
En Beneath Us All (2023), el director Harley Wallen recupera la figura del vampiro para insertarla en un contexto tan real como perturbador: el de una familia sustituta marcada por la violencia y la negligencia. El relato se desarrolla desde los márgenes, en una casa de acogida donde los afectos están corroídos y una adolescente se prepara para abandonar la tutela estatal al cumplir la mayoría de edad. Sin romanticismos ni golpes de efecto, la película construye una alegoría del desamparo y de lo que puede emerger cuando la indiferencia se convierte en norma.
Julie, interpretada por Angelina Danielle Cama, es el eje emocional de esta fábula gótica ambientada en un presente de vínculos rotos. En una caminata por el bosque, encuentra un colgante con simbología nórdica que despierta a Frey (Yan Birch), un antiguo guerrero vampírico, criatura de otro tiempo que encarna no solo la amenaza sobrenatural sino también una pulsión latente de violencia y desarraigo.
El monstruo, sin embargo, no proviene solo de lo mítico. El verdadero terror habita en lo cotidiano: Todd (Sean Whalen), figura paterna abusiva, y Janelle (Maria Olsen), ausente emocionalmente, encarnan un horror más reconocible. En ese juego de simetrías, el vampiro y los adultos se funden en una misma lógica: devorar lo que debían cuidar.
La atmósfera opresiva se construye sin alardes técnicos, pero con precisión. La fotografía brumosa, el uso deliberado de sombras y la puesta en escena de lo no dicho remiten al cine de monstruos clásico, aunque reformulado desde una perspectiva social. La amenaza externa se convierte en espejo del derrumbe interno: la infancia como territorio saqueado, el hogar como espacio de peligro.
El guion de Brett Miller opta por la insinuación antes que por la exposición. La evolución de Frey acompaña, como una sombra, la deriva emocional de Julie. La criatura no solo representa un peligro físico, sino que también actúa como proyección simbólica de un trauma acumulado, alimentado por años de abandono y silencio.
Harley Wallen dirige con sobriedad y conciencia de los límites de su propuesta, concentrando la fuerza del relato en el universo simbólico. Sin caer en la complacencia, el desenlace deja un eco persistente. Beneath Us All se inscribe así en una línea de cine independiente que apuesta por el terror como vehículo de denuncia emocional y social, capaz de incomodar más allá de lo fantástico.







