
miércoles 08 de enero de 2025
El desertor (The Vanishing Soldier, 2023), dirigida por Dani Rosenberg, se inspira en una experiencia personal del propio realizador, quien relata que, a los 18 años, huyó sin motivo alguno de un puesto de control que custodiaba mientras cumplía su servicio. Ese episodio fue el impulso revelador para crear el film.
Un buen día, y sin explicación aparente, un soldado israelí (Ido Tako), que cumple servicio en la frontera de Gaza, decide escapar del campo de batalla. Primero se esconde entre sus seres queridos, pero pronto descubre la claustrofobia de la ciudad de Tel Aviv. El espacio urbano, lejos de ser un hogar, se transforma en una prisión de cemento para el personaje principal.
A través de su joven protagonista, Rosenberg reflexiona sobre el sinsentido de la guerra: el miedo de los soldados y la indiferencia de la sociedad israelí. Vemos la cotidianidad de la ciudad, con sus restaurantes, discotecas y playas, en donde se naturalizan las alertas de atentados. En ocasiones, se escuchan frases de aliento por parte de los transeúntes para el soldado, que suenan más como una arenga vacía que como un apoyo genuino.
Resulta interesante el manejo del thriller en el film que estuvo en competencia en el festival de Locarno. La cámara, en constante movimiento, sigue al protagonista mientras huye corriendo, en bicicleta o automóvil por las calles. Cuando se esconde o desplaza de un lugar a otro, temeroso de ser descubierto. La tensión no se centra en los atentados de Hamas, sino en el temor del soldado a regresar al campo de batalla con su propio ejército. La ausencia de razones claras y la falta de apoyo emocional entran en conflicto con sus obligaciones. La guerra, siempre distante y mostrada a través de la televisión, se presenta como un conflicto externo que limita la libertad individual.
Es importante señalar que el servicio militar es obligatorio en Israel. Los jóvenes soldados deben cumplir esta obligación por ley, y en tiempos de conflicto bélico, como el que se vive actualmente (sin importar cuándo se lea esta reseña), están obligados a ponerse a disposición de su país.
El desertor es una de las pocas películas que reflexiona sobre el conflicto entre israelíes y palestinos desde la perspectiva de un joven soldado que no desea participar de la contienda bélica. Es precisamente en ese lugar donde su voluntad no importa (y donde parece no importarle a nadie) en donde el film pone su acento.







