
domingo 11 de enero de 2026
Ojalá me lo hubieras dicho (Sana Sinabi Mo, 2025), dirigida por Shaira Advincula, se activa a partir de una ausencia: la muerte de Otep, un hombre profundamente ligado a la comunidad religiosa filipina. Su hijo Seph, joven pastor formado en una fe rígida, enfrenta el duelo mientras ordena las pertenencias del padre. Es en ese gesto doméstico donde emerge el verdadero conflicto del film: una serie de cartas que revelan una relación amorosa secreta que Otep sostuvo durante años con otro hombre en España.
Ese hallazgo funciona como detonante emocional y espiritual. Advincula invierte una lógica frecuente del cine LGBTQIA+: no se trata de padres aprendiendo a aceptar a un hijo, sino de un hijo obligado a revisar sus creencias para comprender a su padre. La revelación no solo reconfigura el vínculo filial, sino que expone la violencia simbólica de un sistema que empuja a los hombres a ocultar su deseo para cumplir con mandatos familiares y religiosos.
Las cartas operan como archivo afectivo y puente narrativo. A través de ellas, el film reconstruye una vida vivida en silencio, donde el amor solo fue posible por correspondencia. Impulsado por la necesidad de completar ese relato incompleto, Seph viaja a España en busca del destinatario de esas cartas, intentando entender quién fue realmente su padre y qué lugar ocupó la fe en esa negación prolongada.
Formalmente, la alternancia entre Filipinas y España traduce estados internos más que contrastes geográficos. Sin embargo, el relato se apoya en una dramaturgia que recurre con frecuencia a lugares comunes del melodrama, con un registro cercano a la telenovela y momentos de sobreactuación. Esa elección debilita una propuesta que plantea preguntas relevantes sobre religión, herencia moral e identidad, pero que no siempre logra sostener su complejidad narrativa.







