Julián Díez

La enfermera jefe Dana le dice al doctor Robinovitch al final de un episodio: «En este hospital me han pegado, pateado, escupido, meado, hasta me han tirado heces. Quizá no me vuelva a pasar a mí, pero pasará. El mundo ha cambiado. La gente está enfadada. Salta a la primera. Y aquí seguimos, intentando ayudar». El equipo de urgencias del hospital del Pittsburgh Trauma Medical Center vuelve a enfrentarse desde el viernes 9 de enero a cualquier contratiempo imaginable.

Para dar a los espectadores de The Pitt la sensación de que, pese a todo lo que nos pasa hoy y lo que pase lo que pase en el futuro, todavía hay héroes cotidianos en los que confiar. Vencedora en los últimos premios Emmy, The Pitt lleva las series de televisión médicas a un escenario nuevo: el mundo post covid. Un tiempo quizá demasiado duro para que el espectador quiera complicarse con antihéroes o con villanos justificables.

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Confortan más la veloz concentración y los versátiles conocimientos del doctor Robby (Noah Wylie), la eficacia doliente del doctor Langdon (Patrick Ball), la empatía y paciencia de la doctora Mohan (Supriya Ganesh) o el talento puro de la estudiante Javadi (Shabana Azeez). Todos tienen sus defectos pero también la capacidad de sobreponerse a ellos por el bien común. No hay antagonistas entre ellos: lo son las circunstancias y secundarios pasajeros.

El equipo de The Pitt es la gente a la que quisiéramos encontrarnos cuando estemos en dificultades. Forman una familia sólo levemente disfuncional, lo bastante para dar algo de picante a sus relaciones, pero capaces de dejar todo atrás al instante para salvar a sus pacientes. Precisamente lo amplio de la galería de personajes fijos de la serie es uno de sus aciertos: diez actores forman el elenco principal (el doble de lo que es común), y otra docena larga aparecen en cada episodio con pequeñas características personales, con frases significativas.


Parte del elenco de The Pitt.


HBO MAX


Para que ello no resulte confuso, el casting ha optado por decisiones directas: el joven estudiante inseguro es un actor con cara de pipiolo, la meritoria con el colmillo un poco torcido tiene una mandíbula firme y decidida, la dinámica doctora divorciada con hijo lleva coleta y va sin maquillar. Todo muy obvio; todo funciona, y a los personajes se les reconoce a la hora escasa de acelerada trama.

The Pitt estrena segunda temporada un año después

The Pitt ha conseguido el éxito yendo a contracorriente en otros apartados. Frente a las series de ocho episodios por temporada que hoy son el estándar, tiene quince. El bajo presupuesto para los estándares actuales (un solo escenario, sólo un par de actores reconocibles) permitió ampliar el metraje, facilitando la identificación con los personajes y la sensación de agotadora jornada de tiempo real. Desde 24, hacía ya dos décadas, no existía otra serie de éxito en la que coincidiera la cronología narrativa y la del espectador a lo largo de toda una temporada.

Evidentemente, la serie de la que primariamente bebe The Pitt es Urgencias, que terminó en 2009 después de quince temporadas. Inicialmente, se quiso hacer un spin-off, algo imposible por las exigencias de la esposa del escritor Michael Crichton, creador de la original. El showrunner, R. Scott Gemmill, trabajó en ella, donde igualmente se dio a conocer Noah Wylie, que aquí ejerce también como productor ejecutivo y guionista. Wylie ha pasado en estas décadas de meritorio a referente. La seguridad en sí mismo que transmite se refleja no sólo en su capacidad para aguantar planos en instantes difíciles, sino por su generosidad al haber compartido el peso de la serie con ese elenco coral.


El doctor Frank Langdon interpretado por Patrick Ball.


HBO MAX


La segunda temporada de The Pitt llega un año exacto después de su estreno, mantiene el núcleo de personajes y, por lo que se ha podido conocer, también sus restantes características: el ritmo frenético con alivios contados, el movimiento nervioso y verosímil de la cámara, la crítica social por los recortes en sanidad y las imágenes médicas explícitas de una crudeza nunca vista en las grandes producciones televisivas.

Esperemos que también consiga amortiguar ese cierto buenismo que resulta ajeno al espectador español. Aquí nos conformaríamos al ir a urgencias con muchos menos que esos médicos tan carismáticos y sentidos, que dan conversación salpicada de chistes al interesarse por los sentimientos del paciente. Aunque con certeza en The Pitt les seguirán pasando cosas tremendas y súper extrañas a un ritmo que no se corresponde con la rutina real de asmáticos, esguinces y febriles.

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