jueves 06 de marzo de 2025

Pablo César, reconocido por su estilo arriesgado y experimental, presenta en Después del final (2024) la historia de Gloria, alter ego de Luz Castillo, una artista que enfrenta el abandono y la enfermedad en los últimos años de su vida. Sin embargo, lejos de construir un relato atractivo, la película se convierte en un ejercicio sin sentido.

El principal problema del film radica en su falta de cohesión narrativa, ya que desde el primer acto introduce saltos temporales abruptos y escenas que carecen de una conexión clara. En lugar de un relato fluido, la película se desintegra en una serie de momentos inconexos que generan desconcierto.

La puesta en escena tampoco juega a su favor. Aunque César busca ofrecer una propuesta visual distintiva, el resultado es una estética anacrónica que, incluso en los años 80, ya se percibía desfasada.

El montaje errático, lejos de potenciar la atmósfera del relato, termina por restarle peso. Las secuencias se extienden más de lo necesario y muchas escenas carecen de un propósito narrativo definido, lo que provoca un ritmo irregular y agotador.

Otro de los aspectos más cuestionables es el manejo del tiempo, ya que en lugar de transiciones orgánicas, la historia se fragmenta sin una lógica clara, debilitando el drama de la protagonista.

Si bien es innegable que Pablo César busca innovar en su lenguaje cinematográfico, Después del final no logra sostenerse ni desde lo narrativo ni desde su propuesta visual. La película deja más interrogantes que certezas y se convierte en un ejercicio cinematográfico frustrante, carente de verdadero cine.