
sábado 26 de abril de 2025
Estragos (Havoc, 2025) despliega todos los elementos clásicos del cine negro: policías corruptos hasta la médula, políticos tejiendo oscuras alianzas, la implacable maquinaria de la mafia china operando en las sombras, y en el centro de este torbellino, la magnética presencia de Tom Hardy, cuyo rostro parece ideado para encarnar la fatalidad.
Hardy interpreta a Walker, un detective marcado por un pasado que lo persigue como una sombra. Su turbio presente se complica aún más cuando el ambicioso candidato a la alcaldía de la ciudad, interpretado por Forest Whitaker, lo obliga a emprender una misión desesperada: rescatar a su hijo, quien se ha envuelto en el narcotráfico y es acechado tanto por policías corruptos como por la mafia asiática.
La violencia en Estragos no es un simple elemento decorativo, sino un espectáculo visceral ejecutado con la brutal precisión que define el cine de Gareth Evans. Cada impacto se siente, cada confrontación cala hondo en el espectador. Aunque la habilidad del director británico para orquestar escenas de acción es innegable (la secuencia de la discoteca resulta particularmente impresionante), se percibe en la película una falta de mayor sensibilidad en el desarrollo de personajes complejos. Esta carencia se ve compensada por la figura de Tom Hardy, quien con su sola presencia dota de matices una trama que explora los fantasmas de su pasado y su silenciosa búsqueda de redención, evocando su papeles en Los ilegales (Lawless, 2012), Leyenda: La profesión de la violencia (Legend, 2015) y Mad Max: Furia en el camino (Mad Max: Fury Road, 2015).
Estamos ante uno de esos relatos con personajes al límite, individuos acorralados que deben enfrentarse a decisiones trascendentales, elecciones que inevitablemente sellarán su destino y el de sus familias. La relación entre padres e hijos es el motor de una trama que impulsa temas universales como la traición y la lealtad, la posibilidad de redención y la inquebrantable búsqueda de dignidad en un mundo corrompido.
La violencia coreografiada se fusiona con un ritmo implacable, en un thriller que no da respiro al espectador. La atmósfera densa y amenazante nos recuerda constantemente que en este universo sombrío, donde la línea entre la ley y el crimen se difumina peligrosamente, la supervivencia es una batalla constante y la justicia, un espejismo esquivo.






