herramienta de revolución política desde la forma audiovisual.
El legado de Sin aliento reside en su capacidad para cuestionar lo «real verdadero» a través de la experimentación constante. Al desarticular la narrativa tradicional e introducir elementos como la cita cinematográfica y la parodia de géneros, Godard creó una pieza fundamental de la vanguardia de los años sesenta, y estableció un lenguaje rupturista que sigue siendo la base de todo cine contemporáneo que se pretenda antisistema. La película permanece como el testimonio de un tiempo donde el arte se propuso transformar los medios de supervivencia en una nueva forma de pensar el mundo.







