Con No soy yo (C’est pas moi, 2024), el director de Holy Motors (2012) y Annette (2021) realiza una obra godardiana que mezcla cine clásico con una crítica a los discursos de odio.

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«Work in progress» se lee al comienzo, marcando el carácter inacabado del documental-ensayo que veremos a continuación. Leos Carax aparece en escena y advierte que el proyecto surgió como un pedido para responder con imágenes a los discursos, en el marco de una muestra que finalmente nunca se concretó.

Pero también puede pensarse como un autorretrato del director y su filmografía, en el que fragmentos de películas clásicas —desde Chaplin hasta Hitchcock— circulan por la pantalla, intercalados con frases contundentes que expresan una visión crítica del estado actual del mundo. No faltan imágenes de Trump, Putin y Hitler, entre otras insinuaciones políticas presentes en el montaje.

Carax realiza un film político, en el que su visión del mundo se refuerza con fuerza en cada frase e imagen. Consciente de ello, el cineasta francés construye su deconstrucción audiovisual sin medias tintas. Como si se tratara de una especie de derivación experimental de El libro de imagen (Le Livre d’image, 2018) de Jean-Luc Godard, que también reflexionaba sobre la influencia de las imágenes en el mundo contemporáneo. 

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El resultado es un manifiesto visual que recorre grandes obras maestras del cine para, desde la potencia de sus imágenes, problematizar la vorágine de información audiovisual contemporánea, casi imposible de asimilar. Homenaje, autorreferencia y crítica social suceden con la misma intensidad, en los breves cuarenta minutos de duración.