jueves 21 de noviembre de 2024

La semilla de la higuera sagrada (The Seed of the Sacred Fig, 2024), cuyo tìtulo original es Dane-ye anjir-e ma’abed , transcurre en Teherán y se centra en la familia de un juez de instrucciòn encargado de sentenciar a pena de muerte a los detenidos por disturbios en su país.

Imán (Missagh Zareh) acaba de recibir un ascenso en el sistema judicial. Si bien este nuevo puesto le otorga mayor poder adquisitivo, también lo implica más directamente en el régimen y en sus condenas arbitrarias. A medida que avanza la trama, su accionar queda envuelto en la creciente paranoia generada por una revuelta social que pone en peligro a su esposa y a sus dos hijas (Soheila Golestani, Setareh Maleki y Mahsa Rostami).

El director iraní Mohammad Rasoulof (Un hombre íntegro, 2017) construye un thriller de denuncia social que reflexiona sobre el sentido de la justicia en Irán. Hacia el final, la película cambia el registro realista para adoptar la forma de una fábula que refuerza la lucha de las mujeres en ese contexto.

Uno de los aspectos más significativos del film es la opresión sufrida por la familia, que, si bien no es una víctima directa del régimen, se ve profundamente marcada por su participación en el sistema. El patriarca, único hombre de la casa, obedece los requisitos burocráticos de su empleo, pero a un costo personal elevado. A pesar de esto, el relato se construye desde el punto de vista de las mujeres de la casa. La esposa, inicialmente sumisa, comienza a rebelarse ante las demandas de sus hijas adolescentes, quienes están en pleno proceso de formación universitaria. Este despertar de las mujeres, simbolizado en el acto de «abrir los ojos» o «quitarse el velo» transmite las presiones físicas y psicológicas que ellas sufren.

Los videos de represión policial, que las hijas ven viralizados en sus teléfonos, constituyen su único contacto con el exterior: un mundo hostil que, al principio, les parece lejano hasta que descubren que el verdadero terror está mucho más cerca, puertas adentro.

La semilla de la higuera sagrada nunca menciona explícitamente la dictadura, pero a través de su lenguaje cinematográfico transmite con claridad la sensación de censura, represión hacia quienes piensan diferente y el constante peligro latente. Una crítica que se vuelve aún más contundente al destacar cómo las prácticas patriarcales perpetúan las lógicas dominantes mediante comportamientos que han sido naturalizados.

Con este film Mohammad Rasoulof, conocido por su crítica directa al régimen iraní y su situación de detenciòn y exilio, presenta una visión que va más allá de una denuncia directa al régimen: cuestiona la base misma de su perpetuación cultural.